Cayó una bellota y me dio en la nariz

10
Contado por Ángel Gómez

Javier, vive en una ciudad muy bonita,
pero al llegar las vacaciones, pasa unos días todos los veranos con sus abuelos
en un pueblecito extremeño. Algunas mañanas se marcha con su abuelo para
ayudarle en el campo. Javier no está acostumbrado a trabajar y pronto se cansa.

Abuelo, ya llevamos más de una
hora trabajando y calienta mucho el sol. Me encuentro cansado.
—Pues vete a descansar a la
sombra de esa gran encina,
le dice el abuelo
Ilustración Juan Francisco Miral
Allí, descansando a la sombra,
contempla Javier la huerta de su abuelo y los frutos a punto de cosechar:
melones, sandías, tomates, pepinos, calabazas (estas muy grandes) y al fondo
unos melocotoneros repletos de fruta…
Y pensaba para sus adentros que por
qué la providencia, el Creador, había puesto a la bellota, que es el fruto de
la encina, en un sitio tan alto y tan bonito.
—¿No sería mejor —seguía pensando Javier- que los melones, las sandías, las
calabazas… colgasen de los árboles? Así no se tendría que agachar durante
tantas horas su abuelo para recogerlas.
Mientras Javier estaba entretenido
en estos pensamientos, cayó una bellota y el dio en la nariz. Y entonces se
dijo:
Caramba, si en vez de ser una
bellota es un melón o una calabaza, me quedo sin cabeza.
Pero bueno,
como ha sido una bellota me duele un poco la nariz pero podré seguir ayudando
al abuelo.
Antes de comer llenaron una cesta de
melocotones maduros y volvieron a casa. La abuela hizo un postre muy rico que
tomaron a la hora de la merienda con otros amigos.
Javier, ese día, descubrió algunas
de las maravillas que se encierran en la naturaleza y que todo está bien hecho
y tiene su razón de ser, porque todas las criaturas han salido de las manos de
Dios Padre, Creador.