Belleza y verdad

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La Pasión. (Detalle), autor: José Miguel de la Peña
La Pasión. (Detalle), autor: José Miguel de la Peña

Por José Miguel de la Peña

Escribir este artículo sobre «la belleza y el arte», supone para mí una doble dificultad, por un lado, la de expresarme con el lenguaje escrito y no con el gráfico, al que, como artista, estoy acostumbrado, y por otro, por la variabilidad que el concepto de belleza ha sufrido a lo largo de la historia del arte.

Habitualmente se ha considerado la belleza como el atributo que reconocemos en lo bello. Como tal, algunas de las cualidades que tradicionalmente se han concedido a lo bello son la armonía, la proporción, la simetría y la perfección. Estas características, junto a una serie de cánones estéticos que comenzaron a establecerse en las épocas clásicas de Grecia y Roma, y que tuvieron su máximo apogeo durante el Renacimiento, intentaban configurar un mundo ordenado, proporcionado y sereno. La receta se mantuvo válida casi hasta el siglo XX, pero cambiaría radicalmente con la llegada de las vanguardias.

Ya a finales del siglo XIX, el poeta francés Arthur Rimbaud escribía:

Una noche, senté a la belleza en mis rodillas,
y la encontré amarga.
Y la injurié.

El escritor supo ver y anticipar la llegada de los conflictos bélicos que azotarían a Europa durante el siglo venidero con sus catastróficas consecuencias, y cambios en todos los ámbitos, también en el arte.

En 1915 un grupo de artistas, los llamados Dadaístas, deciden, como protesta, hacer un arte deliberadamente antiestético, un arte que desterrase de sus principios la belleza.

Picasso pintó el Guernica como una acusación por los males de la guerra. Casi por vez primera en la historia del arte, el autor pretendía que su obra fuese intelectualmente bella, pero no físicamente bella.

El filósofo del arte Arthur C. Danto (Michigan, 1924), en su obra El abuso de la belleza, sostiene que, para una obra de arte contemporáneo, la belleza es una especie de delito estético, y que lo relevante en este arte no es tanto lo estético como el significado de la obra.

El profesor Julio del Valle (Departamento de Humanidades de la PUCP) piensa que la belleza no ha desaparecido, sino que ha migrado, que se ha desplazado del arte, como expresión de lo bello, a la publicidad, al diseño y al mundo cotidiano y de consumo.

Entonces, ¿ha desaparecido la belleza en el arte contemporáneo?

Yo no lo creo así, más bien, coincido con el pensamiento del gran pintor realista Antonio López García (Tomelloso, Ciudad Real, 1936), quien considera que la belleza de la obra artística no se debe únicamente a su valor intelectual, estético o simbólico, sino que, sobre todo, es consecuencia de la verdad que encierra, entendiendo como verdadero aquello que transciende y que representa la esencia del ser.

Belleza y Verdad son reflejo de lo sublime y destello del Espíritu de Dios en la Creación.