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Dios, a la moda

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Jóvenes con los brazos en alto durante un concierto, símbolo de búsqueda colectiva y emoción compartida
La juventud contemporánea entre la emoción, la comunidad y la búsqueda de trascendencia. Foto: LIAM SHAW + IA

Por José Javier Lasunción, catedrático de historia

¿Se ha puesto lo católico de moda? ¿O se trata tan solo de una moda inducida por los medios de comunicación? En definitiva, ¿ha vuelto Dios a estar de moda o se ha hecho de la religión un fenómeno de moda (pasajera)?

Reproducimos a continuación cómo trató este asunto el arzobispo Luis Argüello, en el discurso inaugural de la plenaria de la Conferencia Episcopal Española, en su calidad de presidente:

«El seguimiento por millones de personas de la muerte y posteriores exequias de Francisco, del cónclave y de la elección de León XIV; el jubileo de los jóvenes; las posiciones de la Iglesia en asuntos de gran interés y preocupación como las guerras y los movimientos migratorios, así como otros hechos ocurridos en las últimas semanas han llevado el debate sobre Dios y lo católico al debate mediático. Algunos, al respecto, hablan de un momento o giro católico.

»Diego S. Garrocho en su columna del diario El País de 27 de octubre se hace eco de este giro: “Algo está cambiando. Desde hace tiempo se observa una tendencia creciente en el uso de la estética religiosa en casi todos los ámbitos, y puede que sea algo más que una querencia visual. Artículos en The Guardian, Die Welt o The Washington Post han prestado atención a este proceso”.

»En España, el anuncio del nuevo disco de Rosalía, Lux, ha detonado, de nuevo, un debate. Existen señales que advierten de que lo católico está de moda o, si se prefiere, de que hay una vuelta a coordenadas espirituales que parecían proscritas. El proceso es constante y va en aumento. El viernes 24 de octubre, se estrenó Los domingos, premio Concha de Oro en San Sebastián, de Alauda Ruiz de Azúa, que narra la vocación de una joven. Ese mismo viernes, en Oviedo, Byung-Chul Han recibía el premio Princesa de Asturias de Humanidades. Su último libro lleva por título Sobre Dios, y el surcoreano no tiene reparos en confesarse como un pensador católico.

Inspiración en Simone Weil

»Tanto el filósofo como la cantante encuentran en Simone Weil su inspiración. En una entrevista publicada en El Periódico del 2 de noviembre de 2025, el filósofo profesor Josep Otón dice: “Tras el anuncio de su inminente disco, Lux, Weil ha pasado a entrar directamente en el temario obligatorio de los seguidores de la catalana, porque una frase suya luce impresa en el disco en formato físico: ‘El amor no es consuelo, es luz’, casi a modo de mantra. La cita está recogida en el libro La gravedad y la gracia. Pero ¿por qué Simone Weil y por qué ahora? Simone Weil es un personaje fascinante y polifacético que despierta un gran interés por varios motivos. Estos últimos años, por ejemplo, se ha escrito sobre su estancia en Aragón y Cataluña durante la Guerra Civil, en concreto, su implicación en la Columna Durruti. Su experiencia religiosa también despierta interés y el último en fijarse ha sido el filósofo Byung-Chul Han, premio Princesa de Asturias, que acaba de publicar Sobre Dios. Pensar con Simone Weil”.

»Enric Juliana, en su boletín “Penínsulas” del diario La Vanguardia, el 28 de octubre, escribe sobre el rebrote católico o significativo momento católico en el que, entre otras cosas, dice: “Este es el complejo momento católico. Un momento en el que la religión y los signos religiosos vuelven a interesar a sectores de la juventud […]. La Iglesia de Roma vuelve a captar la atención de los jóvenes por la vía de la quietud, el recogimiento y la tradición, a la vez que gana simpatizantes, muchos de ellos no religiosos, por la vía de una doctrina social que invita a la acción”.

»En dos artículos aparecidos el 1 de noviembre se ofrece un contrapunto. Sergio del Molino en El País escribe: “Más que un giro católico, quizá estemos ante el cierre final del giro laicista que empezó hace doscientos años en Europa, y que al fin se ha hecho tan fuerte como para reducir la religión a un objeto de debate, como cualquier otro asunto”, situándose en lo que Charles Taylor, en La era secular, llama tercer grado de secularización. Y Juan Manuel de Prada en ABC, citando a Chesterton, argumenta: “La Iglesia siempre está pasada de moda porque es sensata; siempre parece estar atrasada, cuando en realidad está adelantada a su tiempo. La Iglesia es la única realidad que libra al hombre de la degradante esclavitud de ser un hijo de su época; cuando lo católico se convierte en una moda o en un nuevo punk es, simplemente, porque se trata de una falsificación, aunque sea una falsificación bendecida por el catolicismo ‘pompier’. O precisamente por ello mismo”». Hasta aquí la descripción y valoración que nos propone el presidente de la CEE.

El llamado «retorno de lo cristiano»

Sin duda alguna, estamos acostumbrados a considerar que la secularización ha alcanzado en España unos niveles máximos de extensión y profundidad, por eso resulta llamativo que este interés por Dios, la religión y la presencia de algunos de sus símbolos, ya sea en la música, en el cine o en el vestuario, se haga ahora tan palpable. Vamos a intentar analizar qué hay detrás de este fenómeno y si se puede esperar algo definitivo de él.

El llamado «retorno de lo cristiano» o «giro católico» en las sociedades occidentales, especialmente visible entre jóvenes, no es interpretado por la mayoría de los autores que lo han advertido como una simple moda pasajera, sino como una respuesta profunda a una crisis cultural y espiritual; aunque divergen en su alcance, su naturaleza y en las implicaciones que conlleva para la Iglesia y la cultura contemporánea.

El converso catalán, Jaume Vives, escritor y activista, se decanta en El Debate (27 noviembre de 2025) por un rechazo del fenómeno: su tesis central es clara, lo católico no está de moda, y no debería aspirar a estarlo. Para Vives, la fe cristiana es incompatible con la lógica de la moda, caracterizada por la superficialidad y la volatilidad. El interés actual por lo religioso no es negado, pero se interpreta como la manifestación del corazón inquieto del ser humano, incapaz de sofocar su deseo de trascendencia incluso tras décadas de secularización agresiva. El peligro, advierte, no reside en que la cultura se acerque al cristianismo, sino en que la Iglesia se acerque a la cultura diluyendo su identidad.

Desde esta perspectiva, Vives critica con dureza los intentos de modernización entendidos como mundanización: estrategias pastorales que buscan atraer, rebajando el contenido doctrinal y espiritual. A su juicio, estas tácticas no solo fracasan empíricamente —las iglesias siguen vacías—, sino que ofrecen una versión empobrecida del cristianismo que termina decepcionando a quienes buscan respuestas auténticas. La propuesta final es exigente: la Iglesia debe acoger a los buscadores, pero sin renunciar a la densidad de su mensaje ni a su diferencia frente al mundo.

Curiosamente, la novelista y periodista Carmen Posadas también aborda la moda de lo católico en su columna del XL Semanal (23 de noviembre de 2025) introduciendo una lectura más cultural e histórica del fenómeno. Describe el siglo XX como una época marcada por el descrédito de lo cristiano, sustituido por otras formas de espiritualidad —orientales, esotéricas o individualistas— que, con el tiempo, han demostrado su insuficiencia. El interés actual por el cristianismo no se presenta como provocación ni como reacción ideológica, sino como necesidad personal y existencial tras el fracaso del nihilismo, el consumismo y el individualismo.

Posadas subraya el papel de la mediación cultural: la espiritualidad se encarna más fácilmente en símbolos, ritos y tradiciones propias. En este sentido, el retorno a lo cristiano aparece como una reapropiación de un lenguaje espiritual cercano. Sin embargo, desde un punto de vista crítico, este enfoque corre el riesgo de reducir la fe a un patrimonio cultural funcional, más que a una verdad revelada exigente. Frente a la advertencia de Vives, Posadas describe más que prescribe, dejando abierta la cuestión sobre la profundidad real de ese retorno.

Respuesta espiritual a una herida cultural

El grupo Prisa, de ideología socialista y liberal progresista, afín a lo woke, realiza un análisis de este resurgir católico en un interesante artículo del profesor de filosofía y habitual colaborador de Retina Tendencias, Eduardo Infante, publicado en noviembre y titulado «Rosalía, los herederos del vacío y el retorno de la fe». En él, profundiza en la dimensión generacional y filosófica del fenómeno. Infante coincide con Vives en interpretarlo como una respuesta espiritual a una herida cultural infligida por el relativismo, el hiperindividualismo y el narcisismo digital. La juventud actual es presentada como heredera de un mundo sin certezas, comunidad ni horizonte, educada en la autosuficiencia del yo y arrojada a una libertad sin sentido.

Considera que la obra reciente de Rosalía, el álbum musical Lux, es síntoma de una búsqueda espiritual sincera. La trayectoria artística de la cantante se interpreta como una parábola generacional: tras agotar los dioses de la modernidad: éxito, placer, autonomía, emerge el cansancio del yo y la intuición de que la autosuficiencia no salva. Frente al cinismo posmoderno, Infante detecta vulnerabilidad, rendición y apertura a la trascendencia, apoyándose en referencias místicas (san Juan de la Cruz, Simone Weil).

Destaca el fracaso del discurso de la autoayuda y del culto al yo. Los lemas motivacionales, convertidos en un catecismo secular, no han logrado sostener a una generación exhausta. Frente a ello, el retorno a la fe no se presenta como miedo o nostalgia, sino como cansancio del vacío y hambre de absoluto. La religión aparece así como posibilidad de sentido, comunidad y esperanza, no como imposición moral. El catolicismo, en suma, como posibilidad de salvación de un mundo en declive.

Por último, y para no cansar en exceso, hacemos mención del análisis que propone en El Debate (12 diciembre de 2025) José María Carrera Hurtado, profesor y colaborador de diversos medios escritos y audiovisuales cristianos, apoyado en varios autores anglosajones como Tom Colsy y Stephen Bullivant. Introduce una dimensión sociológica más precisa: el llamado giro católico no es universal ni homogéneo, sino selectivo. Mientras algunas iglesias y corrientes continúan en declive, otras (católicos practicantes, carismáticos, pentecostales y sectores tradicionales) muestran signos claros de vitalidad, especialmente entre los jóvenes. El dato clave no es tanto el número como el grado de compromiso.

Carrera Hurtado subraya que el resurgir se concentra en subculturas religiosas fuertes, caracterizadas por una identidad clara, exigencias morales definidas, liturgia cuidada y sentido del misterio. En un mundo líquido y confuso, estas propuestas resultan atractivas precisamente por lo que antes avergonzaba: velos, rosarios, reclinatorios, hábitos. Lo que era percibido como rancio se convierte en signo de pertenencia y resistencia cultural. El análisis sugiere un efecto péndulo: cuanto más secularizado y relativista es el entorno, más contracultural resulta una fe exigente.

Los nichos litúrgicos de Bullivant

Especial relevancia adquiere la idea de los nichos litúrgicos de Bullivant: grupos pequeños, pero intensamente comprometidos generan una influencia desproporcionada en vocaciones, apologética y producción cultural. El crecimiento vocacional en congregaciones tradicionales o identitarias no se interpreta como nostalgia estética, sino como búsqueda de arraigo, sacrificio y sentido. La fe que impone exigencias —lejos de ahuyentar— atrae a quienes están cansados de la laxitud moral y del vacío espiritual.

En conjunto, las opiniones que hemos sintetizado coinciden en un diagnóstico fundamental: la secularización no ha eliminado la necesidad de trascendencia, sino que la ha frustrado. El desacuerdo aparece en el modo de interpretar y gestionar el retorno. Vives advierte del peligro de banalizar la fe; Posadas observa un retorno cultural aún ambiguo; Infante interpreta una herida generacional que conduce a lo sagrado; Carrera Hurtado y Colsy muestran empíricamente que la vitalidad religiosa surge allí donde hay identidad, misterio y exigencia.

La tensión central que atraviesa todo el conjunto de autores reseñados es la que existe entre adaptación y fidelidad, entre relevancia cultural y verdad, entre cantidad y profundidad. Lejos de resolverse, este debate define uno de los desafíos clave del cristianismo contemporáneo: no hacerse moderno, sino significativo para una generación que, tras tocar fondo, vuelve a buscar sentido, comunidad y trascendencia.

En definitiva, se trata de llevar a plenitud el presentimiento subjetivo de un Dios, a mi manera, como canta La Oreja de Van Gogh, para poner de moda al Dios verdadero, al Dios de Jesucristo, que es lux, camino y verdad, tiene un cuerpo y un destino y conoce a cada persona por su nombre.

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