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title: "El valor de los que no cuentan"
description: "Por más deteriorado que esté un ser humano, siempre será una persona, con un valor imponderable e insustituible para él y todos los demás."
url: https://revistaestar.es/el-valor-de-los-que-no-cuentan/
date: 2019-02-01
modified: 2019-01-30
author: "Antonio Rojas Ramos"
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categories: ["Editorial"]
tags: ["Revista nº 314"]
type: post
lang: es
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# El valor de los que no cuentan

Desde
una perspectiva filosófica y religiosa, el concepto de dignidad humana posee
una larga trayectoria histórica. No obstante, desde un punto de vista jurídico,
no fue reconocido este concepto de la dignidad humana hasta mediados del siglo
XX con la Carta de las Naciones Unidas (1945) y la Declaración Universal de
Derechos Humanos (1948), entre otros documentos.  

Partiendo
del significado etimológico, el término dignidad proviene del latín *dignitas*, cuya raíz es *dignus*, que significa «excelencia», «grandeza»;
de ahí que la dignidad que posee cada individuo es un valor intrínseco, independiente
de factores externos.

La
dignidad es el rango o la categoría que corresponde al ser humano como ser
dotado de inteligencia y libertad, cualidades únicas que lo hacen distinto y superior a todo lo creado.

La
complejidad de nuestra sociedad, el enfoque mercantilista que nos lleva a
valorar todo en términos de producción económica, el aumento de la esperanza de
vida, la disminución de la natalidad, las deficiencias de las organizaciones
sociales, los retrasos de la legislación oficial, las incomprensiones de una
sociedad egoísta, etc. están haciendo que se
pierda el sentido de la dignidad humana, y las personas no productivas
económicamente (ancianos, enfermos, minusválidos…) se vean como una carga.

Se
difunde la idea de que toda persona dependiente es una carga por su insuficiencia
humana y social.

Y
la calidad humana de nuestra sociedad dependerá, sobre todo, de nuestra
capacidad de apreciar el sentido y el valor de las personas «sin valor», tanto
en el ámbito meramente humano como en el de la fe. Es necesario, por tanto,
situar a las personas dependientes en el marco de un designio preciso de Dios,
que es amor, llevándolos a Cristo por un camino, misterioso y hasta
incomprensible, que conduce a la casa del Padre.

Solo
a la luz de la fe, firmes en la esperanza que no engaña, seremos capaces de
vivir la dignidad humana como don y como tarea de manera verdaderamente cristiana.
Ese es el secreto de grandeza humana que se puede cultivar a pesar de los años
y de las deficiencias.

Como
señala Gabriel Marcel, la calidad sagrada del ser humano «aparecerá más
claramente cuando nos acerquemos al ser humano en su desnudez y en su
debilidad, al ser humano desarmado, tal como lo encontramos en el niño, el
anciano, el pobre».

Por más deteriorado que esté un ser humano, nunca será una cosa, sino una persona, con un valor imponderable e insustituible, no solo para él, sino también para todos los demás. Es el punto clave de la grandeza de la dignidad humana: *valorar a las personas que no cuentan.*
