Antonia Lynn: de diaconisa anglicana a católica evangelizadora

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Antonia Lynn
Antonia Lynn

Antonia Lynn creció en una familia anglicana no practicante, y la fe no tenía relevancia en su infancia. Después, de adolescente madura y adulta joven, descubrió la fe y fue una anglicana practicante y entusiasmada, que realizó sus estudios de latín y griego en la Universidad de Cambridge, y después de teología, siempre con ganas de compartir su creencia viva.

Después de terminar la universidad, su párroco anglicano la animó a explorar la posibilidad de ser diaconisa, que por aquel entonces era un ministerio laical en el anglicanismo británico, y ella aceptó.

Diaconisa anglicana

Demos la palabra a Antonia:

Fui admitida en el Orden de las Diaconisas —un ministerio laical— de la Iglesia de Inglaterra en 1984 y admitida para ser ordenada como Diácono Permanente cuando la ley cambió en 1987. Como diaconisa trabajaba con el clero parroquial: podía predicar, ayudar en la eucaristía, celebrar funerales, llevar la comunión a los enfermos y hacer trabajo pastoral y catequético. Mi experiencia —en otras parroquias quizá era distinto— es que un diácono anglicano por lo general hace lo mismo que uno católico.

Su conversión

A poco de empezar su ministerio como diaconisa, incomprensiblemente se apuntó a una tanda de ejercicios espirituales ignacianos. Y eso marcó el inicio del cambió de su vida. Fue, dice ella:

Un tiempo fuerte que pasé con Dios. A punto tal que deseé profundizar en mi formación ignaciana; quería saber más. Realicé, pues, los ejercicios espirituales completos, la tanda de mes. Toda una experiencia que hace cambiar la vida. Lo que más me atraía era la profundidad de la oración que experimentaba, una nueva relación con Cristo, más intensa, que inundaba mi predicación, todo mi ministerio. Pronto aprendí que la espiritualidad ignaciana trata de la contemplación en la acción, como dice nuestro papa Francisco, jesuita: «misión, misión, misión». Trata del ser libre y estar enamorado de Cristo para trabajar con él en la construcción del Reino de amor de Dios. Trata de encontrar a Dios en todas las cosas y saber que Dios tiene un sueño y una llamada para cada uno. Ahora, uno de mis grandes privilegios en mi trabajo es acompañar a otros a través de ejercicios espirituales en la vida diaria y ver cómo ellos descubren todo esto por sí mismos.

Este descubrimiento la llevó a su conversión al catolicismo en el año 2000. Acerca de este paso confiesa:

Lo que me ayudó personalmente fue hablar con personas que se habían hecho católicas y leer sus testimonios. Sobre todo, aprecié el apoyo de mi director espiritual y de amigos cristianos sabios, que me ayudaron a discernir sin imponer su visión. Creo que lo más importante es orar: pedir a Dios que te ayude a ver si tienes un deseo profundo en tu corazón de ser parte de la Iglesia universal, en comunión con la sede de Pedro, y ver si ese deseo es más fuerte que lo que te impide cambiar.

Hoy Antonia, como experta en los ejercicios de san Ignacio, los imparte en distinto grado a católicos y protestantes en Inglaterra, y hasta a luteranos en Suecia, que visita a menudo.

Reacciones de los amigos

El cambio al catolicismo asombró a algunas personas de su entorno, aunque no a todas.

Mis padres vivían ambos cuando fui recibida en la Iglesia católica; creo que estaban un poco tristes y preocupados porque dejaba la seguridad de lo que veían como un trabajo seguro en la Iglesia anglicana, pero no creo que estuvieran muy sorprendidos. Espero que entendieran que yo seguía mi corazón y mi conciencia.

Algunas de mis relaciones anglicanas reaccionaron con bastante contundencia: aún hay mucho sentimiento anticatólico en Inglaterra, fruto de la historia del país, creo. Cuando alguien deja su comunidad cristiana para hacerse católico, debe tener en cuenta que perderá algunos amigos en el proceso, y me consta por otros conversos. San John Henry Newman dijo que nunca somos realmente perdonados por aquellos a los que dejamos. Pero a mí me emocionaron los buenos deseos de muchos amigos verdaderos, que, aunque no compartían mis convicciones ni entendían mis razones, fueron capaces de compartir mi gozo.

Acerca de la Iglesia anglicana

Es interesante lo que Antonia expone acerca de la Iglesia anglicana. Ya en su juventud, a poco de empezar a profundizar en la fe cristiana, le asombró que hubiera tantos desacuerdos doctrinales entre cristianos. Después llegó a desagradarle que en ellos se gastasen tantas energías. Dice así:

Se ha dicho que la Iglesia anglicana es una iglesia dirigida por un club de debates. Quizá suene poco amable, pero tiene parte de verdad. La Iglesia anglicana nunca ha declarado tener una doctrina propia, sino que decía seguir la enseñanza histórica de la Iglesia universal. Pero la realidad es que los temas de doctrina se deciden o cambian por votaciones, sin importarles los obstáculos que eso cause a la unidad cristiana por la que Jesús oraba. Un ejemplo es la decisión de la Iglesia de Inglaterra de ordenar mujeres como sacerdotes, y ahora como obispos. San Juan Pablo II ya señaló que ni siquiera la Iglesia católica tiene derecho a hacer ese cambio.

Me entristece la división y el dolor continuo que traerá la reciente innovación de las mujeres obispo, y rezo por mis amigos anglicanos, por los que se felicitan por tal decisión, y por los que lo lamentan.

Acerca de la Iglesia católica

Para Antonia el papel del papa es importante.

El papa es el vicario de Cristo en la Tierra y ha recibido gracia del Espíritu Santo para proteger el Magisterio, es decir, para proclamar lo que ha sido creído «por todos, siempre y en todas partes», por citar a san Vicente de Lerins, frente a los retos de cada generación. A un amigo no católico, le explicaría que, pese a nuestros desacuerdos, los católicos nos mantenemos unidos por la fe y por nuestra relación con nuestro santo padre. Esto es algo que nunca entendí de verdad antes de hacerme católica.

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