La aventura de educar en la televisión

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La aventura de educar
La aventura de educar

Por Paloma Martín-Esperanza, periodista e historiadora

Agotado el curso escolar, es hora de despedir también la temporada televisiva. Me sirven estas páginas para reflexionar sobre lo aprendido durante este año, como si se tratara de un examen final. ¿Quién iba a decirlo? Ocurre siempre con los éxitos académicos. Nunca estamos lo suficientemente seguros ni lo suficientemente satisfechos, pero merece la pena traerlos a la memoria y comprobar que nos hicieron mejores.

Cuando comenzamos a pensar en La aventura de educar, una sección semanal del programa informativo Trece al Día, dirigido por José Luis Pérez en la cadena TRECE, soñábamos con una plataforma desde la que difundir la pedagogía practicada por educadores insignes de los que tanto hemos aprendido, entre los que destacan Abelardo de Armas, Abilio de Gregorio y aquellos que los siguieron. Las primeras reuniones nos ayudaron a fraguar el esquema general, los contenidos y, sobre todo, el propósito. Se trataba de dar la batalla cultural desde la antropología cristiana y desde la educación personalista, relanzando las propuestas del humanismo para el siglo XXI. Fue así como creamos una sección que, en el intervalo de quince minutos, pretendía profundizar semanalmente en los grandes temas educativos, adaptándolos, en la medida de lo posible, a la frenética actualidad, y abordándolos siempre en positivo. Resuelto nuestro «plan de estudios», tocaba ponerse manos a la obra.

Las primeras semanas de septiembre nos ayudaron a perfilar los objetivos y, el día 15, como si se tratara del primer día de colegio, la ilusión y los nervios nos acompañaron en nuestro estreno. Reconozco que nos impactó el ritmo vertiginoso de la televisión, el gran trabajo de redacción, edición y posproducción, los focos, el maquillaje, las cámaras, la realización. Si la educación es una aventura, el escenario de la nuestra ha sido la pequeña pantalla, lugar fascinante e incluso deslumbrante, aunque repleto también de sombras. ¿Acaso la vuelta al cole no suele dejar esta sensación de dualidad, a caballo entre la alegría y el llanto?

A la hora de abordar las líneas maestras de nuestro itinerario televisivo y, diría, formativo, quisimos rodearnos de buenos maestros. Frente a la pedagogía que convierte al profesor en un mero facilitador, nosotros hemos querido reconocer la imprescindible labor de los educadores, piedra angular del sistema de enseñanza. A lo largo de la temporada, bien como invitados o como asesores, nos hemos servido principalmente de maestros de primaria, profesores de educación secundaria y bachillerato y docentes universitarios que nos han orientado en las cuestiones más complejas, acercándonos su experiencia y su conocimiento directo. Hemos constatado, una vez más, que nadie mejor que ellos sabe de educación, por mucho teórico que ande suelto (y encumbrado) sin haber pisado nunca un aula. Pero, además, gracias a las entrevistas con nuestros invitados, hemos podido comprobar la huella imborrable que un buen maestro deja sobre sus alumnos, al que recuerdan siempre con cariño y reconocimiento.

Paralelamente, vimos la oportunidad de aprovechar la cobertura de la televisión para plantear una defensa firme de las humanidades. El conocimiento humanístico es una ventana al mundo, que abre los ojos y la mente, que fragua una conciencia propia y que sirve de consuelo en muchos momentos de la vida. La literatura, la historia, la filosofía, la teología, la filología son materias a las que no debemos renunciar como sociedad y, mucho menos, debemos permitir que se prive de ellas a los más jóvenes. Por ello, no nos ha temblado el pulso para denunciar los demenciales currículos que ha promovido el Gobierno por medio de la LOMLOE, primera pica de un fracaso político que no estamos dispuestos a asumir.

Junto a estas dos banderas —la defensa del rol del maestro y de las humanidades— hemos querido insistir en otras cuestiones que para nosotros eran líneas rojas: la libertad educativa, la excelencia académica, la asignatura de Religión, el binomio familia-escuela, los valores cristianos y la educación clásica y personalizadora. Para abordar estas cuestiones, han participado en el programa un número considerable de invitados, entre ellos profesores, directores de centros educativos, escritores, políticos, psicólogos, científicos y personalidades del mundo del arte. Destacan, por ejemplo, las intervenciones de Jaime Mayor Oreja, Catherine L’Ecuyer, Joaquín Echeverría, Luis Cobos, Horacio Silvestre, Gregorio Luri, Juan Antonio Gómez Trinidad o Rafael Rodríguez-Ponga. La conversación con estos invitados, además de otros más desconocidos, pero igualmente interesantes, ha sido un gran regalo. Con casi cuarenta entrevistas realizadas, puedo decir que hemos disfrutado enormemente de las propuestas de estos grandes maestros. Nadie duda que cuando vamos acompañados de un buen profesor, el curso se torna más liviano y enriquecedor.

Desde La aventura de educar también hemos querido dar cobertura mediática a algunas actividades y eventos que se han celebrado durante la temporada y que han permitido insistir y promover su mensaje, como el Congreso Católicos y Vida Pública o el musical Skate Hero. Además, hemos organizado algunas actividades para promover y consolidar los valores que se han propuesto, como la presentación del libro Conversaciones con mi maestra de Catherine L’Ecuyer en Madrid o la participación en el podcast ¿A dónde va la escuela?, dirigido por Ignasi Bofarull y Albert Piera.

Como suele ocurrir durante el curso escolar, la vida impone sus novedades y nos obliga a aceptar los cambios. En nuestro caso, dejamos la franja de los informativos de la noche, donde tanto aprendimos de la profesionalidad de José Luis Pérez y de todo su equipo, para adaptar la sección a un nuevo programa y horario: La Lupa de la Mañana, con Raquel Caldas y Lucía Crespo. Lo afrontamos como un cambio de clase, con cierta incertidumbre, pero también con ilusión. El resultado no ha podido ser más beneficioso para nosotros, pues hemos convertido La aventura de educar en un fantástico espacio en el que dialogar, con más tiempo y profundidad, en los principales temas educativos. El horario de la mañana, sobra decirlo, siempre se adecúa mejor al estudio.

La televisión nos ha ofrecido una gran oportunidad para transmitir el gran tesoro que es el humanismo cristiano, una propuesta intelectual que va más allá de los eslóganes a los que estamos acostumbrados, superando el manido concepto de innovación y los planteamientos de la Nueva Pedagogía. Se trata de dar voz a tantos profesionales de la educación que, conscientes de los peligros que entrañan estas propuestas, difunden el sentido común en sus centros, de una manera silenciosa pero necesaria. Gracias, por ello, a las instituciones que lo han hecho posible: el grupo Ábside Media, la Asociación Ven y Verás Educación, la Fundación San Pablo CEU y la productora MMVS Multimedia. Nosotros hemos hecho el trabajo, pongan ustedes la nota.

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