España: una y diversa

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Santiago de Compostela
Santiago de Compostela

Se cuenta que Fernando el Católico, rey de Aragón y consorte de Castilla, a la pregunta del embajador florentino Francesco Guicciardini: ¿Cómo es posible que un pueblo tan belicoso como el español haya sido siempre conquistado, en todo y en parte, por galos, romanos, cartagineses, vándalos, moros?, respondió: La nación es bastante apta para las armas, pero desordenada, de suerte que solo puede hacer con ella grandes cosas el que sepa mantenerla unida y en orden.

Para Marcelino Menéndez y Pelayo España, evangelizadora de la mitad del orbe; España, martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de san Ignacio, esa es nuestra grandeza y nuestra unidad… no tenemos otra.

El ensayista Ramiro de Maeztu defendía que no hay en la historia universal obra comparable a la realizada por España, porque hemos incorporado a la civilización cristiana todas las razas que estuvieron bajo nuestra influencia.

Miguel de Unamuno, con su peculiar genio, afirmaba sin dejar lugar a dudas: Yo soy vasco y, por eso, doblemente español.

El catalán Joaquín Bartrina nos dejó la famosa estrofa: Oyendo hablar a un hombre, fácil es / acertar dónde vio la luz del sol; / si os alaba Inglaterra, será inglés, / si os habla mal de Prusia, es un francés, / y si habla mal de España, es español.

Para Emilia Pardo Bazán, en su obra La España de ayer y la de hoy, la leyenda dorada arraiga en la tradición y en la historia […] la leyenda negra falsea nuestro carácter, ignora nuestra psicología, y reemplaza nuestra historia contemporánea con una novela.

Asegura Mª Elvira Roca en Imperiofobia y leyenda negra, que la leyenda negra existe, y es leyenda, y es negra.

Para aportar algo de nuestra cosecha, creemos que España sigue siendo centro de batallas; por eso tenemos que seguir recurriendo al apóstol Santiago. Él nos tiene que guiar en las batallas contra nuestros egoísmos e intereses particulares, en las batallas contra la miope mediocridad que se instala en la holgazanería, en las batallas contra los actualizados reinos de taifa en los que nos ha sumergido la actual clase política, en las batallas contra el complejo religioso que nos imponen los medios de comunicación, en las batallas ideológicas contra la dictatorial y aberrante ideología de género, etc.

Está la situación difícil, pero tenemos dos grandes apoyos: el apóstol Santiago y la Virgen del Pilar. Ellos fueron el punto de unión cuando España fue grande. Ellos pueden ser el punto de encuentro de una nación tan plural como refleja el variopinto mosaico de opiniones que presentamos. Un mosaico que muestra la realidad de nuestra patria: España: una y diversa.