La primera mujer

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La Inmaculada Concepción de Zurbarán. Museo del Prado.
La Inmaculada Concepción de Zurbarán. Museo del Prado.

El 21 de julio se cumplirán 50 años de la llegada del primer hombre a la Luna. Neil Armstrong escribió su experiencia en un libro que tituló precisamente El primer hombre, y cuya historia acaba de ser llevada al cine con ese mismo título. Son célebres las palabras que pronunció al poner el pie en la Luna: es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad, que fueron seguidas por más de quinientos millones de telespectadores y radioyentes.

La gesta de Armstrong nos evoca a la primera mujer que puso su pie en la luna, María. Siglos antes que el primer hombre, la tradición y el arte ya descubrieron los pies de María afianzados sobre la luna, al reconsiderar las palabras del Apocalipsis (12,1): Un gran signo apareció en el cielo: una mujer vestida de sol, y la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza. ¡María es la mujer con la luna bajo sus pies! La gente sencilla así lo ha comprendido, y varios pueblos (Pozoblanco y Villanueva de Córdoba, Escacena en Huelva, Teia en Barcelona…) la veneran con la hermosa advocación de la Virgen de la Luna. ¡Una cofradía ha solicitado incluso que la Virgen de la Luna sea proclamada patrona de los astronautas!

María es nuestra luna, porque refleja la luz de Jesucristo, el Sol. Ella es la lámpara que alumbra nuestras noches, el faro que nos guía en nuestras oscuridades.

Pero María es mucho más: es la Reina del Cielo. Así lo repetimos en el tiempo pascual al rezar el Regina: ¡Reina del Cielo, alégrate, Aleluya…! Y desde que Ella lo habita —como dijo Benedicto XVI en la fiesta de la Asunción, 15.8.2005—: El cielo ya no es para nosotros una esfera muy lejana y desconocida. En el cielo tenemos una Madre. El cielo está abierto; el cielo tiene un corazón.

María es también la primera mujer en otros muchos sentidos: la primera mujer libre de malicia, libre de pecado; la primera mujer que escuchó a Jesús, la primera y más perfecta seguidora de Cristo, como dijo Pablo VI. ¿Y qué diremos al contemplarla en la Visitación a su prima Isabel, cuya fiesta acabamos de celebrar el 31 de mayo (fiesta que inaugura para nuestra familia eclesial la Campaña de la Visitación, hasta el 7 de octubre)? María en la Visitación representa la primera procesión con el santísimo, constituye el primer envío misionero, establece el primer canto del Magníficat… Sí, María en la Visitación es la primera mujer

¿Y qué supone para nosotros hoy reconocer que María es la primera mujer?

• Una alegría enorme, porque somos sus hijos, y descubrimos que el cielo tiene un corazón.

• Una llamada a ser también nosotros, como Ella, pequeñas lunas que proyectemos con nuestras vidas la Luz de Jesucristo, el Sol, a los rincones en tinieblas de nuestro mundo.

• Un convencimiento de que, unidos a María, la primera mujer, también tú y yo estamos llamados a ser el primer hombre y la primera mujer que demos un paso decisivo para solucionar un problema concreto de este planeta, que nadie más que tú o yo podemos dar: como acercar a estos enemistados, dar nuestra sonrisa y apoyo sincero a ese que siempre parece amargado, acudir en socorro de aquel necesitado, etc. Podremos decir como Neil Armstrong, —¡y con más propiedad!—: es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad.

¡Virgen de la Luna, Reina del Cielo, primera mujer: alienta nuestros pasos!