(In/de)formando a los futuros educadores

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(in/de)formormando. Foto: Andrés de León
(in/de)formormando. Foto: Andrés de León

Por Javier Cascón

No hay una verdad absoluta, dice la ponente en los treinta primeros segundos de su charla.

Para situarnos un poco, estamos en un aula de cuarenta alumnos del Doble Grado de Magisterio y Humanidades. Hoy ha venido la asociación Colegas a ampliar nuestra formación.

En la primera hora de clase nos explica conceptos básicos: diferencias entre sexo, género, identidad de género, expresión de género y orientación sexual. Cada concepto es independiente del anterior y en cada persona se da de una manera. Después se centra en la orientación sexual. Dentro de este concepto la ponente nos habla, por encima, de las diferencias entre asexual, transexual, bisexual, alosexual, transgénero, no binario, homosexual, intersexual, heterosexual, pansexual, demisexual y «queer». Se para aquí porque nos ve bastante confundidos y prefiere no explicar más tipos y subtipos de orientaciones sexuales.

En este momento de parón de la explicación levanto la mano y le pregunto si en su asociación hay gente cuya orientación sexual es hacia los animales o hacia los robots (en Cataluña hay un prostíbulo de robots). El representante de ‘Colegas’ al ver que algunos de mis compañeros de clase me miran con caras raras me dice que es una buena pregunta y que ya se la han hecho varias veces en las últimas charlas que ha dado. Entonces responde que no, en su asociación no hay ningún caso de esos. También nos cuenta el caso de un señor al cual le atraían las berenjenas.

Tras esto continuamos con la explicación y nos habla de las etiquetas. El ponente dice que hoy en día se ponen demasiadas etiquetas y que las cosas no deben ser así. Nos dice que no debemos estancarnos y etiquetarnos en un cajón: un día puedes estar con un chico, pero si a los dos meses te empieza a gustar una chica puedes tener relación con la chica. Cada persona se construye a sí misma. Lo que debe gustarnos es la persona que vemos y no su expresión de género.

Entonces le pregunto que dónde queda el compromiso entre las personas, si cada día que te levantas puede gustarte una persona y si cada día te vas construyendo a ti mismo, nada sería fijo y puedes realizarte a ti mismo a tu antojo. A esta pregunta me responde «ya, bueno, también puede caerse un ladrillo y darte en la cabeza y morirte en ese momento, nunca sabes lo que puede pasar».

Así llegamos a la segunda hora. En ella nos habla sobre la LGTBIfobia y nuestro papel como futuros docentes para evitarla. Nos habla también sobre el respeto y la libertad. La chica que explica el tema —y que es policía— nos dice también que no hay que poner trabas a la persona que busca cambiarse de sexo porque esto puede ser malo para su desarrollo, las trabas deben ser penalizadas. Se debería agilizar el papeleo y hacer caso a lo que la persona siente porque es la que mejor lo puede saber.

A continuación, dice que deberíamos empezar a ver normal a una chica en el vestuario de chicos o a un chico en el de chicas porque a lo mejor se están cambiando de sexo. Esto en otros lugares del mundo se soluciona con baños para transexuales por un lado, para hombres por otro y para mujeres por otro.

Entonces yo respondo utilizando la argumentación de llevar el caso al absurdo, que es a lo que me está sonando todo esto. Le digo que eso sería una locura porque en las discotecas, por ejemplo, cualquier chico podría decir que se siente chica para intentar pasar gratis y, si alguien le pone algún impedimento, podría ser penalizado. Un ejemplo que parece muy surrealista pero que a lo mejor no está tan lejos. Y eso cabe imaginarlo con todas las asociaciones, equipos deportivos, escuelas…

Entonces, si quieres recibir una charla de la asociación ‘Colegas’ no dudes en llamarles; últimamente están moviéndose mucho. ¡Ah!, pero ten en cuenta varios detalles: no nombrarán ni un solo dato científico y su charla se sustentará en la libertad individual y en el relativismo. Libertad individual porque es lo único que importa; la naturaleza y la genética no juegan un papel importante. Y relativismo porque, ya sabes, no hay una verdad absoluta.

Así acaba la exposición del tema muy resumido; para otro día ya os contaré las diferencias entre transexual y transgénero o cómo pienso entrar sin pagar en la próxima discoteca.

Bromas aparte, me di cuenta del reto que está suponiendo esta ideología y la gran mentalización que están llevando a cabo entre los futuros docentes.

A mí me tocó dar testimonio entre mis compañeros en esta ocasión, pero intuyo que no va a ser la última vez que me voy a encontrar con este tema en mi futura profesión de maestro.