El cine: generador de belleza y destello de la Verdad

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Fotograma de Blade Runner
Fotograma de Blade Runner

Por Jesús Jaraíz

El artista siempre ha buscado representar y transmitir mediante la belleza su concepción de la realidad y de la verdad. Cuando los cristianos cruzaban el pórtico de un templo y contemplaban las figuras y escenas allí representadas entraban más preparados para comprender el mensaje que iban a escuchar en el interior. Cuando al simbolismo de la imagen y a la palabra le añadían la belleza de la música, el mensaje penetraba con mayor intensidad.

Actualmente el cine ofrece esos tres elementos —imagen, palabra y música— perfectamente integrados y animados.

1. Poder del cine

Ya en 1936 Pío XI hacía referencia al poder del cine al observar su enorme influencia sobre las masas en esa época tan convulsa. Su sucesor, Pío XII, aludirá al extraordinario poder que el cine ejerce en el hombre, al que puede iluminar, ennoblecer y enriquecer de belleza o bien arrastrar a las tinieblas, llevarlo a la depravación o dejarlo a merced de instintos desenfrenados. Posteriormente, Pablo VI calificará a las comunicaciones sociales como poderosos medios y aludirá a una nueva cultura por ellos creada y amplificada.

La globalización de la cultura y la facilidad de acceso al cine gracias a la generalización del uso de internet han aumentado aún más su poder. Podemos aplicar a este medio las palabras de Juan Pablo II cuando afirmaba que el mundo de la comunicación es el primer areópago del tiempo moderno, capaz de unificar a la humanidad transformándola en una aldea global. Para muchos el cine es hoy el principal instrumento de guía e inspiración para su comportamiento individual, familiar y social. En esta línea, un joven de quince años alardeaba ante sus compañeros de clase de que únicamente había leído un libro a lo largo de su vida: la autobiografía de Ronaldo. Si le preguntáramos por fútbol o cine, la respuesta sería muy diferente.

2. Educar la mirada

El espectador busca en el cine, a veces de forma inconsciente, la belleza y también lograr desvelar algún tipo de misterio que mantiene oculta la verdad. El cine tiene la capacidad de mostrar los valores —belleza, bondad, verdad— vivos y encarnados en personajes y rostros concretos y de suscitar en el espectador el deseo de imitarlos y llevarlos a su vida. Analicemos brevemente estos aspectos en tres películas representativas.

En Blade Runner su director nos interpela y nos empuja a buscar la Verdad a través del personaje Rick Deckard: Todo lo que se preguntaba eran las mismas respuestas que buscamos el resto de nosotros. ¿De dónde vengo? ¿Adónde voy? ¿Cuánto tiempo tengo? Todo lo que pude hacer fue sentarme y ver cómo moría.

En otra escena inolvidable vincula la belleza del espacio estelar con el deseo de vivir del humanoide Roy Batty: Yo he visto cosas que vosotros no creeríais… Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.

E incluso desvela a través de Eldon Tyrell qué ocurre cuando el ser humano juega con la ciencia a ser Dios: Las verdades de la vida… Alterar la evolución de un sistema orgánico es fatal.

En el cine la representación de la belleza es camino que nos conduce a la comprensión de las cosas buenas —la Creación— y a la búsqueda de la verdad.

En Amazing grace, tras contemplar la hermosura del amanecer en la campiña inglesa y maravillarse ante una simple tela de araña cubierta de rocío, William Wilberforce se tumba sobre la hierba e inicia un diálogo con el Creador: Querido Dios, ya sé que esto es absurdo pero siento que tengo que hablar contigo...

Son abundantes los destellos de la Verdad que podemos descubrir en una película si educamos nuestra mirada para seguir los mensajes y pistas que nos guían por el camino trazado por su director.

Durante su diálogo con Dios Wilberforce es descubierto por su criado, que le interpela: ¿Ha encontrado a Dios, señor? William responde: Creo que él me ha encontrado a mí.

El resplandor de la Verdad brilla más intensamente en labios del humilde criado cuando cita a Francis Bacon: Es triste morir siendo bien conocido por todos pero un desconocido para uno mismo.

Con una mirada atenta descubriremos no solo destellos de la Verdad, sino la Verdad misma, en esta ocasión por medio de John Newton, antiguo traficante y asesino de esclavos y ahora penitente arrepentido: Aunque mi memoria está fallando, recuerdo dos cosas con suma claridad: soy un gran pecador y Cristo es un gran Salvador.

También desde el cine los destellos de la Verdad pueden iluminar nuestro mundo y ayudar a transformarlo, desvelando el origen divino de la humanidad con argumentos como el que esgrime Wilberforce para abolir la esclavitud: Dios hizo a todas las personas iguales entre sí.

Si mantenemos abierta nuestra mente y dispuesto el corazón, descubriremos la belleza, imagen de la Verdad, que esconden esos escasos segundos que dura una escena. En Sophie Scholl, los últimos días, en las horas previas a su ejecución y desde la soledad de su celda, Sophie encuentra consuelo en el interior de su alma: Mi Dios, ante ti no me surgen las palabras. Lo único que quiero hacer es tenderte el corazón.

3. Cambiar el corazón

El cine, mostrando lo bello y verdadero, puede cambiar los corazones. Una anécdota. Tras celebrar un cinefórum sobre Diarios de la calle con un grupo de alumnos con problemas de integración, en el cambio de clases, la profesora que va a entrar me dice muy alterada que está dolida con las contestaciones de un alumno y la humillación sufrida, que no le piensa perdonar y que va a tener consecuencias. Le sugiero que se calme y hable con él, puesto que le he visto muy receptivo tras el coloquio sobre la película. Al día siguiente esta profesora me dice: ¡No lo vas a creer! Al entrar en clase el chico se me acercó y delante de todos me pidió perdón y nos dimos un abrazo. Casi lloramos los dos.