La Luz y la noche

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Huida a Egipto, Rubens. 1614. Museo de Kassel, Alemania. Óleo sobre tabla (53 x 40,5 cm).
Huida a Egipto, Rubens. 1614. Museo de Kassel, Alemania. Óleo sobre tabla (53 x 40,5 cm).

José tomó al niño y a su madre, de noche, y se fue a Egipto

Este pequeño cuadro de Rubens, la huida a Egipto, nos ayuda a penetrar en la noche de la Sagrada Familia. Una noche compartida con tantas familias emigrantes o exiliadas. En ellas se repite la escena: un camino incierto, a menudo en la noche, entre peligros, casi a la deriva.

Adentrémonos en el cuadro.

Es de noche. Una luna creciente, reflejada en el agua, ilumina tenuemente el camino. Deja adivinar la silueta de palmeras, pero también la sombra de un jinete a galope que se apresura por la derecha…

Los ángeles, como emisarios del Padre, guían la comitiva. El primero lleva las riendas del asno y acelera el paso. El burro, con la cabeza gacha y las orejas vueltas hacia atrás, se deja guiar.

San José se gira, mira hacia atrás, se sobresalta. Recuerda que Herodes busca al niño para matarle. Toda su figura es movimiento. Parece clamar: «¿Y si nos alcanzan? ¡Señor, vuelve a hablarme en sueños, en la noche! ¿De dónde me vendrá el auxilio…?».

María abraza al Niño y vuelve la cabeza —en torsión barroca— para captar la alarma de José. Medita en su corazón el misterio del Nacimiento. Rezuma serenidad: sabe que lo que ha dicho el Señor se cumplirá. Parece responder a José con el salmo: ¡El auxilio me viene del Señor!

El Niño duerme confiado, protegido entre los brazos de su Madre. Los pequeños rayos que surgen de su cabecita iluminan la escena, ya que Él es la Luz verdadera que brilla en la tiniebla y que alumbra a todo hombre.

La Sagrada Familia no mira el camino; se dejan llevar. Parecen vivir la canción carmelitana El senderito: «Ha de llevar las riendas Dios / y tú seguir con paz y amor. / Te llevará por un camino / que eternamente te escogió. / Tú síguelo, tú síguelo».

Un cuadro de luces y sombras, como la vida misma. Nos sentimos identificados con María y José en nuestros exilios y en nuestras noches. Ellos los han experimentado, y nos ayudan en las amenazas que se ciernen sobre las familias también hoy. Nos dan la gran lección: huir y confiar, porque Dios es fiel a sus promesas y camina con nosotros.

Pero seamos a la vez instrumentos en las manos de Dios: ayudemos a las familias en sus necesidades concretas, sin privarles de la luz de la fe, que ilumina toda tiniebla.

Es la fe que nos descubre que este Niño recién nacido, indefenso, inerme y débil es nuestra salvación. Y cantamos con el salmo: El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?, ¿quién me hará temblar?

Celebremos la Navidad con muchas luces: ellas nos recuerdan que la Luz se ha hecho Niño, y que desde entonces la noche ha perdido su oscuridad impenetrable.

¡Feliz Navidad 2018!