Emprendimiento & humanismo

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Collage especial del día de la madre. https://emeledesma.com/
Collage especial del día de la madre. https://emeledesma.com/

Por María Ledesma Carranza

Cuando era pequeña, tenía clara la respuesta a la pregunta: ¿Qué quieres ser de mayor? Mi respuesta era clara: arqueóloga. Conforme fueron pasando los años, me llené de dudas y miedos: a no ganar lo suficiente, a viajar mucho, a no poder formar una familia, a cansarme de descubrir. Supongo que esto es algo que nos ocurre a todos cuando vamos creciendo. Nos alejamos de nuestra niñez y nos separamos de esa forma sencilla de ver la vida. Sin complejos y sin condicionantes.

Seguí creciendo y por mi cabeza han pasado muchas ideas tratando de responder con mayor o menor éxito a ese cuestionamiento de la infancia. Me alejé de la respuesta o, al menos, eso creía yo.

Estudié un doble grado, terminé mis trabajos de fin de carrera y pasé por diferentes empresas en las que fui tratando de buscar mi lugar. Soy muy indecisa para algunas cosas, pero también he desarrollado un olfato especial para descubrir cuáles son los lugares en los no quiero estar: o porque no los he encontrado en el punto de vida adecuado, o porque no encajaban con mis valores, o porque no me sentía crecer, o porque quería explorar otras áreas. Esto me ha permitido crecer mucho, pero, sobre todo, me ha permitido darme cuenta de lo que realmente quiero: crear un proyecto que me ilusione, que tenga mi semilla, y en el que no tenga límites, márgenes, ni líneas amarillas por los que otras personas me digan: «por ahí no puedes pasar».

He descubierto que me encanta tener ideas locas, de esas «de bombero», visualizarlas en mi cabeza y tener al menos una oportunidad de hacerlas realidad. Me gusta mucho que otra mente loca me diga: «pues vamos a lanzarnos a la piscina». Me encanta la confianza que genero al proponer una idea y creer firmemente en ella.

Fue trabajando cuando me di cuenta de que yo quería emprender. Tener algo propio. Me gusta la idea de aprender de otras personas, ser parte activa de una empresa, crecer de su mano y ayudar a crecer a otros. Pero también me apasiona la idea de crear algo desde cero. Me apasionan esas mariposas en el estómago que se sienten cuando algo dentro te dice: «Este es el camino», los nervios, ese miedo tan sano, esa adrenalina, la energía tan bonita de descubrirte a través de un proyecto que habla de cómo quieres que sea el mundo.

Por eso, hace seis meses me propuse lanzar un proyecto personal que para mí suponía exponerme a las opiniones y a las críticas de los demás. He pasado tanto tiempo con miedo al «qué dirán» que lo que realmente me impulsó fue pensar: «¿Qué es lo que quiere Dios de mí?» y, por lo tanto, «¿Qué es lo que me hace sentir en paz y realizada?» Creo que esta es realmente una pregunta para aplicar en muchos aspectos de nuestra vida. Porque emprender es muchas cosas: emprender es lanzarse; es amar cada día a las personas que tienes al lado; es proponer algo nuevo en la universidad, en el colegio o el trabajo; es levantarte por las mañanas con alegría; es decidir formar una familia; es tomar decisiones desde el corazón y con toda el alma. Siempre con el alma.

El proyecto al que me aventuré consiste en acercar a las personas a su lado más sensible, conectarnos con los espacios que habitamos a través del arte del collage. Empecé a crear cuadros que expresan algo que quiero contar y los acompaño de poemas y relatos cortos, porque siempre lo he dicho, pero escribir sana el corazón a cualquiera que se permita ponerse frente al espejo que representa un folio en blanco. Así que, desarrollé mi página web, me puse a crear, a escribir y a aprender (y sigo aprendiendo) a poner valor a mi trabajo, a ponerle un precio en forma de dinero. Aprendí a valorar lo que hacía y lo que hago. Y sigo aprendiendo. Emeledesma Creations, mi estudio creativo de collage, es todavía un proyecto recién nacido, reflejo de mi proceso de empezar a conocerme y a comprenderme. Es el brillo de todos los defectos que voy por ahí pretendiendo ocultar, pero también de mis virtudes. Es el reflejo de mis miedos, de las cosas que me cuestan, de mis puntos flacos, de los lugares en los que puedo dar más y de aquellos momentos en los que necesito pedir ayuda. Este proyecto es una forma de amar. Y emprender también es una forma de hacerlo.

Así que hoy, he venido a escribirte a ti, que lees estas palabras. Te escribo, no para decirte que cumplas tus sueños, sino para que te preguntes dónde está tu tesoro. Para que te cuestiones cuáles son tus dones. Para que tomes la decisión de coger tu linterna y alumbrar al mundo con ella, por pequeña que creas que es.

Te escribo para decirte que emprender es levantarte cada día por las mañanas. Es hacer cada cosa de tu día a día como si la hubieras elegido. Emprender es decidir cada día poner una sonrisa. Es conocerte desde dentro. Emprender es abrazar tus defectos (y también tus virtudes). Es decirle a quien amas que le amas, sin la boca chica, a pesar del miedo. Emprender es dar de ti lo mejor que hay. Coger un frasco y llenarlo de esa agua que sana y que cura, y quitarle todo el barro que ensucia el agua a base de llenarlo de agua —incluso hasta que vierta—, no de vaciarlo de barro.

Yo elegí y elijo cada día enseñar al mundo que todos tenemos una parte sensible que nos lleva a empatizar con los demás, a sentir muy fuerte, a emocionarnos con la luz que entra por la ventana cada mañana, a abrazarnos el corazón.

Pero también emprendo de otras muchas maneras cada día. ¿Cómo lo haces tú?

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