Entrevista a José Luis Acebes, director general del Instituto Secular Cruzados de Santa María

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José Luis en Santiago de Aravalle
Rosario en Santiago de Aravalle

Por Mar Carranza Jiménez

En esta ocasión reflexionamos sobre los «Movimientos eclesiales» con José Luis Acebes, director general del Movimiento de Santa María, alentado por el Instituto Secular Cruzados de Santa María. Buenas tardes, José Luis:

¿Qué es el Movimiento de Santa María (MoSM)?

Es el conjunto de todas las personas y grupos que comparten el carisma y la tarea evangelizadora con los Cruzados de Santa María. Participa de las notas constitutivas de los movimientos eclesiales: son realidades, integradas mayoritariamente por laicos, que se caracterizan por su dinamismo evangelizador —particularmente mediante el testimonio de conversión de sus miembros— así como por su carácter innovador y creativo.

Los miembros del MoSM contribuyen a la movilización del laicado en la sociedad actual, promoviendo la evangelización de las realidades temporales (la familia, la cultura, el trabajo, la amistad, la educación, etc.) al modo de la levadura. Su ámbito más querido es la formación de los jóvenes y de las familias.

Buscan el seguimiento de Jesucristo por medio de María. Son todo de María y en ella encuentran su protección como madre, maestra y modelo.

¿Cuándo y por qué nació el MoSM?

Surge del carisma otorgado por Dios al venerable P. Tomás Morales con las aportaciones recibidas de Abelardo de Armas.

El P. Morales, desde los inicios de su acción evangelizadora (a partir de los años cincuenta) impulsó la movilización de los laicos, valiéndose principalmente de la difusión de los ejercicios espirituales, unida a la evangelización de las empresas. Así, fueron surgiendo hombres que deseaban consagrarse a Dios en el mundo y dedicar sus vidas a la conversión de sus compañeros trabajadores. Con ellos fundó lo que sería después el Instituto Secular Cruzados de Santa María (y más tarde el de las Cruzadas de Santa María), así como la asociación juvenil Milicia de Santa María. Con el paso del tiempo, muchos de esos jóvenes fueron formando familias, pero continuaron con el deseo de vivir según el carisma que habían recibido. Surgieron así distintos grupos, vinculados de una forma u otra a los Cruzados.

En 1988 fueron aprobadas las Constituciones de los Cruzados de Santa María estableciendo que sus miembros pueden unir a ellos a fieles que «coherentes con las exigencias de su bautismo y su confirmación y conscientes de ocupar en la Iglesia un lugar en el que son insustituibles, vivan en abundancia la vida divina del laico consagrado por el bautismo, sin otra consagración especial alguna». Este documento es el cimiento que posibilitará el futuro edificio jurídico del MoSM.

¿Cuál es la misión de los consagrados dentro de un movimiento?

En la movilización de los laicos juegan un papel crucial los laicos consagrados. El P. Morales señalaba que esta movilización de los laicos «sólo se realizará si entre los bautizados viven hombres y mujeres que, sin dejar de ser laicos, están especialmente consagrados a Dios, conscientes de su vocación misionera. Sin ellos, acabarían desalentándose, antes o después, los demás cristianos, cuyo concurso es indispensable para que el mundo vuelva a Dios y viva en Él».

El papel de los consagrados seculares es, pues, el de servir de estímulo e imprimir extensión, profundidad y permanencia a los movimientos.

¿Hay sitio para todos en el MoSM?

Partimos de un dato previo: desde la fe, un movimiento eclesial no es como una asociación cultural o un club deportivo, en los cuales uno se apunta por afinidad o por afición. Propiamente hablando, los movimientos no son realidades que surgen desde abajo, de la decisión de los fieles de unir sus fuerzas para conseguir un fin. La iniciativa proviene del Espíritu Santo, que da el carisma y nos llama. En este sentido, está claro que en el MoSM hay lugar para todos, ya que el Espíritu Santo puede llamar a todos. Pero ello nos urge a una doble responsabilidad: la de recibir a todo el que llega, acogiendo la iniciativa del Espíritu Santo (sin actuar por gusto, afinidad o cualquier otra razón), y la de ayudarle a discernir a qué está llamado en el MoSM, y de este modo descubra su lugar en el mismo.

Un movimiento no puede convertirse en un «hogar-estufa», donde sus miembros se encuentren muy a gusto, «salvaguardados de los influjos negativos del mundo». El P. Morales nos decía que los aeropuertos no son hangares de aviones, sino que los aviones están hechos para volar…

En el MoSM hay sitio para todos los que estén dispuestos a encontrar a Jesucristo, y seguirle en medio de las realidades de cada día, alentados por la protección de la Virgen.

«Contemplativos en la acción» es carisma de los Cruzados de Santa María. ¿Cómo entiendes la acción y la vida espiritual en el MoSM?

Escribe el papa Benedicto XVI en Deus caritas est que «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva». Esto mismo ocurre con esta pequeña parcela de la Iglesia que es el MoSM. Así, toda acción apostólica brota del encuentro permanente con Cristo que vive en el propio interior, y el encuentro con Cristo impulsa la imitación de su vida y la misión evangelizadora.

¿Qué aporta el MoSM a sus integrantes (consagrados y laicos) y a la sociedad actual?

El documento de síntesis de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos después de su primera sesión (28.10.2023, n 10) constata que «Asociaciones laicales, movimientos eclesiales y nuevas comunidades son un signo precioso de la maduración de la corresponsabilidad de todos los bautizados. Su valor consiste en la promoción de la comunión entre las diferentes vocaciones, en el impulso con el que anuncian el Evangelio, en la proximidad a quienes viven una marginalidad económica o social, y en el compromiso por la promoción del bien común. Son con frecuencia modelos de comunión sinodal y de participación en vistas a la misión».

Estas palabras son al mismo tiempo una realidad (que podría ser avalada por muchos de los miembros del MoSM), y un auténtico reto.

Muchas gracias, José Luis.

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