Del 19 al 25 de julio ha tenido lugar en Lardero (La Rioja) el Foro Universitario de Verano (FORUNIVER) 2024, que llevaba por título: «Aprender a mirar para aprender a vivir. Santiago Arellano in memoriam».
Ha sido un gozoso encuentro de amistad en el que diversos ponentes —asiduos a estas aulas y amigos todos ellos de quien fuera alma de estos encuentros— reflexionando sobre los ámbitos de la cultura y de la vida a los que Santiago Arellano se dedicó, nos ayudaron a recordarle y rendirle homenaje.
José Manuel Almuzara y Etsuro Sotoo comentan en su precioso libro De la piedra al maestro que «tenemos que mirar donde mira Gaudí». En esta frase resumen la fecunda experiencia que ambos atesoran de la obra y la vida del «arquitecto de Dios», cuya beatificación se intuye ya cercana. Lo mismo podemos decir de lo acontecido en el Foruniver. Nos propusimos ahondar en la personalidad y el magisterio de Santiago, «maestro de la mirada», y todos los participantes experimentamos de manera palpable que, mucho más que «mirar a Santiago», hemos aprendido también a «mirar a Quien él miraba».
En efecto, «mirar donde miraba Gaudí» y donde miraba Santiago nos ha hecho mejores, ha servido para estrechar vínculos de amistad y afanes comunes. En la sesión de conclusiones era unánime y palpable el gozo y la gratitud por lo vivido en estos días.
Se dedicó cada día a reflexionar sobre un aspecto de aquellos en los que Santiago tuvo una aportación más significativa. El primero fue la educación. Para ello contamos el primer día con José Iribas, exconsejero de Educación del Gobierno de Navarra y Mª Carmen González Torres, profesora titular de Psicología de la Educación en la Universidad de Navarra, así como con Juan Antonio Gómez Trinidad, exdirector general de Educación del Gobierno de la Rioja y exvicepresidente del Consejo Escolar del Estado. La educación, insistieron desde diferentes ángulos, es un compromiso ético, porque es darse a uno mismo por el bien del hijo, del alumno, del discípulo. Tomando una expresión de Daniel Pennac, Gómez Trinidad recordó que la esencia de la educación es el amor, entendido como entrega esmerada, generosa.
Todos destacaron la figura central del maestro: «Te miraba y te hacía sentirte único», evocó en su exposición la profesora González Torres quien, basada en investigaciones contrastadas y en luminosos ejemplos, disertó acerca del «poder sanador (educador)» de las Humanidades. Los tres ponentes insistieron unánimes en ir a la raíz de la educación, más allá de los problemas, atendiendo a lo nuclear del ser humano y buscando su excelencia.
La raíz de todo
Santiago fue una persona que buscó y cultivó la excelencia en todos los ámbitos de la vida en los que intervenía: educación, política, literatura, arte, amistad, la vida de familia… Quienes le conocimos más de cerca sabíamos muy bien que la raíz de su entrega magnánima y luminosa estaba en su profunda vida de fe. Hizo suya la fe recibida de sus mayores y la cultivó con esmero y creatividad para legarla a su vez a sus hijos y nietos, a sus amigos, discípulos y compañeros. Fernando Carbajo, catedrático de filosofía y amigo cercano, evocó de la mano de Santiago las exigencias y frutos de la santidad laical y la triple condición del bautizado: sacerdote, profeta y rey. No hay dos viñas —templo y ciudad— para el cristiano, distintas y separadas; en ambas ha de ofrecer obras y tareas cotidianas, realizadas con competencia y esmero; las alegrías y tristezas, el conocimiento del mundo y sus leyes, realzando la dignidad de toda persona, imagen de Dios, y colaborando con el creador en el perfeccionamiento de la creación.
Los caminos de la belleza y la amistad
Central en la vida y el magisterio de Santiago fue la búsqueda de la belleza, que entendía, igual que Tomás de Aquino y Antonio Gaudí, como «esplendor de la verdad». Gaudí era sin duda uno de sus más claros referentes estéticos; y como él, pensaba que el arte consiste en hacer visible lo invisible y constituye una vía privilegiada hacia el encuentro con Dios. Así nos lo hizo ver uno de los mejores conocedores de la obra y de la vida del «arquitecto de Dios», y gran amigo de Santiago, José Manuel Almuzara.
Un momento muy especial del Encuentro fue la aportación de la pianista navarra Sara Tabuenca, que interpretó a la compositora japonesa Yoko Suzuky en homenaje a Gaudí, bajo el título Fuente de Luz, así como otras piezas aderezadas con poemas de Santiago Arellano.
Foruniver es asimismo una ocasión para la convivencia y la amistad, tejidas con el cuidado de los pequeños detalles, la servicialidad, la conversación afable y sin prisa… Un día especialmente propicio para ello fue el dedicado a visitar San Millán de la Cogolla, donde Almudena Martínez, coordinadora de la Fundación San Millán, nos habló de «los primeros vagidos» de la lengua castellana, acunada por la vida monástica en este lugar. A su vez, el escritor José Ramón Ayllón evocó con pasión el origen y el auge de la cristiandad medieval. Visitamos seguidamente el Monasterio de Suso y unas bodegas riojanas donde compartimos el buen yantar.
Santiago Arellano hizo también una significativa contribución a la vida política. Por ello volvimos a contar con José Iribas y Juan Antonio Gómez Trinidad para tratar de la política como servicio y del papel de los católicos en este ámbito. Ni que decir tiene que el tema suscitó el mayor interés dados los tiempos presentes, en los que la centralidad de la persona y la búsqueda del bien común brillan por su ausencia en la cosa pública. Sin duda, la política es hoy una acuciante tierra de misión.
El último día sirvió de síntesis y valoración de lo vivido en el encuentro. Recordamos a Santiago como «maestro de la mirada» y compartimos impresiones. La pasión por la Verdad, el Bien y la Belleza se ha hecho vínculo efectivo incluso para quienes acudían por vez primera.
Con palabras del propio Santiago, que glosan un sugerente cuadro de Rob Gonsalves: «Cada uno de nosotros, en nuestros grupos, en familia, entre amigos, tenemos que levantarnos, alzarnos a lo alto, para descubrir y admirar nuevos horizontes y salir del ensimismamiento que nos aboca al tedio y a una ciega huida hacia adelante. Porque existe un camino, hay horizontes de esperanza».







