Fortaleza, escucha, compromiso

Un coloquio sobre la Iglesia sinodal

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Un coloquio sinodal
Un coloquio sinodal

«El Sínodo es un itinerario de discernimiento espiritual efectivo, que no emprendemos para dar una imagen bonita de nosotros mismos, sino para colaborar mejor con la obra de Dios en la historia. Por tanto, si hablamos de una Iglesia sinodal no podemos contentarnos con la forma, sino que necesitamos la sustancia, los instrumentos y las estructuras que favorezcan el diálogo y la interacción en el Pueblo de Dios, sobre todo entre los sacerdotes y los laicos» (papa Francisco, 09.10.2021).

Esta advertencia del papa Francisco nos ofrece la oportunidad de mantener un coloquio distendido con cuatro personas del Movimiento de Santa María: Adolfo, Ángela, Marta y Nati. Tres de ellos son estudiantes, jóvenes llenos de ilusiones. Nati es la mujer madura que aporta el conocimiento acumulado que da la experiencia de la vida. Tienen en común su amor a Cristo y a la Iglesia.

Pregunta. ¿Qué creéis vosotros que es fortalecer la Iglesia?

Marta. Creo que fortalecer la Iglesia es un camino lento, de pequeños peldaños, que se transita entre todos con el fin de descubrir nuestros puntos débiles y ver de qué modo, con qué herramientas y apoyos se puede contar para mejorar.

Nati: Es un camino de todos, jerarquía y laicado. Debemos observar con amplitud de miras los nuevos tiempos, pero al mismo tiempo —y lo más importante— conservar la pureza del mensaje de Cristo.

Adolfo: Fortalecer es integrar de forma sencilla y humana a la mayoría, con muchísima amistad, sin formalidades, buscando el encuentro con Dios y con el otro, a través del arte, la cultura, el deporte, etc.

Ángela: Creo que es vivir una Iglesia de todos, abierta a los demás, fortaleciendo las relaciones entre las personas, entendiendo que todos somos Iglesia. No debemos dar una imagen cerrada, y ritualista. Es fundamental vivir en actitud de servicio: yo estoy para ti y tú estás para mí. Yo estoy contigo y te ayudo a levantarte, pero sé que, si me caigo, vas a estar ahí para ayudarme. Debemos ser capaces de perdonarnos y perdonar, evangelizando con el ejemplo de la escucha, del dialogo y del respeto. Es muy importante ser humildes.

P. El Papa habla de discernimiento. ¿Cómo se debe hacer este discernimiento?

Adolfo: Entiendo el discernimiento como examen de conciencia. Intentar hallar un sentido a las cosas. Es un paso en el proceso de toma de decisiones; me puede gustar una cosa y me puede gustar otra, pero una tiene sentido en mi vida y no la otra, la una es buena para mí y la otra no.

Marta: Discernir es compromiso y sacrificio, siempre hacia un fin. Está dirigido, por un lado, a la renuncia y por otro lado a la entrega: ¿qué se puede hacer para tratar de alcanzar los objetivos que tiene la Iglesia? Se trata, de ver en lo que podemos apoyarnos para crecer como Iglesia.

Nati: El discernimiento lo tengo que basar en una motivación y mi capacidad de elección. ¿Qué me motiva a mí en la vida a la hora de elegir una cosa u otra? ¿Qué me lleva a formar parte de la Iglesia y compartir el mensaje de Cristo con los demás? Y en base a eso elegir. Como miembro de la Iglesia, el discernimiento personal ha de ser motivado en función de un mejor servicio a Dios a través de movimientos de la Iglesia.

Angela: Creo que discernir es escuchar; escucha exterior y escucha interior. El Señor nos habla a través de las personas, los acontecimientos y las cosas, por lo tanto, haciendo silencio y escuchándote a ti misma y al Señor, haces un uso consciente de tu libertad interior.

P. ¿Qué problemas detectáis en el mundo de hoy y por tanto en la Iglesia?

Nati: En el primer mundo se dan varias circunstancias; por un lado, Occidente está endiosado con el progreso, el bienestar y la comodidad. No hay tiempo para la trascendencia, para escuchar, para el sacrificio y la entrega. Por otro lado, nuestra Iglesia está envejecida, nuestros sacerdotes son mayores y no tenemos vocaciones. Los laicos debemos preguntarnos qué papel debemos tener en la Iglesia.

Situación distinta se vive en los países en vías de desarrollo, allí hay mucha savia nueva. Los sacerdotes jóvenes, están muy identificados con el caminar de cada día de las gentes, las relaciones son muy fluidas, frescas, más espontáneas y por tanto hay más participación de todos en todo.

P. ¿Qué creéis que necesita la Iglesia del siglo XXI?

Marta: La Iglesia necesita mostrar un mayor acercamiento a los jóvenes, sentir que estamos siendo escuchados. Se deberían fomentar más proyectos y encuentros de jóvenes como la Jornada Mundial de la Juventud, para que los jóvenes sintamos el atractivo de la verdad y de Cristo.

Adolfo: Necesita una apertura y una aceptación de toda la diversidad y de todo el que quiere acercarse.

Nati: Creo que hemos olvidado el atractivo de Cristo, que es una persona atrayente: su grandeza —Dios encarnado—, su mensaje, su vida, su fuerza. Pienso que los jóvenes no están recibiendo el mensaje de ese Cristo absolutamente hermoso.

Ángela: Necesita adaptarse a los tiempos. Si queremos abrir la Iglesia y llegar a los demás, debemos observar y escuchar sin olvidar los pilares fundamentales del cristianismo.

P. ¿Qué deberíamos hacer para que la sinodalidad no se convierta en un diálogo de intelectuales?

Marta: Es muy importante el compromiso por nuestra parte.

Adolfo: Debe haber relación personal, de amistad, debemos escucharnos unos a otros siendo el amor el corazón de nuestra unión. Además, es muy importante hacer de los textos bíblicos forma de vida.

Nati: Lo primero, ser conscientes de que queremos participar en ese cambio. Una vez que somos conscientes de ello es muy importante que nos comprometamos. Además, no olvidemos el amor, como decía Adolfo, sin él la Iglesia deja de ser Iglesia.

P. ¿Cómo nos podemos implicar los laicos en la Iglesia?

Nati y Marta coinciden en que es muy importante ofrecerse en la parroquia porque es la comunidad de fieles más cercana a la realidad y las necesidades del día a día. Ángela dice que lo más importante es invitar: «ven y verás», mostrándonos como seguidores de Cristo en humildad y acogida. Por último, Adolfo explica que es sustancial ser ejemplo de la alegría del Evangelio en la amistad y en todas las relaciones personales.

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