Fátima, pasos del itinerario jubilar

100 aniversario apariciones de Fátima

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Fátima
Fátima

Por P. Rafael Delgado

El Centenario de las Apariciones de Fátima está dando lugar a una oleada de peregrinaciones jubilares que ponen de relieve la perenne actualidad del Mensaje que la Virgen transmitió a la humanidad a través de los humildes pastorcillos Jacinta, Francisco y Lucía. «Se equivoca quien piensa que la misión profética de Fátima está acabada», dijo el Papa Benedicto en su visita a Fátima en 2010 y añadió: «aquí resurge el plan de Dios que interpela a la humanidad». En estas líneas vamos a presentar esa «misión profética de Fátima» siguiendo las estaciones del recorrido jubilar que el Santuario propone a los peregrinos. En cada lugar del itinerario se proponen las oraciones necesarias para alcanzar la gracia jubilar y poner en práctica los consejos de la Virgen. Son cuatro Estaciones: el Pórtico del Centenario, lugar donde se reza el Credo apostólico; la capilla de las Apariciones, con el rezo del Rosario; las tumbas de los pastorcillos, en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Fátima: —aquí se reza por el Papa—; y la Capilla del Santísimo Sacramento, instituida originalmente para orar por la Paz, situada en lo alto de la explanada, en las inmediaciones de la Basílica de la Santísima Trinidad.

1. «Dios mío, yo creo»

El recorrido jubilar se inicia en el Pórtico del Centenario con la profesión de fe. Muy cerca de este lugar se encuentra la escultura dedicada al beato Pablo VI, el primer Papa que peregrinó a Fátima, precisamente en el 50 aniversario de las Apariciones, el 13 de mayo de 1967. El Papa, que acababa de concluir el Concilio Vaticano II y había convocado el Año de la Fe, dijo entonces: La fe en Dios es la luz suprema de la humanidad, y esta luz no debe apagarse en el corazón de los hombres. El hecho de que se nos invite a comenzar profesando nuestra fe mediante el Credo es muy significativo para comprender el núcleo del Mensaje de Fátima.

Las apariciones de la Virgen fueron precedidas por las del Ángel, a lo largo de 1916, que enseñó a los tres niños a rezar: «Orad así: los Corazones de Jesús y de María están atentos a vuestras súplicas». La primera oración que les enseñó dice: «Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman». Cuenta Lucía que sentían intensamente la presencia de Dios en las apariciones del Ángel y comprendían quién es Dios, cómo nos ama y desea ser amado, así como el valor del sacrificio para alcanzar la gracia de la conversión de los pecadores. Cuando la Señora venida del cielo, les comunica a los pastorcillos, en la primera aparición del 13 de mayo de 1917, la luz que a ella la envuelve, los niños se ven a sí mismos en Dios y se sumergen en profunda adoración. La Señora es la Maestra que introduce a los pequeños videntes en el conocimiento íntimo del Amor trinitario y los conduce a saborear al mismo Dios como el hecho más hermoso de la existencia humana (Benedicto XVI).

Podemos concluir esta primera Estación del itinerario jubilar señalando que el mensaje de Fátima es una gran invitación maternal a la fe y a la conversión, a la vuelta a Dios, en los albores del siglo XX. Cuando Juan Pablo II visita Fátima en 1982, un año después de sufrir el atentado, describe con amargor cómo el pecado ha adquirido un fuerte derecho de ciudadanía y la negación de Dios se ha difundido en las ideologías, en las concepciones y en los programas humanos. Y concluye que precisamente por eso, la invitación evangélica a la penitencia y a la conversión, expresada en las palabras de la Madre, continúa todavía actual. Más actual que hace sesenta y cinco años atrás. Y hasta más urgente. Comprendemos entonces la importancia de renovar la fe y de profesarla para testimoniarla ante el mundo de hoy.

2. «Rezad el Rosario todos los días»

La segunda Estación nos lleva a la Capilla de las Apariciones y allí recordamos los diálogos de la Virgen con los pastorcillos. Como el P. Eduardo Laforet, abrimos los oídos para acoger el mensaje de la Señora como dirigido a nosotros: Escucha hoy una invitación amorosa: hace solo algunos años la Virgen nos traía del cielo la respuesta misericordiosa de Dios a la rebelión de los hombres… ¿Serás tan tibio y olvidadizo que resistas a la voz de María?… La Virgen te suplica esperanzada y llena de amor: ¿Quieres ofrecerte a Dios para soportar todos los sufrimientos que quiera enviarte, en reparación por los pecados con que es ofendido y en súplica por la conversión de los pecadores?

A la respuesta generosa de los tres niños, la Virgen les asegura que la gracia de Dios les fortalecerá y, después de irradiar sobre ellos la luz de Dios, les pide que recen el Rosario todos los días para alcanzar la paz del mundo. En las siguientes apariciones, la Señora no deja de pedir que se rece el Rosario y añade al final de cada misterio esta súplica: Oh, Jesús mío perdónanos, líbranos del fuego del infierno, lleva a todas las almas al cielo, especialmente a las más necesitadas. Los pastorcillos han contemplado el infierno y la Virgen les ha dicho que para salvar a las almas de los pecadores Dios quiere establecer en el mundo la devoción a su Inmaculado Corazón.

Quizás nos pueda parecer una devoción más a la Virgen, una advocación entre otras, pero en el mensaje de Fátima se da a entender que el Corazón Inmaculado de María expresa el triunfo de Dios sobre el pecado y sus consecuencias en la historia reciente. El entonces Cardenal Ratzinger lo explicó de manera admirable en la explicación teológica del tercer secreto de Fátima:

«Mi Corazón Inmaculado triunfará. ¿Qué quiere decir esto? Que el corazón abierto a Dios, purificado por la contemplación de Dios, es más fuerte que los fusiles y que cualquier tipo de arma. El fiat de María, la palabra de su corazón, ha cambiado la historia del mundo, porque ella ha introducido en el mundo al Salvador, porque gracias a este Dios pudo hacerse hombre en nuestro mundo y así permanece ahora y para siempre. El maligno tiene poder en este mundo, lo vemos y lo experimentamos continuamente; él tiene poder porque nuestra libertad se deja alejar continuamente de Dios. Pero desde que Dios mismo tiene un corazón humano y de ese modo ha dirigido la libertad del hombre hacia el bien, hacia Dios, la libertad hacia el mal ya no tiene la última palabra. Desde aquel momento cobran todo su valor las palabras de Jesús: padeceréis tribulaciones en el mundo, pero tened confianza; yo he vencido al mundo (Jn 16,33). El mensaje de Fátima nos invita a confiar en esta promesa».

Entonces, consagrarse al Corazón Inmaculado de María es hacer nuestro el «hágase» de la Virgen, viviendo espiritualmente en ese Corazón que se ha olvidado por completo de sí mismo para dar una respuesta de amor total a Dios y a los hermanos. Al rezar el Rosario, ponemos nuestros ojos y nuestro corazón en Jesús, contemplamos los misterios de su vida y aprendemos a dejarle que se encarne en nosotros pronunciando nuestro «hágase-estar» con el Corazón Inmaculado de la Virgen.

3. Orar por el Santo Padre

La tercera estación del itinerario jubilar nos lleva a la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Fátima, ante los sepulcros de los videntes, los beatos Francisco y Jacinta y sor Lucía. Aquí se nos invita a rezar por el Papa, condición para alcanzar la indulgencia plenaria, y también intención muy vinculada al mensaje de la Virgen. La pequeña Jacinta sintió a partir de la primera aparición un impulso a orar por el Santo Padre, pues unos sacerdotes le explicaron que debía rezar por él. En varias ocasiones tuvo visiones en las que veía al Papa en medio de un gran sufrimiento y eso le llevaba a rezar por él, especialmente al finalizar el rosario. San Juan Pablo II, al beatificar a Jacinta en el año 2000, junto a su hermano Francisco, quiso agradecer este hecho: Expreso mi gratitud también a la beata Jacinta por los sacrificios y oraciones que ofreció por el Santo Padre, a quien había visto en gran sufrimiento.

El valor de la oración por el Papa ha quedado manifiesto al conocerse el contenido del tercer secreto de Fátima, una visión que anunciaba el atentado que Juan Pablo II sufrió el 13 de mayo de 1981 en la plaza de San Pedro del Vaticano. Como el mismo Santo Padre reconoció poco después, una mano materna guio la trayectoria de la bala, y el Papa agonizante se detuvo en el umbral de la muerte. El comentario teológico no puede ser más esperanzador: Que una «mano materna» haya desviado la bala mortal muestra solo una vez más que no existe un destino inmutable, que la fe y la oración son poderosas, que pueden influir en la historia y, que al final, la oración es más fuerte que las balas, la fe más potente que las divisiones.

No podemos menos de recordar la ofrenda de la vida del P. Eduardo Laforet por el Papa el mismo día del atentado, ofrenda realizada a impulso de la Virgen, consultada con su Director, hecha ante el Sagrario del Hogar de la Cruzada en Pamplona. Su ejemplo nos anima a orar y sacrificarnos por el Papa.

4. «Nos mandó rezar por la Paz, para acabar con la guerra»

El camino jubilar nos lleva finalmente ante Jesús Eucaristía, adorándole en la Capilla del Santísimo Sacramento. La Virgen es cristocéntrica: siempre nos lleva a Jesús, el Salvador. Por otra parte, la oración por la Paz está muy presente en el mensaje de Fátima. La Paz es la consecuencia de la penitencia y de la conversión, del volver a Dios abandonando el pecado. La Paz es un don que se alcanza por la mediación del Corazón Inmaculado de María. Se nos propone esta oración para rezar en este lugar:

«Señor, Padre Santo, que en Jesús nos diste tu paz y por Él nos quisiste conducir a tu corazón —en este lugar en el que la Virgen María nos invita a la oración por la paz del mundo y en el que el Ángel de la Paz nos exhorta a adorar solamente a Dios—, nosotros te pedimos que entre los pueblos reine la concordia; que los responsables de las naciones encuentren caminos de justicia, que todos alcancemos la paz del corazón y que, por intercesión de la Reina de la Paz, seamos constructores de un mundo más fraterno».

«Mi Inmaculado Corazón será tu refugio»

El recorrido jubilar nos ha hecho comprender la actualidad del mensaje profético dejado por la Virgen en Fátima. Es cierto que algunos acontecimientos a los que se refieren algunas partes del mensaje, como el tercer secreto, parecen formar parte del pasado. Pero queda de válido lo sustancial: La exhortación a la oración como camino para la salvación de las almas y, en el mismo sentido, la llamada a la penitencia y a la conversión (Card. Ratzinger).

La «Mujer vestida de sol» sigue irradiando la belleza de la luz de Dios sobre los peregrinos que acuden a Fátima, sigue ofreciendo su Corazón Purísimo como refugio y como camino para conducir hasta Dios. Y también sigue buscando, como vemos que Dios hizo en la Sagrada Escritura, a algunos justos para salvar la ciudad de los hombres de las consecuencias del pecado. ¿Nos pareceremos nosotros en nuestra respuesta a Jacinta, Francisco y Lucía?:

Recuerda cómo los tres pastorcillos cumplían con exquisita fidelidad el encargo de la Virgen. Multiplican pequeños y grandes sacrificios, repiten incansables la súplica que María les ha enseñado, los tres se ofrecen incondicionales, cada uno a su estilo… ¿Y tú?

(P. Eduardo Laforet)