El Corazón de Jesús necesita corazones vivos

P. Tomás Morales, SJ. (Ejercicios espirituales en Oronoz (Navarra), 1979)

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Sagrado Corazón de Rupnik
Sagrado Corazón de Rupnik

Te hace falta una cápsula. Los astronautas se meten en una cápsula y así permanecen insensibles a los cambios de presión y de temperatura. Tú estás experimentando continuamente cambios de presión y de temperatura: dentro de ti, por los estados de ánimo; fuera de ti por un mundo cuya ola creciente de humanismo va inundándolo todo mientras siga subiendo la marea (que seguirá subiendo todavía unos cuantos años).

Tú necesitas una cápsula protectora. ¿Sabes cuál es? El corazón santísimo de Jesús, que te permitirá navegar por los caminos del amor, que te permitirá volver a ser como niño, nacer de nuevo (Jn 3). Porque hay que estar naciendo de nuevo y hay que estar haciéndose como niño cada día.

Este divino corazón es un manantial inagotable (santa Margarita) del cual brotan sin cesar tres fuentes: primeramente, de misericordia para los miserables, sobre los cuales envía espíritu de contrición y de penitencia. Yo soy de la pandilla de los miserables; mi lema: «miserias sí, negligencias no», como decía aquella priora carmelitana. Segundo, fuente de caridad para todos aquellos que se encuentran en alguna necesidad y, particularmente, para los que tienden a la perfección. Tercero, fuente de amor y de luz para sus perfectos amigos a los cuales quiere unir consigo para comunicarles su ciencia, con objeto de que se consagren enteramente a procurar su gloria.

Amando a Él en todo y sobre todas las cosas vivirás permanentemente en su mismo corazón. Y entonces Él ya te utilizará para la salvación de las almas; mejor dicho, te utilizará para otra cosa primero. ¿Sabes qué? Él tiene un ansia tan grande de amar al Padre que no le basta su corazón de carne glorificado en el cielo después de la ascensión; necesita corazones vivos. Aquí está el cuerpo místico, aquí está la redención, aquí estoy yo.

«Tengo sed», no solamente en la cruz, en lo alto del cielo; tengo sed de corazones en la tierra que amen al Padre, y quiero Yo amarle a través de esos corazones. Esto es lo esencial de la devoción al corazón de Jesús, esto es corresponder al regalo que te hace la Virgen. «Ahí tienes el corazón de mi Hijo», y entonces yo le digo: «Pues aquí tienes Tú mi corazón para seguir amando al Padre». Y entonces llegará un día que se pueda decir de cada uno de los cruzados, lo que Juan Crisóstomo decía de san Pablo: «Cor Pauli, cor Christi»; el corazón de este cruzado no es de él, es el corazón de Jesús, porque Jesús vive en él su vida libre para amar sólo al Padre sin que el cruzado le ponga obstáculo de ninguna clase: el corazón de ese cruzado es el corazón de Cristo como el corazón de Pablo era el corazón de Jesús. Y entonces el cruzado se hace hostia con la hostia, entonces el cruzado vive del puro amor, pero sobre la cruz.

En la Santa Sábana hay una llaga del tamaño de una mano más o menos a la altura del costado izquierdo; analizada químicamente, no es sangre viva sino cadavérica. Quedó abierto para que tú te metieses allí. Y, por eso, revolotea si quieres alrededor de las manos y pies de Jesús crucificado, pero anida en su corazón.