El Evangelio y el arte

Ejercicios espirituales para artistas

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El Evangelio y el arte
El Evangelio y el arte, de Juan Pablo II

El año 2014, la editorial Ciudad Nueva publicaba un texto inédito: cinco meditaciones espirituales que Mons. Karol Wojtyla dirigió en 1962 a los artistas en Cracovia, donde ejercía como obispo auxiliar. Esta edición incluye un prólogo del cardenal Ravasi, presidente del Consejo Pontificio de la Cultura, un epílogo del académico polaco Jacek Popiel y, como apéndice, la espléndida Carta a los artistas escrita por san Juan Pablo II en 1999.

El cardenal Ravasi recuerda la vocación artística de Juan Pablo II, y destaca cómo este resalta en sus meditaciones que toda obra de arte es una continua búsqueda y tensión hacia la unidad del bien y la belleza; y recuerda que la Belleza, en el fondo, es el mismo Dios, por lo que resulta inabarcable en su plenitud. El artista, afirma el obispo de Cracovia, tiene como misión contribuir a la encarnación de esa Belleza trascendente. Precisamente con esta idea culminará la Carta a los artistas, casi cuarenta años más tarde: «Que vuestros múltiples senderos, artistas del mundo, puedan llevar a todos hacia ese océano infinito de belleza donde el asombro se convierte en admiración, embriaguez, alegría indecible».

En sus meditaciones, Wojtyla parte de que Dios mismo es la Belleza y que hay en toda alma humana una sensibilidad especial que tiende hacia ella: «la belleza fascina y atrae hacia sí» pero tras ella «se esconde algo más». Dios se ha revelado en el Evangelio como Belleza y como Bien: «Si la belleza de todas las criaturas y de las obras de la naturaleza y de las obras de arte es solo un fragmento o un reflejo, y no existe en ningún sitio su versión plena, absoluta, entonces hay que buscar esta versión absoluta de la Belleza más allá de las criaturas. Estamos en el camino que nos lleva a comprender que Él existe… y que actúa. Actúa creando… Actúa salvando y redimiendo al hombre. Este es el Dios del Evangelio, y este Dios es bello. Es infinitamente bello».

Jacek Popiel resalta de las palabras de Wojtyla un texto perteneciente a un drama del escritor Zygmunt Krasinski y que aquel interpretó en sus años de actor: «Dentro de ti discurre un flujo de belleza, / pero tú no eres la belleza». El artista no es Dios. El poeta no debe permanecer en el plano meramente estético; lo que le salvará no son sus obras artísticas, sino la limpieza de su vida, de su humanidad. En su vida, el artista ha de estar «a la altura de la gran misión que ha de cumplir en la sociedad; su condición moral ha de igualar la belleza de la obra que crea». De lo contrario, su arte será «falso».

En la Carta a los artistas, san Juan Pablo II revela su gran sensibilidad hacia la belleza y hace una llamada a la responsabilidad que tiene el artista en su creación. Es enorme la influencia del arte en la evangelización: es expresión de lo más íntimo del hombre y expresión de Dios. A través de él Dios se hace visible y comunica su amor incondicional; nos permite adentrarnos con intuición creativa en el misterio del Dios encarnado y al mismo tiempo en el misterio del propio hombre. La Belleza, concluye con palabras de Dostoievski, salvará al mundo.