Los mayores, el vínculo necesario para el progreso en amor

9
Los mayores, el vínculo necesario. Foto: Ekaterina Shakharova
Los mayores, el vínculo necesario. Foto: Ekaterina Shakharova

Por Conrado Giménez Agrela, presidente y fundador de la Fundación Madrina, contacto: 619 717 565

Los abuelos son el tesoro más grande que puede tener una civilización; junto a los niños, son dos tesoros que se unen al final de la vida, es la naturaleza.

El sentimiento de abuelo es más fuerte que el de padre, y un abuelo puede ejercer espiritualmente, de igual forma. Nos inventamos cada vez más palabras para definir a nuestros mayores o senior, cuando la mejor descripción de ellos la dio nuestro querido papa Juan Pablo II, «soy un joven de 82 años».

Nadie sabe que justo es, a esa edad de la senectud, cuando la madurez culmina los mejores proyectos y los hace perfectos. La figura de los abuelos es clave para que una sociedad prospere en equilibrio. Por eso, las mejores y más longevas civilizaciones eran regidas por un «Consejo de sabios», todos mayores. Nuestra santa Iglesia es un claro ejemplo de ello.

Así son nuestros abuelos en la Fundación Madrina; tenemos varios proyectos que involucran a nuestros mayores y dan valor y consistencia a los mismos proyectos. Así tenemos el proyecto de «abuelos madrina», que son abuelos que ya han dejado de ejercer como tales y ahora acogen en sus hogares a jóvenes madres gestantes o con bebé a cargo para formar una familia. Los abuelos ofrecen a las jóvenes e inexpertas madres todo aquello de lo que ellas mismas adolecen y necesitan, como, primeramente, el amor, la calidez, la acogida, la experiencia, la seguridad y la serenidad de nuestros abuelos, pero sobre todo una familia; valores todos ellos, que les faltan a las jóvenes que se enfrentan al mayor reto de su vida, la maternidad en soledad.

También tenemos «madrinas» mayores para acompañar y empoderar a madres adolescentes desde los 11 años de edad en adelante (latina), 12 años (española). Nuestras jóvenes buscan solas en el preparto a nuestras «madrinas mayores y expertas» porque en ellas encuentran a una madre que les faltó, ya que la maternidad no se estudia en una universidad, sino que se transmite de madres a hijas. También les acompañan en las dudas y en la decisión del sí para ser madres. También les acompañan en el parto cuando están solas para dar a luz en el paritorio y en el dolor, así como en el postparto, cuando la joven en soledad se enfrenta a la crianza y las primeras dificultades del bebé, incluida la convivencia con una futura pareja. Nuestras «madrinas senior» son fundamentales y vitales para mantener y mejorar el vínculo madre hijo y el vínculo con la Fundación.

La belleza de las historias contadas por nuestros mayores, la prudencia, la templanza y la dulzura de nuestros mayores, consiguen la «humanización» de nuestra civilización y, de lo más importante, la preservación de los valores de una sociedad actualmente sentenciada a muerte por la nueva religión de la política, que convierte en moral las leyes injustas. Una sociedad donde los «padres atentan contra sus hijos», y donde los «hijos atentan contra sus padres», eliminando la figura vital de los «abuelos», a los que apartan de la familia y los «aparcan» en residencias hasta su muerte. Una sociedad así no durará mucho o será conquistada por otra cultura de valores más poderosos, así lo dice la historia.

Podemos definir la sociedad actual como una civilización en medio de la oscuridad relativista, ya que no hay moral ni dogmas, no hay verdad, sino que todo es relativo y depende de los votos o de quien esté en el poder democrático o autoritario. Nos encontramos ante «una segunda edad media o edad oscura», donde se ha pasado de las libertades personales a la «tiranía del pensamiento único y relativista», a la «tiranía del sincretismo religioso» donde ninguna religión es la verdadera sino que se construye una panverdad una panreligión, y a la «tiranía de la democracia legal» que genera nuevos derechos que van contra la ley natural como el aborto y la eutanasia frente al derecho a la vida; la transexualidad frente al derecho a la salud, y el pensamiento único y relativo frente a la verdad.

Últimamente, el poder, cada vez más tirano, como el rey sol, que legislaba «a qué hora se ponía el sol», permite y alienta que los que no piensan igual sean acosados pasando a un «descarte ideológico» y a una persecución de las libertades religiosas, sanitarias y de toda índole; «es perseguido todo aquello que no encaje con el pensamiento único», proferido desde el poder, actual emanante de las leyes y de las normas sanitarias, legales y religiosas que debe cumplir y asumir todo ciudadano que quiera sobrevivir.

El papa Benedicto XVI, en el discurso al Cuerpo Diplomático (noviembre 2011), dijo que en la sociedad hay una guerra silenciosa contra los verdaderos derechos, creándose nuevos «falsos derechos», con una imposición de los nuevos falsos derechos, que es una imposición de los deseos contra la civilización y el hombre. Continua que esto está unido a un ataque contra la familia, la educación sexual de los niños y jóvenes, con la nueva ideología de género. En septiembre de 2011, el papa defendió, igualmente, el derecho natural y el derecho de la vida ante el Parlamento alemán. En 2005, el papa todavía cardenal, indicó en una homilía que «actualmente vivimos en una dictadura universal de ideologías en apariencia humanistas, cuya disidencia se castiga con la “excomunión social”. Todas estas ideologías tiránicas constituyen el “Credo del Anticristo”».

Nunca antes el hombre ha estado tan tiranizado; sin duda, el poder del demonio ha sido desatado en la tierra, y especialmente contra la familia, nuestros mayores y nuestros hijos. Ante este ataque, solo María es la respuesta: «Madre, cúbrenos con tu manto» y solo su ejército de soldados es capaz de luchar y vencer hasta la muerte, con el rosario en la mano, con las rodillas ante la adoración, con el ayuno en el estómago, con la eucaristía en el corazón, y contemplando a Dios siempre en acción hasta morir. Nuestros mayores son los adalides y «grandes capitanes» de este ejército celestial que no es de este mundo. Con ellos venceremos.

Necesitamos más que nunca a nuestros jóvenes de 70 años para arriba, que nos den sus enseñanzas, que nos provean de fe, de experiencia, de alegría y de amor. Hoy más que nunca, nuestros mayores pueden ayudar a nuestros jóvenes en el camino de la salvación de la humanidad que está abocada a un precipicio ideológico, así como a la soledad, la enfermedad y la muerte.

Es vital que nuestros mayores sean protagonistas y actores de nuestros proyectos, de nuestra vida y de nuestra sociedad. Con ello daremos luz a la humanidad, con ello también haremos justicia. Nuestros mayores nos dieron la vida y también el legado que hemos heredado; hagamos junto a ellos el camino que nos falta. «Cada abuelo lleva un mensaje: Dios todavía no ha perdido la esperanza en el hombre».

Artículo anteriorAbelardo en mi vida
Artículo siguienteTeresa Martin o la debilidad misma