Dios no pierde nunca las riendas de la historia

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Nuestra señora de Fátima
Nuestra señora de Fátima

Por Miguel Ordoñez Martínez

Un ejemplo: FÁTIMA

Las profecías del Antiguo Testamento nacen en un contexto en que el pueblo se ha desviado del plan de Dios. Lo que proclaman (en nombre de Dios) es que el pueblo se aleje de la idolatría del momento pero anunciando un futuro prometedor, espléndido, que (en el A.T.) siempre apunta al momento cumbre de la Humanidad: la inserción de la vida divina en la humana: CRISTO, centro de todo.

En un momento del tiempo actual, segunda década del siglo XX, Dios (Padre, Hijo y Espíritu Santo), Dios-Amor, ve cómo sus hijos se han desviado del camino de la felicidad y se están orientando a un desastre destructor. En vez de seguir la norma «amaos los unos a los otros» han adoptado la locura de «odiaos hasta la muerte», la guerra.

Nos movemos en un profundísimo misterio: Dios ha creado al hombre libre, con un grado de libertad tan elevado que pienso que solo en la otra vida lograremos entender.

Dios, Omnipotente, Todopoderoso, podría impedir que el hombre se apartase del camino amoroso indicado por Él. ¿Por qué no lo hace? Ciertamente sus caminos no son nuestros caminos.

La forma de su comunicación con los hombres también nos invita a una profunda reflexión. Nuestra lógica se extraña de que, si Dios quiere algo dentro del ámbito católico, no se dirija a quien lo gobierna en el ejercicio legítimo de lo que Él mismo instituyó.

El Espíritu Santo sopla donde quiere. Y elige a personas incultas, pobres, pero —¡eso sí!— almas limpias. Y se les aparece la Virgen María, el ser más pleno de la gracia de Dios. Y les hace profecías.

Este es el punto que yo quiero poner de relieve. En este momento de la Historia Dios toma las riendas. Omito hablar de datos generales que son por todos conocidos.

Profecías de la Virgen:

1ª El milagro del sol. Fue un auténtico prodigio que vieron no solo los empapados por la lluvia que estaban en Fátima, sino otros muchos en regiones próximas. Y éstos no estaban mediatizados por la preparación psicológica que pudieron tener los que ya venían predispuestos, —los ilusos—, a creer cualquier cosa.

2ª El anuncio hecho por la Virgen de que esa guerra iba a terminar.

3ª La revelación de que, si no eran atendidas sus advertencias, vendría otra guerra más cruel, que se iniciaría en tiempos del papa Pío XI. ¡¡Pío XI!! Ese nombre sólo pudo oírse por primera vez al final del cónclave que lo eligió Papa y que sólo él pronunció el 6 de febrero de 1922 a la pregunta de un cardenal elector: ¿cómo os queréis llamar? Y la Virgen lo adelantó ¡cinco años antes!

4ª El prodigio en el cielo en una noche de enero de 1938: el cielo se tiñó de rojo y yo, niño de apenas seis años, pude contemplarlo desde un pueblo de Castilla en plena guerra civil española. Tengo un recuerdo vivísimo de esa noche en que los numerosos habitantes de aquella zona salieron a la calle a contemplar el deslumbrante y extrañísimo espectáculo. Luego, durante días lo comentaban diciendo que era la sangre de los soldados muertos en la guerra que todos sufríamos. Posteriormente, el comentario científico lo explicaba: habían sido arenas del desierto del Sahara arrastradas por el viento. La explicación, científica o analfabeta, carece de importancia. Lo relevante es que la Virgen lo anunciase con precisión en 1917.

5ª Profecía es que Rusia extendería sus errores en otras naciones. Como así sucedió.

Es curiosa la coincidencia. En octubre de 1917 estalla la revolución bolchevique. Precisamente cuando la Virgen hace su última aparición. La noche se hace en Rusia, que tratará de extender sus errores a otras naciones, mientras que en Portugal brilla la luz de un sol extraordinario.

6ª Profecía es que Rusia acabará convirtiéndose.

Mayo de 1989. Congreso Ecuménico de Basilea. Nos reunimos setecientas personas: 350 católicos y 350 de diversas confesiones protestantes y el Metropolita Alexis de Moscú. De España 32 personas: tres obispos, sacerdotes, teólogos y representantes laicos de organizaciones católicas. Un obispo dice ser el acontecimiento más importante después del Vaticano II. Trabajamos juntos durante una semana, convivimos, estudiamos pero, sobre todo, rezamos, rezamos mucho. E hicimos gestos para pedir realidades: el más significativo, una marcha sobre los tres países que hacían frontera: Francia, Alemania y Suiza, pidiendo intensamente por la caída del muro de Berlín, imagen de la desunión de Europa. Y seis meses más tarde, el 9 de noviembre de 1989, de manera inesperada, el muro es abatido como respuesta a nuestra oración confiada y a la de muchos millones de creyentes que, durante décadas atrás, venían orando por el cumplimiento del mensaje de la Virgen de Fátima. Y algunos años después se realiza la consagración de Rusia al Corazón Inmaculado de María por todos los obispos del mundo, tal como Ella había pedido a través de sor Lucía, la tercera vidente de las apariciones.

Estos dos últimos hechos, que todos los que hemos estado atentos hemos percibido, son más difusos, y quiero fijarme en los que son precisos y claros. Porque lo que quiero exponer es que el futuro solo lo conoce Dios y aquellos a quienes Él lo quiere comunicar. Y si la Virgen profetiza hechos que, en ese momento, solo Dios podía conocer, nos da la prueba de que Ella viene del Cielo y todo cuanto nos comunica es certísimo, y lo que nos aconseja y nos pide es camino seguro hacia Dios y felicidad para todos los seres que habitamos en esta situación transitoria hasta arribar a la vida eterna.

Primera afirmación: Dios no pierde nunca las riendas de la Historia.

Segunda afirmación: El Cielo y la Tierra se comunican cuando Dios lo dispone. Dicho de otro modo: la Iglesia militante y la Iglesia triunfante son dos ámbitos de una única Iglesia que (cuando Dios lo quiere) son vasos que se comunican.