La familia según Abilio de Gregorio: núcleo sagrado de libertad

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La familia núcleo sagrado de libertad
La familia núcleo sagrado de libertad

Para ser lo que se tiene que ser, para llegar a la conquista de la personalidad, el ser humano precisa de una acción y de un clima que lo propicie y lo conduzca en la dirección de tal realización. Este clima de relaciones interpersonales exige, a su vez, ser respetado con la misma reverencia que se respeta el ser personal, puesto que es el ámbito natural e insustituible de la personalización. Ese ámbito es la familia y comparte con la persona el carácter de sagrado.

Abilio de Gregorio

Por Rubén López Magaz, maestro de Educación Primaria

Siempre es arriesgado hablar de algo tan heterogéneo y, sin embargo, tan concreto como puede ser la familia. Cada cual tiene su experiencia, mucho más en el mundo mercantilista y ultraliberal en el que nos desenvolvemos, en el que se nos ofrece tener nuestro propio concepto de familia. Desde los parámetros simplistas y uniformes de adscripción, unos, en un tono más conservador, alzarán la voz por su defensa, sin otro reclamo que su funcionalidad, «siempre ha funcionado», por lo tanto, que no se toque. Otros, en un tono más progresista, quizás aludan al hecho de que cada cual elija, que hoy ya no es antes, y que estamos en un mundo «moderno». Quizás la familia no siempre ha funcionado bien por el simple hecho de estar presente. De la misma manera que no todo lo moderno es bueno per se.

La descripción realizada, consciente de ser formada desde la caricatura y el brochazo gordo, simplemente quiere dirigirnos al análisis clarividente y sabio de quien dedicó su vida a la educación y, por ende, a todo lo que se relacionara con tan noble obrar, como la familia, sin reducirlo a unos simples patrones establecidos. Abilio de Gregorio, hombre de mirada clara e intuición sapiencial, supo desgranar y divulgar, con un carácter pedagógico y, me atrevería a decir, profético, muchos artículos dedicados a ello. En el libro 4 miradas[i], se recogen varios de estos escritos en los que, con paso firme y ritmo suave, Abilio nos sumerge en temas clave que pueden servirnos de guía.

Matrimonio: núcleo

Nos dice el padre Marko I. Rupnik que «la dimensión diádica del amor constitutiva del hombre se expresa también en el hecho de que el ser humano mismo es también una realidad diádica: es hombre-mujer» y que «Dios ha creado al hombre y a la mujer para que, buscándose, incluso después del pecado redescubran el amor como su verdad»[ii]. No hay otra posibilidad de admirar la familia si no admiramos lo que le da sentido a ella: el matrimonio. Solo desde ahí, nos dice Abilio, podemos entender la familia. Vaciemos de contenido el matrimonio, y vaciaremos el continente. En consecuencia, la familia quedará reducida a restos, «a despojos» según sus propias palabras. La admiración de la familia no puede ni debe reducirse a cuántas actividades llegamos, a cuántos encuentros podemos acudir, o a cuántos hijos podemos tener; la admiración de la familia pasa por esclarecer el significado de su dimensión: una mirada unitaria y unitiva entre un hombre y una mujer. De ese carácter sagrado la familia podrá, en relación y en proyección, mostrar el carácter divino del cual emerge.

Ser persona

¿Qué es ser persona? «Ser persona significapertenecerse a sí mismo de manera fundamental e intransferible». Abilio de Gregorio remarca en todo su pensamiento una clara diferencia entre el Ser y el Estar. Esta gran cualidad del castellano para poder distinguir ambas disposiciones de la persona en relación con su entorno hace que podamos apreciar los matices de estos verbos como acciones que son y definir, por tanto, la destreza del sujeto. Dicho sujeto, como ser que es, debe considerarse en relación con su carácter ontológico, además de con su carácter estático. Es por ello por lo que Abilio dirá que «ser hombre, por lo tanto, no es solamente estar ahí […] sino ser lo que se debe ser». Pero ¿dónde se aprende a ser? Precisamente en el lugar del que emana la fuente de sentido: donde «atención, respeto, solidaridad forman el entramado básico de la respuesta de valor más personalizada y personalizadora: el amor».

La libertad

Le escuché a Abilio de Gregorio en multitud de ocasiones hablar sobre el concepto de libertad, tanto desde su carácter educacional como desde su carácter vivencial. Me aventuraría a decir que era uno de los temas con el que más le veía sobrecogerse. Con su palabra elegante y certera siempre acudía a la parábola del hijo pródigo para renombrarla como la parábola de la libertad. Veía en ello una doble intención, reflejar su mirada como padre de familia que era, y su tierna experiencia como hijo de un Dios al que profesaba una confianza sobrenatural. ¿Qué sería, pues, la libertad? Una mirada contemplativa del ser humano, el cual reconoce su grandeza en la debilidad más absoluta. Y es por ello por lo que se hace más concreta su respuesta: un amor que personaliza, un amor que libera.

«Dios quiso hacer al hombre a su imagen y semejanza. Porque es a imagen y semejanza de Dios, es sagrado. Pero, como Dios es Amor, y, por ello, es Uno y Trino, lo que viene a crear no es al hombre solitario, sino a la familia. Así, como Dios no podría ser Amor si no hubiera en Él otro, así el hombre no podrá llegar a ser plenamente hombre —personalizarse— a imagen de Dios si no lo fuera a través de la inmersión en el amor humano arquetípicamente presente en la familia. Por ello la familia es Sacramento del Amor de Dios (imagen del Amor de Dios) y, en consecuencia, sagrada. Si es cierto que la realidad familiar tiene una dimensión sacramental implícita en clave humana, es necesario que sea vivida en las coordenadas explícitas de la dimensión sobrenatural para que adquiera plenitud. Pasar de la experiencia del amor de la historia humana a la historia de la Redención. Pasar del boceto a la obra terminada y perfecta. Pasar del dominio de la psicología y de la sociología al dominio de la fe».


[i] Gregorio García, Abilio de (2016): 4 miradas. Monte Carmelo.

[ii] Rupnik, Marko I. (2000): Decir el hombre: Icono del Creador, revelación del amor. PPC, pp. 100-105.

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