Catautor católico por vocación

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José Miguel Seguido
José Miguel Seguido

Por José Miguel Seguido

Mi nombre completo es José Miguel Álvarez Seguido —José Miguel Seguido—. Actualmente tengo 48 años, estoy felizmente casado con mi esposa Paqui, y somos padres de dos hijos en la tierra y dos en el cielo.

Soy maestro de primaria en un colegio de las Hijas de la Caridad, catequista, colaborador en el coro y, finalmente, cantautor de música católica por vocación desde que tengo uso de razón.

Me piden que cuente, desde mi experiencia, cómo me ha enriquecido y —en qué medida he podido enriquecer a los demás— a través de esta última faceta de mi vida que anteriormente mencionaba, la de cantautor y músico cristiano.

Solo puedo tener palabras de agradecimiento para nuestro Padre del cielo, quien escogió a un humilde niño, de un pueblo de La Mancha, para ir un poco más allá de la participación en el coro de la parroquia, más allá de la orquesta de ferias en la que trabajó de muy joven; para evangelizar a través de la música; para la predicación ad gentes de la buena noticia del Evangelio y de la bondad de un Jesús que, por medio de su santísima madre María, quiere hacernos felices, quiere derramar su misericordia sobre nosotros.

El Señor tiene mucha paciencia con nosotros, a veces empeñados en planes personales que distan mucho de los suyos. Pero él, sapientísimo, sabe esperar y ponernos los acontecimientos necesarios en nuestra vida para reconducirnos por el de su santa voluntad. Yo no fui una excepción, así que cuando tenía unos 20 años decidí marchar a Madrid a «buscarme la vida como cantante de música romántica (siempre con mis principios y formación cristiana que debo agradecer inmensamente a mis padres, párrocos y catequistas), y cantando mis primeras canciones de corte cristiano solo en la Iglesia, nada de públicamente, no por pudor ni miedo, sino porque yo aspiraba a algo más: triunfar en el mundo del mercado discográfico.

En 1993 una de mis primeras canciones fue seleccionada para las semifinales del Festival de Benidorm. Mi primer «batacazo musical»; cuando parecía que todo iba sobre ruedas, no conseguí pasar a la final. Después alguna entrevista en multinacionales discográficas que sí veían un potencial musical en mí, pero nada nuevo que aportar a la música en aquel momento. Después de una de aquellas entrevistas y un poco decaído, un sacerdote amigo mío me preguntó que qué me parecería intentarlo con mis canciones religiosas, aquellas que solo cantaba en la Iglesia. ¿Por qué no ir a la editorial San Pablo a proponerlo? Reconozco que en aquellos momentos esa salida se me hacía de «segunda división», pero pronto el Señor me demostraría que no era así, si no que se trataba de participar en «la Champions»; él quería que yo me dedicara a darle gloria y alabanza a través de la música, no solo en las celebraciones, sino también públicamente.

Mi primer LP tuvo una excelente aceptación entre la juventud de la diócesis de Toledo, y los conciertos de presentación del disco se multiplicaron durante más de dos años incluso en el resto de España. Por entonces estaba estudiando magisterio, trabajaba en ocupaciones temporales, hacia orquesta y daba conciertos de música religiosa. ¡Parece increíble la cantidad de cosas que pueden hacerse al mismo tiempo, cuando todo se pone en manos del Señor mediante la oración! Y pronto comenzaron a llegar los primeros frutos que, muy distintos de los que inicialmente pensaba cosechar (fama, dinero, reconocimiento…) se concretaban en cartas manuscritas de personas a las que mi música, mis canciones, las historias que cantaba y contaba las estaban ayudando en su vida, en su día a día, en su vocación, en el discernimiento de alguna situación delicada de su existencia. Entonces, comprendí que ese era el plan de Dios en mi vida: que, a través de mis canciones, de mis letras, él y su santísima madre María pudieran manifestarse en las vidas de algunas personas y ayudarlas. Comprendí que el Señor es un Dios celoso y me quería solo para él. Entendéis lo que digo, ¿verdad?

Después de más de diez años de trayectoria en este sentido, más de 500 conciertos, cuatro LP y una enorme cantidad de frutos humanos de valor infinitito, llegó el gran cambio de mi vida: mi matrimonio con Paqui. También era el momento de parar un poco y estabilizarme laboralmente, así que, con 30 años recién cumplidos, comencé a trabajar como profesor en un colegio religioso. Después de aquello el Señor me concedió la dicha de poder compaginar mi vida familiar (pronto llegaron los hijos), laboral y evangelizadora a través de la música. La mayor parte de los conciertos de música católica tienen lugar con medios muy limitados y distan mucho de lo que profesionalmente uno espera. He aprendido en estos años que vale mucho más un concierto con profundidad, con pocos medios que un macroconcierto vacío de contenido. Además, de vez en cuando el Señor nos regala «caramelitos» para realizarnos musicalmente.

Fue un placer representar a España en el Festival de San Remo de Música cristiana en el 2007. Cantar en la JMJ 2011 delante de 13.000 personas, componer el himno del Encuentro Europeo de Jóvenes de 2015…, en fin, eso, «caramelitos». Sin embargo, he de decir que es en los encuentros eucarísticos, en las exposiciones de Jesús en el santísimo sacramento del altar donde (con mejores o peores medios técnicos) me siento mejor, más realizado. Creo humildemente haber crecido a lo largo de estos años en el amor a Cristo eucarístico, y en el amor a nuestra santísima madre María. Estos son para mí, los dos pilares de la vida familiar, social, parroquial. Solo inmersos en los sagrados corazones de Jesús y María, en la eucaristía, podremos tener una verdadera vida cristiana. La eucaristía es el centro del universo, así que, cada vez que comulgamos, que adoramos a Cristo eucaristía, estamos siendo partícipes de lo esencial, lo único necesario y una anticipación de lo que será nuestra vida en el cielo eternamente. Acabaré diciendo que la música es un verdadero medio de evangelización, y que debe ser apoyada y promovida por todos los sectores eclesiales. El papa Francisco nos habla continuamente de que debemos seguir «compadeciéndonos» y debemos tener capacidad de estremecernos interiormente ante las necesidades de los demás y ante la grandeza de un padre bueno que nos ama. La música va al centro de la sensibilidad, al sentimiento, a aquello que inicialmente puede movernos a darnos a los demás y a alabar a Dios que es, en realidad, para lo que fuimos creados.