Juventud siempre dispuesta

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Juventud de diferentes culturas
Juventud de diferentes culturas

Hoy como ayer, y mañana como hoy, la juventud ambicionará siempre, a pesar de las apariencias, lo eterno, divino, trascendental.

A veces oímos decir: «Se podía trabajar con los jóvenes así, ¡en otros tiempos! Actualmente los jóvenes están hastiados, alérgicos a las realidades de la fe…» Estas palabras me recuerdan siempre lo que oí en 1949, cuando nacía en Madrid una obra cristiano-social con la juventud. Algunos comentaban: «Los jóvenes no son ahora como en 1939, al acabar la guerra. Han pasado diez años, han cambiado mucho, ya no se les puede exigir tanto».

Me acordé entonces, sin querer, de mis años universitarios. Al surgir la Confederación Nacional de Estudiantes Católicos, del 20 al 30, se decía algo parecido: «Los jóvenes ahora no son como antes de 1919. Es una generación completamente distinta. Son indiferentes a la religión, inestables, indisciplinados, amorfos, rehúyen, se rebelan contra todo. Cualquier distracción los absorbe…». Estos augurios no se realizaron. La vida cristiana en aquella juventud se despertó. Surgió poderoso un movimiento de cristianización en la Universidad y en los centros laborales. Se formó a los jóvenes desde dentro, estimulando en ellos el deseo interno de ser más auténticos y profundos.

En el fondo de cada uno de los jóvenes entonces, y ahora, está amaneciendo siempre un ideal que hay que ayudar a despertar. El apóstol no se detiene en las apariencias. Como Cristo, con la luz de la gracia, lee en los corazones.

Cierto, los jóvenes hoy viven en un «mundo que los aturde con su ruido, los fatiga con su perpetua inquietud, los desorienta con su relativismo respecto de la verdad y el error, el bien y el mal; los encandila con su policromía, los envilece con su vulgaridad, y los encadena con su lujuria». «Golpeados» por la televisión, sometidos a incesantes ruidos explosivos, solicitados con fuerza en todas las direcciones, conservan, sin embargo, profunda capacidad de lo divino. Son potencialidades que hay que descubrir, purificar, activar.

La juventud tiene necesidad siempre de despertadores. Está deseándolo. Descubrir y formar a esos jóvenes supone paciencia y valentía para dialogar con ellos, y decirles: «Tengo la Verdad, tengo lo que te falta y lo que tú esperas. Tengo la fórmula para interpretar tu vida, para darle belleza, alegría y fuerza, para multiplicar tus recursos y facultades, situándote en la realidad, en el centro de la gran hipótesis de la existencia humana. Puedo hacerte caer en la cuenta que la vida es una gracia inmensa que no tiene precio».


Extraído de Forja de hombres, 4ª ed, pp. 255-256.

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