¿Algo más?

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¿Algo más?
¿Algo más?

Era una de sus muletillas. Llevabas un ratillo hablando con él y… ¿algo más?

Así fue el P. Morales, Tomás Morales S.I. (1908-1994), un santo moderno (en nuestra humilde opinión, falta que lo confirme la Iglesia) con el que tuve el honor de trabajar, rezar y hablar muchísimas veces.

Sí, es algo que deja perplejo: ¿He vivido con un santo? Así es, he compartido vida con una persona que luchó por hacerse voluntad de Dios. Una persona normal, con sus vicios y virtudes, sus aciertos y sus errores, sus trabajos y sus hobbies, su salud y sus enfermedades…, una persona, en lo exterior, igual a todos sus contemporáneos, pero con un interior alimentado, fundamentado en el Amor.

No desaliñado en su porte pero tampoco exquisito: austero, como toda su persona. Práctico, eficaz, metódico, espiritual y dinámico. Serio y alegre. Circunspecto y de sonrisa fácil. Inhiesto, con visión limitada por la enfermedad, y mirada profunda agudizada por su espiritualidad asentada en una sólida formación académica, y potenciada por una intensa vida interior.

Cumplimiento perfecto del propio deber con aprovechamiento ejemplar del tiempo; fervor de espíritu y tendencia a dejarlo todo por Dios si las circunstancias lo requerían. Santo viviente que interpela a los que le rodean.

Estamos acostumbrados a convivir con santos de altares, que están en las hornacinas, dulces y tranquilos; no molestan. Pero vivir con un santo de carne y hueso suele resultar incómodo porque con su constante luchar por parecerse a su Maestro, se hacen contemplativos en la acción. Rezan y, por lo mismo, se complican la vida: santa Teresa de Jesús, san Juan Bosco, san Ignacio de Loyola, y un largo etc.

Espíritu combativo es uno de los calificativos con el que se puede describir al P. Morales. Largas horas de oración —el sol siempre calienta— le impulsaban a un sinfín de obras y actividades. Y, además, contagiaba esa combatividad a los que le rodeaban, como dejó plasmado en sus libros: Laicos en marcha y Hora de los laicos.

Laicos en marcha es una pedagogía práctica de formación de hombres, una pastoral eficaz y realista de lanzamiento de laicos con inquietud misionera de conquista ecuménica (Presentación 1967. pág. 10).

Hora de los laicos. Esta obra constituye una vigorosa reflexión de carácter teórico-práctico sobe la vocación y misión de los laicos en la Iglesia. La escribió el P. Tomás Morales en la plenitud de su vida (tenía 75 años), contando con una dilatada experiencia. Sabía de lo hablaba (Nota introductoria. 2003 pág. 15).

Contemplación y acción, otra seña de identidad. Era acabar un retiro espiritual, veinticuatro horas de cultivo espiritual, y te lanzaba a la acción en la reunión conclusiva con la que terminaba el retiro.

Siempre acogedor, receptivo, dinámico, sonriente, que después de escuchar, acoger y proponer, te dejaba lleno de paz y preparado en la pista de despegue con su famoso: ¿algo más?