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title: "Basida: solidaridad práctica"
description: "Por Jesús García Basida cambió nuestras vidas Basida es la casa de la solidaridad hecha palabra, hecha obra, hecha carne. Por ello, para ponernos en contexto y llegar a comprender las maravillas..."
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date: 2018-08-01
modified: 2023-02-28
author: "y otros autores"
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categories: ["Acoger, aportar y compartir", "Primera plana"]
tags: ["Revista nº 311"]
type: post
lang: es
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# Basida: solidaridad práctica

**Por Jesús García**

## Basida cambió nuestras vidas

Basida es la casa de la
solidaridad hecha palabra, hecha obra, hecha carne. Por ello, para ponernos en
contexto y llegar a comprender las maravillas que engloban los testimonios que
presentamos a continuación, es necesario conocer un poco su historia tal y como
ellos —los fundadores— la describen:

*Todo empezó con un grupo de jóvenes de una parroquia de Aranjuez que decidimos dejar nuestras familias, nuestro trabajo, y dar un paso movidos por un intento, un deseo de ser coherentes con el Evangelio. La idea era crear casas de acogida para atender a todas esas personas que, por la enfermedad del SIDA, por el problema de la droga, estaban viviendo una situación en la que iban a morir en condiciones de abandono, de soledad en hospitales sin el apoyo de la familia, por todo el miedo que suponía en aquel momento la enfermedad. Estamos hablando de hace 25 años.*

*El sueño comenzó en la niñez con la idea de dedicarme a los demás y de compartir mi vida con otra gente. Es cierto que cuando les contaba a mis amigos de entonces esta historia, me decían que eran castillos en el aire, algo utópico e imposible; pero yo hoy puedo decir que esa utopía es realidad.*

*Nosotros queríamos dedicar nuestra vida a los demás.*

Objetivamente, esto es Basida. Y lo que viene a continuación es lo que Basida ha obrado en cada una de nuestras vidas (Grupo JPII):

!(https://revistaestar.es/wp-content/uploads/2018/08/Basida-1.jpg)*Basida 1*

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## Bienaventurados los misericordiosos

Hace unos seis años que
fui por primera vez a Basida. Fue en unas convivencias del grupo Juan Pablo II,
en las que yo aterrizaba por primera vez. Siempre había hecho voluntariado,
pero lo que vi en la casa de BASIDA, no lo había visto nunca.

De lo que más me
acuerdo es de ver a gente sonreír. Gente que había dejado todo lo que tenía, y
se había ido a dar su vida por los demás. Yo veía que eran felices. Tenían una
vida que consistía en estar atentos al prójimo para hacer todo lo posible por
cada uno de los residentes. Sin descansos, sin tiempos muertos, sin perezas,
sin quejas…

También me
acuerdo de los residentes, la otra parte de la casa, que tanto habían sufrido
durante su vida por diferentes problemas de salud, de adicciones, de excesos…
No tenían nada. Lo habían perdido todo, y estaban en una situación que sería
calificada como miserable. Y también eran felices. Después de esa semana de
voluntariado, me fui a casa con algo que me removía el corazón.

Tres años después, volví a la misma casa durante
algo más de un mes. Pude ver la vida de esa casa durante mucho más tiempo. Y
seguían igual: felices, entregados, incondicionales a ese amor que les unía a
todos. Durante ese mes, pude digerir totalmente el verdadero sentido del
altruismo, el verdadero significado del prójimo y la realidad de lo que es el
amor.

Me acuerdo de
todos los residentes, a los que ibas a ayudar, y ellos eran capaces de ayudarte
a ti, dándote las gracias por estar ahí en cada momento, regalándote una
sonrisa cada vez que les ayudabas a algo. Esas sonrisas de ser felices de
verdad. Esas sonrisas de haber encontrado la verdad. Como dice el versículo de
la biblia: Encontraréis la verdad, y la verdad os hará
libres (Jn 8,32). Así, personas que habían sido prisioneras de las
drogas, del sexo, de las malas influencias durante toda su vida, ahora son
libres.

Me acuerdo
también de los que están en esa casa dándose a los demás. Siendo el cambio que
este mundo necesita. Dejando de lado toda su vida, para entregarla por aquellos
que más lo necesitan. BASIDA es la casa de los fieles al Deja
todo lo que tienes y sígueme, de los que visten al que está desnudo, de
los misericordiosos que alcanzarán misericordia.

**Nicolás B.**

!(https://revistaestar.es/wp-content/uploads/2018/08/Basida-3-1024x683.jpg)*Basida 3*

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## Acoger, aportar, compartir

En febrero de 2017,
llegué a la casa de Basida de Navahondilla. Durante los siguientes meses acudía
casi semanalmente para echar una mano hasta que acabó el curso.

Se dice que la
caridad es «la médula de toda fe cristiana». La fe cristiana de la comunidad,
de Paloma, Rafa y Elena, es la médula y el motor del trabajo de cada día en la
casa. Así, la solidaridad se expande en tres direcciones: acoge,
aporta y comparte. Y así es Basida.

Acoge a enfermos como Isa, María,
Rai o Juanito, que necesitan ayuda con la ducha, para moverse, e incluso
algunos para comer. En la casa también viven niños como Sami, Samuel, Juan o
Fali, que necesitan ayuda para hacer los deberes. Todos los días hay que ayudar
en el gimnasio, en la cocina, en la limpieza… Trabajo no falta. Y eso es un
poco lo que hice yo cuando estuve. Acogen también a un montón de voluntarios;
da igual la edad que tengas, el país del que vengas o en qué situación vayas,
que serás bienvenido.

Basida aporta una forma distinta de ver las limitaciones y los
problemas. Si en vez de mirarnos el ombligo, de ahogarnos en un vaso de agua
con nuestros problemas, echamos una mano en la casa (en la vida) y ayudamos a
los demás, parece que estos se hacen más pequeños. Así, en la casa cada uno
aporta lo que puede, dentro de sus posibilidades.

Por último, en
Basida se comparte, no sólo lo material sino también
los ratos de las comidas, de piscina en verano, o de bingo. Recuerdo con
especial cariño el taller de baile de los lunes.

Para mí fue una
gran experiencia que me marcó, me enseñó, me aportó y que quiero compartir. Es
muy fácil hablar de las injusticias o de la falta de solidaridad. Lo difícil es
pasar a la acción. Esta casa pone su granito de arena para, entre todos y poco
a poco, construir un mundo más solidario.

**María V.**

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**Cachito de cielo**

Cachito de cielo es la
expresión que utilizo cada vez que se habla de Basida a mi alrededor. Es, junto
con el mes de misiones en Perú, la experiencia de entrega que más ha tocado y
cambiado mi vida. Por eso, siempre que se habla de la casa de Basida, trato de
explicar las maravillas que esta casa ha hecho en mí.

Y, cachito de cielo, porque esta casa representa
el cielo en la Tierra. Allí se vive paz, aun con todo el sufrimiento que la
casa tiene en su interior; y en un ambiente de entrega, pues todos (incluidos
los peques o residentes de la casa) están en disposición de ayudar a su
compañero de «piso».

Un día le
preguntaba a Rafa (responsable de la casa de Navahondilla): ¿cómo es posible
que personas que sufren tanto levanten la mirada y se pongan a ayudar a
personas que están igual o peor que ellos? Humanamente, no tiene sentido y es
inverosímil. Cuando sufrimos, el ser humano tiende a encerrarse en sí mismo y
olvidarse de lo que hay a su alrededor. Sus problemas son lo más importante y
el sufrimiento del resto siempre será menor en términos graduales.

Su contestación
era que no lo sabía, pero me dio dos motivos que quizás sí responden a esta
realidad: era algo natural que la casa había ido desarrollando y que las que
las personas que se van incorporando adquieren con cierta naturalidad. Es
decir, un ambiente preparado para el servicio y el olvido constante de los
problemas personales. Y en segundo lugar, porque Dios estaba y guiaba esa casa
todos los días. Él es así y por tanto, va haciendo su obra tal y como él es.

Y yo me
pregunto, ¿quién no quiere vivir así toda su vida? Esta fue la gran pregunta y
por su puesto su respuesta (un sí rotundo) que me llevo de esta casa y que
trato que guíe toda mi vida en cada cosa que hago. Esta es, siguiendo el
ejemplo de Basida, la forma de vivir del cristiano y a la que todos estamos
llamados.

Este verano el
grupo universitario de la Milicia vuelve a la casa. Ojalá lleguen a descubrir
la grandeza de esta casa y marque toda su vida, como impactó en la del grupo de
jóvenes que hace años fuimos por primera vez y que seguimos considerando como
una parte fundamental de nuestra vida.

**Jesús G.**

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## Dejarse
sorprender por Dios

El verano pasado fue la
primera vez que visité Basida. Iba porque me tocaba; de hecho no quería ir.
Participaba en un campamento en el cual hacíamos misiones y elegí Rescatar (en
abortorios) e ir a hospitales y pedí, por favor, que no me tocara Basida…,
pero Dios sabe lo que hace, así que me tocó un día en cada sitio.

Fui a Basida
enfurruñada sin ganas de nada, solo quería que estuvieran los niños de la casa
de los que me habían hablado otros compañeros y así, poder bañarme en la
piscina con ellos (era la misión más fácil)… Pero llegué y los niños se
habían ido de campamento, así que me tocó otro «déjate sorprender».

Una vez allí me
fui con Antonio a limpiar un gallinero y convertirlo en su actual taller de
pintura. Sin duda, que ese día cambió mi forma de ver la casa. Al final de la
mañana (llena de lodo, estiércol, sudor, rasguños, agujetas) estaba feliz con
una sonrisa de oreja a oreja. No me dolía nada y además, sabía que no quería
salir de aquel lugar.

A las dos
semanas de estar en Basida, el Señor me dio otra oportunidad para volver y allí
que fui de cabeza, está vez abierta a lo que viniera. Me tocó hacer de todo,
desde cosas que yo no hubiera imaginado hacer jamás, hasta estar con los niños.

Para mí fue una
motivación y un ejemplo ver cómo los residentes de la casa, a pesar de todas
sus debilidades y su falta de capacidades, se ayudaban entre sí. Abuelitas que
te ofrecen su propia ayuda; acompañar a una mujer de 86 años cuando se levanta
y se arregla poniéndose sus pendientes y collares (y que te hace volver a por
ellos si se le ha olvidado), mientras te cuenta su historia y cómo lucha por
seguir adelante; estar con personas que con solo mirarte te lo dicen todo; el
simple hecho de escuchar batallitas de la guerra civil…

Estar en Basida
fue —y es— un regalo muy grande. Uno descubre que no hace falta irse a otro
continente para poder ayudar. Puedes hacerlo aquí y, además, sentir que te
ayudan a ti también. Y todo esto, a tan solo dos horas de tu casa.

Basida es un
lugar, del que puede que jamás hayas oído hablar antes; pero al que, sin
ninguna duda, merece la pena ir y vivir en primera línea.

**Nerea de L.**
