Los jóvenes y el papa

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Papa Francisco saludando
Papa Francisco saludando

Por Dan Emilio González

Quienes participamos en la Peregrinación Europea de Jóvenes (PEJ) del verano pasado nos quedamos con las ganas de conocer al papa. Pudimos compartir con otros jóvenes de iglesia, de todos los carismas posibles. Pudimos compartir con nuestros obispos. Vivimos una experiencia de Iglesia. Pero nos quedamos con ganas de más. La Iglesia es más que España y más que Europa. Y quien representa esa amplitud es el papa.

Por eso, los jóvenes españoles nos quedamos con ganas de Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). Nos quedamos con ganas de vivir más intensamente esa experiencia. De vivirla más ampliamente. De que la diversidad no solo abarcara diferentes provincias españolas y carismas sino también diferentes países y culturas. Y que el papa nos congregara a todos. Que el papa nos mirara y nos hablara y así, nos pusiera en comunión unos con otros.

El papa Francisco ya se ha dirigido a los jóvenes en muchas ocasiones. Algunos pudimos compartir con él la JMJ de Cracovia en el año 2016 donde nos invitó a vivir de la misericordia y con misericordia. Nos recordó la importancia de no perder nuestras raíces que, en nuestro caso, son nuestros abuelos. También nos animó a cuidarles y atenderles para que viviéramos la solidaridad entre generaciones. Nos recordó que nuestros sueños, nuestras alas, nacen de esas raíces y que sin ellas no tienen fuerzas para volar.

El futuro y el pasado. Ya en la JMJ de Panamá nos había dicho que nosotros somos la ilusión del presente. Que no podemos dejarnos abatir por las dificultades, las circunstancias, los problemas. Para ello, lo más importante es no temer a la vida, porque el Señor es quien la dirige. No debemos temer perdonar, ni amar, ni el cambio. Tampoco a comprometernos con las causas justas. Si nosotros perdemos la ilusión, la humanidad habrá perdido la ilusión.

Ese ha sido el último encuentro por ahora. Hace ya cuatro años y medio. Justo un año antes de la pandemia. La JMJ de Lisboa se retrasó un año por este motivo. Durante estos años ha habido momentos muy difíciles para todos. El papa ha intentado estar cercano a todos a través de los medios. ¡Qué difícil olvidar aquella tarde del papa, solo en la plaza de San Pedro, junto al Cristo de la Peste, mientras llovía! Todos congregados en nuestras casas, alrededor de la televisión.

Todos sufrimos. Algunos perdimos a conocidos y familiares. Para los jóvenes fue un momento de refugiarnos en las pantallas y de no saber cómo aprovechar nuestro tiempo. Las horas y los días pasaban vacíos. Cumplíamos con la rutina de las tareas de clase, pero era más cosmética que realidad. Y nuestra vida perdía sentido y contenido. Y se hacía más virtual y menos real. Es cierto que descubrimos que una frase como «¿qué pasa chavales?, ¿cómo estáis?» podía ser suficiente para devolvernos un poco la alegría y sentirnos un poco más acompañados y unidos. También descubrimos que incluso en esas circunstancias se pueden cumplir sueños y superar barreras insospechadas. Hemos conocido muchos músicos de nuestra edad que lo han conseguido. Y seguro que hay muchos otros jóvenes, completamente desconocidos, que han cumplido sus sueños en ese periodo.

Estos signos nos recuerdan que es posible. Que las cosas no son lo que son, sino también lo que podemos hacer con ellas. Que ellas solo son el 50 % de la realidad. El otro 50 % somos nosotros. De ahí uno de los lemas que el papa Francisco nos dejó en la JMJ de Río en 2013: «No os dejéis robar la esperanza». Pero no ha sido fácil. El regreso a la vida normal no ha sido normal. De algún modo, todo ha cambiado. Somos jóvenes y rápido olvidamos. Las cosas quedan atrás muy pronto. Ya todo parece nuevo y normal. Pero la pandemia nos ha dejado heridas de las que quizá no somos conscientes, porque no tenemos con qué compararnos. Pero que desde fuera nos veis.

Por eso necesitamos que nos recuerdes lo que ya nos dijiste en 2018 a través de la Christus vivit: «Dios es amor», «Cristo nos salva» y «Él vive». Por eso anhelamos tu encuentro. Por eso necesitamos un encuentro real entre los jóvenes. Por eso necesitamos abrirnos a realidades distintas a las nuestras. Conocernos, compartir. Ver la grandeza de la Iglesia. Y ver que la Iglesia es una. Que está confiada a un único pastor en la tierra para que no nos olvidemos que hay una única meta en el cielo. Recordarnos que, pese a todo, la esperanza nos puede llenar de alegrías y no solo, porque como nos dijiste en Río, hay que construir un mundo mejor.

Por eso queremos prepararnos para esta próxima JMJ siguiendo tu consejo, haciendo lío, en las diócesis, en los barrios, en las redes sociales. Sí, también en esas que han sido nuestras casas durante estos últimos años. Pero saliendo de nuestras seguridades para aportar seguridad a los otros. Para transmitirles nuestra esperanza de ser cristianos. Porque no hay que tener miedo de transmitir lo bueno, sino que debemos servir a los demás con ello. Porque los jóvenes no somos el futuro de la Iglesia, somos ya su hoy, su ahora. Y nuestra hora, no puede esperar.

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