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title: "El aguilucho herido"
description: "Contado por Ángel Gómez Juan, un niño de diez años, oye a su abuelo mientras le cuenta la historia que le ocurrió cuando era joven. —En el bosque y encontré en el suelo un aguilucho herido..."
url: https://revistaestar.es/el-aguilucho-herido/
date: 2014-06-01
modified: 2023-02-03
author: "y otros autores"
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categories: ["Cuentacuentos"]
tags: ["Revista nº 286"]
type: post
lang: es
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# El aguilucho herido

**Contado por Ángel Gómez**

Juan, un niño de diez años, oye a su abuelo mientras le cuenta la historia que le ocurrió cuando era joven.

—*En el bosque y encontré en el suelo un aguilucho herido *—comenzó contando el abuelo—. *No lo podía llevar a casa y se lo dejé a un granjero para que lo curara, lo cuidara y después lo soltara. El granjero lo curó y lo introdujo en un corral, donde pronto aprendió a comer y a vivir como lo hacían las gallinas y los pollos…*

Juan miraba a su abuelo boquiabierto, imaginando el aguilucho herido: ¿le habría disparado un cazador? ¿Dónde estaría su mamá águila?

—*Pasado un tiempo volví para ver* cómo i*ba el aguilucho. Comprobé que seguía en el corral y, disgustado, pregunté al granjero: “Pero ¿por qué ese águila, la reina de las aves, sigue encerrada en este corral?”. El granjero me contestó: “Es que ya no es un águila: come la misma comida que los pollos, se ha acostumbrado a vivir entre los pollos, y se comporta como un pollo. Ya lo ves: ni quiere volar. Puede que antes fuera un águila, pero ahora ya no”.*

—*Pero eso no puede ser, abuelo, ¿no? *—dijo Juan—*. *¡*Si es un águila, es un águila y no un pollo!*

—*Eso le contesté yo *—respondió el abuelo—*: “A pesar de todo tiene corazón de águila, y puede aprender a volar. *¡Démosle* esa oportunidad!” El granjero objetó: “No entiendo lo que plantea: si hubiera querido volar, lo habría hecho y se habría marchado; nadie se lo ha impedido”.*

—*Yo le insistí: “*¿*Y si probamos? Ese ave pertenece al cielo, no a la tierra. Si abre sus alas, ¡puede volar! *¡No me iré hasta que* aprenda a hacerlo!” Al final el granjero accedió, me dio el aguilucho y me dispuse a empezar.*

*El primer día llevé a la rapaz a una loma cercana. Le enseñé, gesticulando con mis brazos, cómo tenía que abrir las alas. El aguilucho estaba receloso y confuso, y al poco tiempo se fue dando saltitos de gallina hasta el corral.*

*Al día siguiente le llevé a una colina más alta. La granja se veía desde allí como un puntito. El aguilucho tenía miedo. Nunca había contemplado nada desde semejante altura. Yo le incité: “*¡*Abre las alas y vuela! *¡*Vale la pena! Podrás recorrer enormes distancias, jugar con el viento y conocer otras águilas*…” *Pero el aguilucho,* *temblando, se fue otra vez a reunirse con los pollos.*

El abuelo captó la mirada de su nieto, y descubrió que también él tenía corazón de águila.

*—Al tercer día, temprano, llevé al aguilucho a una loma mucho más alta. Desde allí ni se veía la granja. Sobre nuestras cabezas volaban majestuosamente otras águilas; amanecía. Entonces dirigí su cabeza hasta que su mirada se encontró con las águilas, y en esa visión, unida a un chillido de invitación que provenía de la altura… ¡se lanzó a volar!*

—*¡Qué guay, abuelo!* —concluyó Juan— *¡Tenemos que ir a la montaña para buscar un aguilucho y enseñarle a volar!*

—*Y para que te enseñe a ti también, Juan. Porque tú… ¡también puedes volar!*
