Lo que las leyes no prohíben, puede prohibirlo la honestidad.
Séneca
Cuentan que hace ya muchos años, en China, vivía un príncipe joven, apuesto y valiente que era muy querido por su pueblo. En poco tiempo sería coronado emperador, pero para ello debía estar casado y, por eso, se organizó un concurso para elegirle una esposa entre las doncellas de la corte.
Las aspirantes deberían superar una prueba, y la que resolviese mejor la prueba sería la esposa del futuro emperador. Según la leyenda, había una joven profundamente enamorada del príncipe que, a pesar de verse en condiciones muy inferiores a las jóvenes de la nobleza que se presentaban, decidió participar en el concurso.
Cuando llegó el día, la joven fue al palacio. Las muchachas más importantes del reino estaban allí. Entonces, el príncipe anunció el desafío:
—Daré una semilla a cada una de ustedes. Aquella que, en seis meses, me traiga la flor más bella será mi esposa.
La humilde jovencita cuidó con esmero su semilla día y noche derrochando cariño y paciencia, pero pasaron seis meses y la semilla no germinó.
Cuando la muchacha se presentó en el palacio muy afligida con su maceta sin florecer, vio que ya estaban todas las damas, cada una con su flor.
El príncipe observó a todas detenidamente con su vista y, al llegar a la jovencita sin flor, dijo satisfecho y firmemente:
—Me casaré con la joven sin flor.
La sorpresa fue mayúscula y un murmullo de desaprobación inundó la sala; entonces el príncipe, elevando la voz por encima del murmullo, aseveró:
—Es la única que merece ser emperatriz de China, pues fue la única honesta: todas las semillas eran estériles.
Según el Diccionario de la lengua española la honestidad significa calidad de honesto, honradez, decencia… Implica mostrar respeto hacia los demás y tener integridad y conciencia de sí mismo. La honestidad es la base de la confianza y la clave de las relaciones sociales; nos da esperanza, confianza, compasión y mejora la toma de decisiones.
Honestidad es hablar y actuar con sinceridad, es más que no mentir o no hacer trampas, porque conlleva mostrar respeto hacia los demás y, al mismo tiempo, ser íntegros con nosotros mismos.
En un mundo tan cambiante de opinión, tenemos que hacer de la honestidad la base de la confianza y la clave de las relaciones sociales, cosa que conseguiremos si, habitual y perseverantemente, cultivamos la flor de la honestidad.







