El P. Morales y las familias

59
Familia Sanz
Familia Sanz

Por Javier y Carolina

La familia fue para el P. Morales una realidad evangelizadora. Lo fue en el Hogar del Empleado donde crea barriadas en las que las familias puedan relacionarse, creando vínculos de vecindad y amistad; construye viviendas asequibles… en definitiva preocupación por el bienestar. También crea lo que llamó el Hogar de Hogares para potenciar una formación humana y espiritual de los matrimonios.

Cuando tiene que salir del Hogar del Empleado le acompañan varios Cruzados de Santa María y un joven militante que tenía novia, Emilio Martínez. Este militante, siempre fiel a las enseñanzas del padre, quiso vivir su vida matrimonial y familiar con el carisma que el Espíritu le regaló al padre Morales, y lo hizo a través de la dirección espiritual frecuente. Emilio y su esposa Lidia Alcalde, fueron haciendo amistad con otros matrimonios y comenzaron a realizar actividades formativas y espirituales como las que hacían los militantes de Santa María, pero adaptadas a la vida matrimonial y familiar. Así comienza la andadura de los Hogares de Santa María.

Podríamos decir que fue en los Hogares (que él llama en algún escrito suyo Cruzada Matrimonial) donde el padre va explicitando, poco a poco, cómo debía ser la vivencia matrimonial de su carisma. Lo hace con sencillez, sin llamar la atención, pero con gran profundidad, a través de la dirección espiritual, pues él fue director espiritual, no solo de los cofundadores de los Hogares (Emilio y Lidia) sino de otros muchos matrimonios, pilares fundacionales de la Asociación. Nos animaba a ser familias generosas en la maternidad, austeras en el vivir y desprendidas en lo económico.

Tuvimos la inmensa alegría de que presidiera nuestra boda (no dejamos de dar gracias a Dios por eso, así como que fuera nuestro director espiritual). En la homilía de ese día, dijo a todos los presentes que la Milicia era para formar hombres y mujeres para el matrimonio. No era la primera vez que lo decía. Ciertamente, una gran aportación del padre a la Iglesia y a la sociedad es la formación de hombres y mujeres para la vida matrimonial, haciendo eficaz lo que la Iglesia llama preparación remota para el matrimonio.

Despertó en nosotros el deseo de vivir auténticas virtudes humanas y espirituales. Nos educó en la reflexión, que favorece el diálogo matrimonial; en el espíritu combativo, que tanto ayuda para seguir adelante cuando surgen dificultades matrimoniales y familiares; y a vivir la «belleza de la moral matrimonial», expresión que él usaba con frecuencia; a ser constantes en nuestros compromisos, fieles el uno para el otro y ambos entregados a nuestros hijos, y también a otras familias, y a los hijos de otros (como el padre nos pidió en una carta que nos escribió unos días después de nuestra boda). Esa generosidad que nos pide la Iglesia la aprendimos del padre.

Imprescindible para un matrimonio cristiano es cultivar nuestra relación con Cristo. Poner a Jesús en el centro, lo vivimos con gran intensidad en la Milicia a través de los ejercicios espirituales, retiros mensuales, misa diaria, confesión frecuente, oración diaria, rezo del rosario… todo un programa de auténtica y coherente formación cristiana.

Damos gracias a Dios por la persona y la obra de nuestro querido padre Morales. Damos gracias a la Iglesia por el reconocimiento de virtudes heroicas en él. A nosotros,y a tantos matrimonios que vivimos este carisma, pedimos al Espíritu nos conceda fidelidad y expansión del carismas para la mayor gloria de Dios.