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title: "De la ley del temor, al confiado abandono por amor"
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date: 2019-02-01
modified: 2019-07-30
author: "Santiago Arellano"
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categories: ["Saber mirar"]
tags: ["Revista nº 314"]
type: post
lang: es
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# De la ley del temor, al confiado abandono por amor

Sé, con certeza
plena, que el mundo socioeconómico en que vivimos es antihumano y, en este
sentido, injusto. El beneficio es la medida de valor supremo para cualquier
transacción, sin tener en cuenta la realidad de la persona humana a la que todo
debe estar orientado. La economía de mercado es una productora despiadada de
descartados. Esa realidad es lo que queráis, pero no cristiana. Cristo brilla
por su ausencia. Si Roma se basó en una economía esclavista, la de nuestro
tiempo, aunque hábilmente camuflada, lo es mucho más. Las leyes lo amparan y el
único delito es infringir la ley.

Hoy os ofrezco un texto
para vuestra reflexión. ¿Os imagináis un mundo en el que el grado máximo de la
justicia fuera la misericordia? Esto ocurre en Dios.

El fragmento pertenece a
la escena tercera del acto primero de «La anunciación a María», de Paul
Claudel, obra dramática ambientada en las postrimerías del siglo XIII, en la
que se afronta, como tema central, la naturaleza del verdadero amor: el que
Cristo nos enseña.

El tema del drama no
guarda relación directa con el misterio de la Anunciación del Ángel a María. En
el fragmento elegido, el viejo propietario Anne Vercors y su futuro yerno y
heredero Jacques Hury, contraponen su concepción de la justicia. La trama es
muy sencilla. Jacques ha detenido a un miembro de la familia Chevoque, cuando
intentaba cortar unos chopos blancos de la finca de Anne Vercors para calentar
su hogar. Jacques echa mano de la ley que le ampara. No hay duda de que el
trabajador ha actuado como un ladronzuelo. ¿Por qué ha de rehusar el derecho
que le ampara? No duda Jacques en argüir un juicio temerario. No roban la leña
por necesidad, sino para hacer daño y, lo que es peor, por afán de poder
gloriarse ante sus compañeros de aventuras temerarias que ningún otro se
atrevería a realizar. En consecuencia, aplicar un castigo cruel y ejemplar: el
látigo.

Anne Vercors no se deja
engañar por el yerno. Nunca más leyes del talión: la caridad y la misericordia
abren una nueva vía a la convivencia y a la justicia. El único delito que ve es
que su trabajador no le ha pedido la leña. Ha aprendido que frente al rigor de
la justicia debe sobresalir la caridad y, por encima de todo, la misericordia.
Esta es una de las claves de la buena nueva del Evangelio.

Jacques Hury.- *¡Como lo oís! ¡Esta vez lo he pillado con las manos en la masa, con la podadera en la mano! Llegué muy silencioso por detrás y, de golpe, ¡zas!, me abalancé sobre él cuan largo soy. Con toda mi rabia, como se echa uno sobre la liebre encamada cuando la cosecha. ¡Veinte jóvenes chopos amontonados junto a él, los que vos tanto cuidabais! (…) ¡La leña que necesita es el mango de mi látigo!…*

Anne Vercors.- *Lo sé, pero… Seamos injustos en pequeñas cosas, para que Dios sea muy injusto conmigo.*

Cada vez que me cruzo
con los marginados del mundo entiendo el Cristo Juez de Miguel Ángel en el
juicio final.
