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title: "Consagración de España al Sagrado Corazón"
description: "¿Qué sentido tiene consagrar hoy España al Sagrado Corazón? Y la respuesta es la que dio monseñor Ginés García Beltrán, obispo de Getafe, en la apertura del año jubilar en diciembre pasado y..."
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date: 2019-06-01
modified: 2020-02-06
author: "Santiago Arellano"
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categories: ["Saber mirar"]
tags: ["Revista nº 316"]
type: post
lang: es
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# Consagración de España al Sagrado Corazón

¿Qué
sentido tiene consagrar hoy España al Sagrado Corazón? Y la respuesta es la que
dio monseñor Ginés García Beltrán, obispo de Getafe, en la apertura del año
jubilar en diciembre pasado y que, en forma de entrevista, publicó *Alfa y
Omega*:

«Nuestra celebración no es la añoranza de tiempos
pasados, sino la oportunidad de renovación de nuestra fe y de nuestra vida
cristiana». Y añade:

«La consagración es una cuestión de amor. Es la
respuesta de nuestro amor al amor primero, al amor de Dios. […] Algunos pueden
pensar: “¿cómo consagrar España al Corazón de Jesús? ¿Y los que no creen? ¿Y
los que no quieren?”. También para ellos queremos lo mejor, y Cristo, como dice
san Pablo, es, con mucho, lo mejor. No falto a la libertad de nadie, solo deseo
que el bien, la paz, el amor, la salvación sea para todos y por eso los pongo
en el Corazón abierto del Redentor».

La consagración del mundo, no solo del orbe católico
sino de todo el género humano, la llevó a cabo el papa León XIII en 1899
después de un estudio teológico riguroso, publicado el 25 de mayo en la
encíclica *Annum sacrum*, y de atender las súplicas que le hizo sor María
del Divino Corazón por encargo del mismo Corazón de Jesús. A Cristo, por ser de
la misma naturaleza que el Padre, le pertenece toda la creación por quien y
para quien fue hecho todo.

Juan Pablo II, en el centenario de esta consagración
sintetiza el acontecimiento: «La consagración así entendida se ha de poner en
relación con la acción misionera de la Iglesia misma, porque responde al deseo
del Corazón de Jesús de propagar en el mundo, a través de los miembros de su
cuerpo, su entrega total al reino, y unir cada vez más a la Iglesia en su
ofrenda al Padre y en su ser para los demás».

En medio de la apostasía generalizada en que nos
encontramos, perfectamente descrita en el nº 675 del Catecismo de la Iglesia
Católica: «La impostura religiosa suprema es la del Anticristo, es decir, la de
un pseudomesianismo en que el hombre se glorifica a sí mismo colocándose en el
lugar de Dios y de su Mesías venido en la carne», es necesario proclamar con
ocasión y sin ella que Cristo es el único Señor, el único camino, verdad y vida
para la humanidad.

En el enfriamiento general de la caridad,
característica de los tiempos modernos, el mismo Jesús ha querido manifestar
que su esencia personal se simboliza en un corazón enamorado con locura de
todos los seres humanos, pero no para despertar una sensiblería *merengosa*
en los creyentes, sino para proclamar que su reino, su señorío sobre todo, su
soberanía es la garantía de la civilización del amor. La consagración personal,
familiar, institucional de todo el que tiene autoridad proclama la realeza de
Cristo, única firma válida y fiable para la paz universal. ¡Al Cerro de los
Ángeles!

Desde el emperador Constantino el monograma que
anuncia el triunfo de Cristo como rey universal fue el crismón. Maravilloso es
el que figura en la catedral románica de San Pedro en Jaca (Huesca).
