La Historia Interminable

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Un proyecto catequético en el año de la fe
Javier Segura Zariquegui
Todo niño -y los no tan niños- ha deseado vivir en los
tiempos antiguos, de Roma, Grecia, Egipto, las historias de la Sagrada Escritura…
Algo de eso, y mucho más, es lo que están realizando un grupo de treinta niños
de la Milicia de Santa María. Un auténtico viaje al pasado, que se proyecta en
el futuro de sus vidas.
El proyecto denominado ‘La Historia Interminable’, tiene
como base las grandes figuras del Antiguo Testamento, con Abraham, Moisés y el
Rey David como protagonistas. En torno a sus historias se reviven durante una
jornada las aventuras que pasó cada uno de ellos en paisajes que evocan sus
peripecias. Así con Abraham nos trasladamos a la sierra de la Cabrera, donde disfrutamos
de un intenso día en las montañas, en torno a un monasterio románico, y en el
entorno de poblaciones y castros de la edad de Bronce pueblos del 3000 antes de
Cristo. Allí los participantes pudieron conocer a Abraham, disfrutar de la Gymkhana
‘Sal de tu tierra’ en la que se encontraron con Lot y su mujer convertida en estatua
de sal, tuvieron que contar las estrellas o descubrir mensajes de un lado a otro
de la montaña. En lo alto del monte cogieron piedras y leña para el altar del
sacrificio de Isaac. ¡Fue curioso ver la disponibilidad de todos los niños
cuando pedimos voluntarios para ser sacrificados como Isaac! Después de una pequeña
representación, bajamos al monasterio para celebrar el auténtico sacrificio de
la Eucaristía, en que Jesús, el Hijo, se ofrece al Padre por nosotros. Concluimos
la jornada con el testimonio de un misionero, que como Abraham, un día oyó la
voz de Dios que le invitaba a salir de su tierra. En este caso el Padre
comboniano Víctor Zabala que ha estado de misionero en Centro África.
Moisés tuvo como escenario el templo de Debod, en el
madrileño parque del Oeste. Los niños pudieron conocer el esplendor de Egipto,
pero a la vez comprender cómo ese esplendor se construyó gracias a los esclavos
judíos. El histograma de José, su descendencia y la esclavitud de la que les
liberaría Moisés. Los turistas que se acercaron esa mañana al Templo se encontraron
al Faraón peleándose con Moisés, a un buen grupo de músicos, a una cantante lírica
que interpretaba a la madre de Moisés, y todos por medio del teatro y la música
dando vida a esta famosa historia. Canciones del musical ‘Hijos de la
libertad’, la película ‘El príncipe de Egipto’ o incluso de Louis Armstrong
pusieron voz y color a la historia. A este momento siguió la Gymkhana en la que
los niños tuvieron que sobrevivir a las diez plagas de Egipto. De allí pasamos
a tener la eucaristía, esta vez centrada en la figura de Moisés y su
paralelismo con Jesús. La tarde se completó con un maravilloso postre,
auténtico maná en nuestro desierto, mousse de chocolate blanco, traído por dos
ángeles del cielo. Concluimos la jornada con un tiempo de adoración eucarística
en el que hablamos con Jesús, como hizo Moisés con Yahvé, cara a cara, como un
amigo habla con un amigo.
Como fácilmente se puede ver detrás de este proyecto hay
un gran equipo de colaboradores (músicos, actores, preparación de trajes,
logística, cocineras…) que trabajos en equipo para hacer posible que los más
jóvenes se acerquen a la fe, y en concreto a la Sagrada Escritura. Un trabajo
en equipo que se completa con el de los militantes mayores que hacen de
monitores de los juegos y de los equipos de chavales.

Sabemos todos que entregando la vida, en estas pequeñas coas,
es como se gana. Que hay más gozo en dar que en recibir. Que lo que hagamos por
uno d estos, los más pequeños, lo hacemos por el Señor.