La Religión en la escuela

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La Religión en la escuela
La Religión en la escuela

Por José Manuel Mariscal Molano

Todos somos conscientes de la transformación que la vida religiosa está teniendo en nuestra sociedad, caracterizada por el abandono de las prácticas religiosas. Es en la escuela y la catequesis donde, como maestros, estamos notando esa transformación.

Padres bautizados que llevan a sus hijos a colegios religiosos, o piden para ellos la formación religiosa, pero viven de espaldas a todo compromiso con la fe que dicen profesar.

Es llamativo que los niños en catequesis de primera comunión no vayan a misa los domingos. Ni siquiera aquellos domingos donde se les hace una invitación especial porque su grupo es el encargado de participar más activamente en la ceremonia. De ciento sesenta niños si acaso, diez van ese día a misa.

Cuando se rezan las oraciones básicas en el cole, los niños no responden, ni saben hacer la señal de la cruz. Cada vez menos niños se preparan para hacer la primera comunión. Niños desde tercero y cuarto de primaria te dicen que no creen en Dios, a veces de manera despechada.

¿Las misas en los colegios sirven para acercar a Dios y vivir la fe en el cole, o es simplemente un acto más donde los niños van obligados y no les llega lo que allí ocurre?

Creo que los maestros, profesores, educadores, instituciones, etc., nos hemos empachado de hablar de valores que transformen la sociedad y admitimos en nuestros idearios todo tipo de sugerencias laicas, que están fuera de la persona y es fácil hablar de ellos, olvidando las virtudes que se encarnan en la persona concreta y que la transforman en cuanto las pone en práctica. ¡Qué poco se habla de ellas!

Reivindico volver a lo sustancial de nuestra vida cristiana, a celebrar lo esencial de ella, y a transmitir a nuestros educandos lo fundamental, propiciando el encuentro personal con Jesús.

En los colegios católicos solemos rezar todas las mañanas. Muchas instituciones tienen una agenda corporativa que da cierta uniformidad institucional. Recogen la vida de los fundadores, las fiestas importantes de algunos de sus miembros, el transcurrir de fiestas señaladas, oraciones que pueden ayudar a profundizar en la fe y a hacer presente a Dios. Hay oraciones para todos los gustos. Una bien sencilla que suelo explicar a mis alumnos: la señal de la cruz. Les digo que con esa oración queremos que todo lo que pensamos (cabeza), deseamos (pecho) y hacemos (hombros) sea para alabar a Dios. Recientemente, 20 de diciembre de 2017, el papa Francisco realizó esta reflexión:

¿Habéis visto cómo los niños se hacen la señal de la cruz? No saben lo que hacen: a veces hacen un dibujo, que no es la señal de la cruz. Por favor, mamá, papá, abuelos, [maestros, catequistas] enseñad a los niños desde el principio, desde cuando son pequeños, a hacerse bien la señal de la cruz. Y explicadles qué es tener como protección la cruz de Jesús.

Es momento propicio para enseñar formas comunitarias de orar. Suelo usar este método. Leemos una oración de la agenda, en alto todos o de forma individual en silencio. Seleccionan alguna frase corta, una palabra, dos… Luego, de forma espontánea, la expresan en alto. Se forma así una nueva oración con el eco de cada uno.

Nos podemos apoyar en las nuevas tecnologías. Construir una presentación y con ella orar en común. El contenido de estas oraciones debe resaltar la admiración por ser creados por Dios, sentirnos sus hijos; la misericordia al sentirnos perdonados por Dios; expresar el perdón hacia los otros (¡cómo les cuesta pedir disculpas y perdonar!); el agradecimiento por tanto don recibido.

Nuestros niños reciben tantas cosas materiales que su capacidad de reconocer que todo lo que nos rodea se nos da gratis, ha sido anulada. El mejor vídeo que recibí estas navidades expresa esta idea muy bien. Se despertaba el padre de familia envuelto en papel de regalo; su mujer, sus hijos, el interruptor, la ducha, el grifo, el desayuno, la cartera del trabajo, las llaves del coche, el coche mismo…, todo envuelto en papel regalo. Manera hermosa de despertar un corazón agradecido. La oración debe potenciar este aspecto.

Otro momento fuerte: cuando cumplen años. Componer una oración sencilla que leen ese día, y que luego puedan llevarse a casa a modo de recordatorio, les hace mucha ilusión. A veces la personalizo con su nombre. Y si estamos en año de primera comunión (¿y última?, no sé) hago referencia a ella.

Debemos repensar las eucaristías. Muchos alumnos desconocen su significado, nunca participan con su familia, no están preparados para ella, etc. Corremos el riesgo de trivializar el sacramento, e incluso de cometer «un sacrilegio», o irreverencia por uso inapropiado de la hostia consagrada. Defiendo la idea de que este acontecimiento escolar debe transformarse en una celebración de la palabra, o en una oportunidad para enseñar a los niños a hacer oración, a intentar que conozcan a Jesús, a Dios. Hay iniciativas de parroquias que sus catequesis las están llenando de momentos de esta celebración. Ayuda mucho entonces un equipo de pastoralistas que dé dinamismo con canciones, con momentos de oración comunitaria, de silencio personal. Darles la oportunidad de que Dios pueda hablarles al corazón.

Se incorporaron a los colegios campañas solidarias, con uno u otro nombre, dirigidas a ayudar a ONG propias o ajenas a la institución escolar. «Operación bocata solidario» o «jornada, marcha solidaria», etc. El formato es muy variado, y variadas son las iniciativas. Pero como toda idea buena, con el tiempo se contamina si no se separa el trigo de la paja. Así, muchas veces, caemos en el afán recaudatorio de la campaña y lo convertimos en un acto de derroche consumista de todo tipo de artículos: comida, merchandising, mercadillos, etc. Estas actividades nos cuesta poco hacerlas, «somos ricos», suelo decirles. Hay que introducir actividades que supongan más sacrificio y renuncia personal.

No nos olvidemos de María. Ella debe recorrer toda la vida escolar. ¡La Madre! Adviento, Inmaculada, Pascua… Dípticos y cuadernillos con canciones y oraciones que nos acerquen a reconocerla como madre nuestra, resaltar sus virtudes. Todo ello nos puede ayudar a repensar una devoción que nos marcó en nuestra infancia-juventud: el Mes de Mayo, el mes de las flores.