Aprender a mirar para aprender a vivir

Memorias literarias de un profesor católico

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Aprender a mirar para aprender a vivir
Aprender a mirar para aprender a vivir

Hace tiempo que deseaba encontrar una buena ocasión para presentar este excelente libro. Más allá de la bendita movida de jóvenes procedentes de todo el mundo, incluso si vienen a encontrarse con el «dulce Cristo en la tierra» que es el papa, si algo hay de esencial en la juventud es que es «el» momento adecuado para aprender a vivir. Y por eso, en el marco de la JMJ Lisboa 2023, reseñar este libro esencial de un maestro de vida como es Santiago Arellano no me parece fuera de lugar sino todo lo contrario.

En esta obra se destila vida y saber: un saber vivido que orienta nuestra mirada para aprender a vivir, como dice su título. Se trata también de unas «memorias» sui generis. Las confesiones y confidencias que aquí y allá deja caer el autor se entrelazan con una riquísima selección de textos y poemas que comenta con hondura y amenidad, con una visión profunda y trascendente, y con buen humor, un humor inteligente y genial. Las vivencias se entremezclan de este modo con jugosas reflexiones acerca de la belleza, la literatura, la educación, la fe, la libertad, el pecado, la felicidad, el amor… Humanismo del bueno y en vena.

Muy preocupado por cuánto la sociedad actual y la formación escolar y académica han olvidado la educación en la belleza, Santiago Arellano ha querido plasmar en estas «memorias» el modo en que la literatura se convirtió para él en un encuentro prodigioso con el gozo resplandeciente de lo real; encuentro que él se esforzó en transmitir a sus alumnos, buscando siempre afanosamente hacerles crecer en el hallazgo de una belleza encerrada en el esplendor de una forma —en este caso, la palabra— que cobija una verdad.

Esta obra nos muestra el modo en que la literatura se hace fuente de gozo personal y lección de vida. La literatura y el arte en general nos enseñan a compartir nuestra vida con otros, a discernir el propio ser y a amar; nos revelan los peligros que nos acechan; y nos ayudan a descubrir el sentido de la muerte y de la vida.

Es la reflexión que, al culminar su vida tan intensa, tan laboriosa, tan fecunda, se esmera el autor en dejar como un legado que pretende al mismo tiempo ser simiente, invitación a vivir en plenitud.

Se deja ver en todo ello una interior preocupación: el olvido de Dios que ha llevado a nuestra civilización al menosprecio del hombre, a la desorientación y a la tristeza. Y, al mismo tiempo, la fuerza interior de quien habla, sobre todo, desde su experiencia de la fe y de la vida; de quien conoce el camino recorrido, como otro Dante, y busca darse y guiar a quienes lo deseen hasta el conocimiento del «Amor que mueve el sol y las demás estrellas».

Hallarán aquí gran provecho los educadores, los padres, aquellos jóvenes que no se resignen al chunda-chunda y al tik-tok, al vértigo queer, al servilismo de la moda y del poder dominante, y al aburrimiento; todos aquellos que buscan algo que llene de sentido y de gozo sus vidas, que merezca la pena y no defraude.


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