Fe, ciencia y experiencia

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Caminata Cieneguilla
Caminata Cieneguilla

Por Carlos Eduardo Rojas

Mi primer encuentro con el Movimiento Santa María lo marcó la presencia del célebre jesuita P. Manuel Carreira (sacerdote Jesuita, teólogo y astrofísico español) en el Perú. Era el año 2004, mientras cursaba el tercer ciclo de la carrera de Ingeniería Económica en la UNI (Universidad Nacional de Ingeniería), me invitaron a una conferencia sobre bioética. La charla me motivó a decidir que era momento de retomar la fe con un poco más de seriedad que hasta ese momento.

En el evento conocí a tres militantes peruanos (hoy excelentes amigos) que me invitaron a las reuniones en el Hogar Alzamora, centro pastoral del grupo. Luego de unas semanas me animé y asistí en compañía de un amigo del colegio. Recuerdo la primera reunión o el primer círculo —como se denomina—, que comenzaba con la exposición de un tema utilizando una pizarra con ruedas. Acto seguido, breves preguntas al tema; y de fondo, intervenciones de los presentes acerca de sus «hazañas apostólicas» en el día a día.

Se percibía un ambiente, un estilo de vida, en el que no se perdía el tiempo y que a la vez te ayudaba a pensar en realidades que no son ajenas a uno, pero que no las tomamos en consideración. Recuerdo que ese día, con cierta ansiedad, esperaba mi turno para intervenir —no necesariamente porque lo desease—, sino porque como todos intervenían, me iba a tocar, y, efectivamente, me tocó y hablé. La verdad es que me ayudó a superarme y sentí como mío el catolicismo.

En alguna de las reuniones, comenzaban a aparecer conceptos relativamente nuevos para mí y otros que adquirían mayor profundidad como: santidad, rosario, flores del mes de mayo, campaña de la Inmaculada, Estar… Dichos conceptos adquirían un sabor especial al ser vividos con el espíritu mariano.

Impulsado por las reuniones semanales, con las caminatas y actividades de apostolado, comencé a valorar un poco más mi fe. También ayudó el testimonio de los militantes «antiguos», sobre todo su celo apostólico y su amor a la Virgen. Toda actividad comenzaba invocando la intercesión de María, desde el desayuno a las caminatas, los círculos de estudio…

En medio de este ambiente, se proponía un camino de santidad, con un único modelo: Cristo, a través de María, y los militantes santos por María. Cada una de las actividades fue moldeando poco a poco mi cariño hacia María. Y es que cuando uno va conociendo a alguien, se va haciendo más familiar y cercana a ti, y de ese modo vas confiando más en esa persona.

Una de las cosas que más me ayudó fue observar a mi madre terrenal y los sacrificios que ha hecho y sigue haciendo, día a día, por mí; pensaba que la madre celestial, la Virgen no podía hacer menos.

Mi vida alternaba principalmente entre la universidad y los sábados dedicados a la Virgen en el grupo. Luego de unos meses, cuando el horario de universidad me lo permitió, pude asistir a Ejercicios Espirituales de tres días en la casa de Ñaña del P. Juan Álvarez, del JUN. Allí descubrí lo que considero esencial en un militante de Santa María. De hecho, creo que mi vida es la aplicación cotidiana de lo que allí aprendí. Les cuento algunos ejemplos.

Cuando me encontraba laborando en una entidad estatal, después de unos meses, me animé a rezar el Ángelus en la oficina. Primero comenzamos unos pocos, con el transcurrir de los días se nos unieron algunos compañeros más del área; de pronto, ya éramos unas 10 personas las que deteníamos las labores, a las 12, unos 5 minutos, para reunirnos y rezar el Ángelus, comentar brevemente alguna lectura que nos animaba a hacer bien las cosas.

Semana Santa Pachacamac
Semana Santa Pachacamac

Recuerdo que, para la campaña de la Inmaculada, se me ocurrió conversar con la jefa de Recursos Humanos de la empresa, conocida sobre todo por sus reacciones algo explosivas y por su tiempo limitado, para sugerirle enviar una invitación a todo el personal de la empresa a través de Recursos Humanos. Recordé las frases del padre Morales: La Inmaculada nunca falla, y que para vencer el miedo hay que enfrentarlo. Tomé valor, subí por las escaleras 14 pisos (no fui por ascensor porque me habían recomendado que subir escaleras hace bien para la salud), pensando en lo que podría decir, y cuando llegué saludé a la jefa y saqué el volante de invitación a todo color para la Vigilia de la Inmaculada. Antes de decirle algo, sorpresa mía, me dijo: «¡Ah, qué linda santa Rosita!». Sorprendido, le dije que era la Virgen María, la Inmaculada, cuya fiesta es el siete próximo (estábamos a casi 2 semanas). Le dejé el volante, la invité y le solicité autorización para enviar una presentación en PowerPoint para difundir en la empresa mediante los correos. Me dijo que no habría inconveniente y que sí podía hacerlo. La Inmaculada «no falló» y facilitó todo.

Otro momento grato fue el motivado por las campañas para difundir la Marcha por la Vida, saliendo a pegar carteles por las calles, en los postes, en las tiendas, en la universidad. El mismo día de la marcha, salíamos con nuestro humilde altavoz para poder gritar a viva voz los lemas a favor de la vida.

Para los campamentos de Santa María, la Virgen me animó a preparar unos volantes para invitar en mi parroquia. Recuerdo que, en los avisos parroquiales, me daban unos minutos para poder promocionar el campamento. Por este medio, acudieron cinco jóvenes que regresaron felices. También difundo un periódico católico: «Correo Mariano».

Siempre tendré presente la experiencia de haber viajado a España como coordinador del grupo de militantes peruanos a la JMJ del 2011, la acogida especial de los militantes españoles, la visita al santuario de Fátima, a Santiago de Aravalle y el encuentro emotivo con Benedicto XVI en la vigilia en Cuatro Vientos, en donde por más que se le volaron los papeles al Papa, sus ganas de seguir con los jóvenes no se fueron; en esa Vigilia nos dijo que «nuestra fuerza es mayor que la lluvia». En resumen, la JMJ me ayudó a madurar en mi fe y vivir con más intensidad mi relación con Jesús y María.

Hoy por hoy trabajo como ingeniero economista, responsable del equipo de Estudios de Pre-inversión dentro de un Programa del Ministerio de Educación del Perú. Agradezco a la Virgen por seguir perseverando, y, en particular por la ayuda de los retiros mensuales y el apostolado, que me ayudan a estar en forma y no «oxidarme» espiritualmente.