Etsuro Sotoo, el Gaudí japonés

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Etsuro Sotoo, el Gaudí japonés
Etsuro Sotoo, el Gaudí japonés

En este mes de mayo, concretamente el día 13 (festividad de la Virgen de Fátima) se cumple los 25 años de la solicitud oficial al arzobispado de Barcelona de la apertura del proceso de beatificación del genio y arquitecto universal Antoni Gaudí. Cuatro años después, la Conferencia Episcopal Tarraconense aprobó el inicio de dicho proceso. Finalmente, en otro 13 de mayo, esta vez de 2003, se llegó a la clausura del proceso de beatificación en su fase diocesana.

Siendo cierto que «por sus obras los conoceréis» (Mt 7,16) cabría pensar de inmediato en la gran obra material de Gaudí: el templo expiatorio de la Sagrada familia. Pero hay otras obras, estas espirituales, de mucha mayor trascendencia. Como es la conversión de una persona desde la increencia a la fe, o desde el budismo al cristianismo. Tal fue la obra espiritual que Gaudí, a través de la obra material de la Sagrada Familia, alcanzó de un japonés: Etsuro Sotoo.

Su encuentro con la obra de Gaudí

Etsuro nació en Fukuoka en 1953. Estudió Bellas Artes en la universidad de Kioto, graduándose en 1977. Comenzó de inmediato una intensa tarea docente, nada menos que en seis escuelas, obligándose a viajar constantemente entre dos ciudades. Pero eso le impedía secundar su auténtica vocación: trabajar manualmente con la materia, especialmente con la piedra. De modo que, finalizado el curso académico, decidió viajar a Europa porque, reconocía, «es donde la cultura de la piedra está más viva». Llegó a Barcelona en 1978 y al visitar la Sagrada Familia quedó fascinado. «Aquella era la piedra que quería trabajar, me llamaba desde dentro, y en ella encontré mi alma de artista».

Decidido a quedarse, fue admitido (tras una prueba de idoneidad) como escultor, comenzando su tarea con total dedicación y plena ilusión. Trabajaba —y con notable éxito— la piedra, pero insensiblemente la piedra le iba transformando. Por eso afirma que «al tiempo que construía la Sagrada Familia, esta me iba construyendo internamente».

En efecto, una y otra vez, a fin de progresar, debía mirar al legado de Gaudí, a cuanto había quedado de sus planos o maquetas. Pero «acabé descubriendo que para avanzar no debía mirar a Gaudí, sino mirar a donde él miraba: a Dios». Un Dios vivo que constituía la plenitud de la existencia de Gaudí. Así Etsuro llegó a convencerse —en palabras propias— de que «tenía que estar donde estaba él (Gaudí): en el mundo de la fe».

Largos años, pues, de progresivo conocimiento de la fe católica, y que simultáneamente iban perfeccionando su labor escultórica. Testimonio de ello es la realización de las figuras de los ángeles músicos y los niños cantores de la fachada del Nacimiento. También las cestas de frutas que coronan los pináculos de las torres de los evangelistas. Y más recientemente, las puertas de aluminio policromado de la portada de esta misma fachada del Nacimiento.

No en vano Etsuro, en el Parlamento Europeo, en Bruselas, acuñó la idea de que la Sagrada Familia sería la catedral de Europa.

Su encuentro con Cristo

La fruta iba madurando. Quedaba el toque final de la Gracia para pasar de la piedra muerta a la piedra viva que es la Iglesia y que somos cada uno de sus hijos —También vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción de una casa espiritual (1Pe 2,5)— Etsuro va a pasar de la «petra» a la Iglesia de «Petrus».

¿Cómo fue ese momento clave de la conversión? Él mismo lo ha narrado en más de una ocasión: «A finales de 1991 viajaba yo en avión de Madrid a Barcelona. Junto a mi asiento observé a una mujer con una criatura en brazos. Me emocioné viendo el amor con que le atendía. Esta escena, acrecentada por el amor que también yo como padre sentía por mi hija Yuki, me hizo reflexionar. Pensé: “Si este es el amor humano, ¿cómo será el amor divino?”. Fue el empujón que yo necesitaba. Al llegar a Barcelona solicité ser bautizado para participar yo también con la mayor plenitud de ese amor divino…».

Y el 3 de noviembre de 1991, en la cripta del templo de la Sagrada Familia, junto a la tumba de Gaudí, fue bautizado por Mons. Carrera Planas, obispo auxiliar de Barcelona. «Como recordatorio de la ceremonia —escribe Etsuro— escogí una fotografía de la imagen de la Virgen del portal del Rosario, centro al que hay que mirar siempre a lo largo de la vida, también en medio de las tentaciones, que están representadas en dicho portal».

Etsuro, en ese momento, adoptó el nombre de Lucas Miguel Ángel Sotoo. Aunque en su país natal siguen llamándole «el Gaudí japonés». Desde entonces, Sotoo, como conferenciante, ha dado valiente testimonio de su conversión y de su fe en Japón, Italia y diversos países de Hispanoamérica.

Su esposa, la afamada concertista de piano Hisako Hiseki, se bautizó posteriormente, así como su hija Yuki.

Nuevo testimonio

Un último testimonio recogido para el proceso de beatificación de Gaudí, es el de un coreano muy distinguido, Jun Young-Joo, director de la Cámara de Comercio e Industria de Pusan (Corea). Escribía así el 19 de marzo de 1998: «La arquitectura de Gaudí es conocida por su belleza artística. Ésta combina elementos clásicos y góticos y se pone de manifiesto a través de espacios fantásticos. Pienso que todavía debería darse más importancia a su afición armónica por la naturaleza y el medio ambiente, que pone en evidencia la existencia de Dios a través de su obra.

Gaudí, con su búsqueda constante de la verdad realizaba obras que hacen que toda persona descubra el hálito divino que palpita en ellas. Su arquitectura merece el elogio de la gente, ya que escribió poesía con su arquitectura.

No puedo olvidar el impacto religioso que me causó la visita a Barcelona para preparar una exposición de Gaudí. Estuve en el templo de la Sagrada Familia como parte de mi recorrido de las obras de Gaudí alrededor de Barcelona. Me es imposible describir la huella que dejó en mi corazón. No pude menos que inclinar mi cabeza ante la solemnidad, la santidad y la grandeza del edificio. Un sentimiento profundo embargó mi corazón. A través de las obras de Gaudí, y del toque divino que tienen, me convencí de la existencia de Dios.

Aunque antes he sido un budista devoto, me convertí al catolicismo al regresar a Pusan, por la intensa inspiración causada por las obras de Gaudí.

La exposición gaudiniana que ha tenido lugar en Pusan bajo mi supervisión ha sido sin duda un trabajo predestinado por Dios. La gente pudo admirar, no solo sus trabajos artísticos, sino también su dedicación a Dios a través de su vida. Gaudí está predicando la fe católica al mundo entero a través de su arquitectura. Y empuja sin duda a los artistas a avanzar en su búsqueda de Dios».

Hoy, este coreano forma parte de la Asociación que promueve la beatificación de quien, de ser canonizado, sería el primer arquitecto de la Historia elevado a los altares.