María se puso en movimiento

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María se puso en movimiento
María se puso en movimiento

Iniciamos el verano, y con él nuestra Campaña de la Visitación (que se prolonga del 31 de mayo al 7 de octubre). Ponemos nuestros ojos y nuestro corazón en la Virgen María, que es para nosotros en estos días guía, maestra y —sobre todo— madre. Vamos a fijarnos en el versículo que da comienzo al pasaje de la Visitación (Lc 1,38): María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña. En él encontramos claves preciosas para llevar a la práctica en nuestro verano.

1. María se levantó. Frente a la ociosidad propia del tiempo estival, María se olvida de sí misma y se pone en pie. Descansar no es perder el tiempo. Como señala el P. Morales: «Aprovechar vacaciones y descansos [es] una ciencia que debes aprender. Te brindan una oportunidad para encontrarte contigo, con tus hermanos, con Dios».

Se levantó. La expresión que utiliza san Lucas, anastása, puede traducirse también como se puso en movimiento. María es el modelo de los Movimientos en la Iglesia: la vemos en medio del mundo, activa, en actitud de servicio, llevando a Jesucristo, movida por el Espíritu Santo, en salida. Ella nos enseña a vivir en clave de movimiento. Si el nombre de la Virgen era María, el de su Movimiento es Movimiento de Santa María.

2. Se puso en camino. En el Evangelio vemos frecuentemente a la Virgen en camino. No solo de Nazaret a la montaña. También camino de Jerusalén, de Egipto, de Caná, de Cafarnaum, y de nuevo camino de Jerusalén, vinculada al recorrido de su Hijo. María es la peregrina, la Virgen del Camino. Ella conoce por experiencia los caminos de la vida. Nos enseña el arte de caminar: ligeros de equipaje, con los pies ágiles y los ojos abiertos, fijos en la meta.

¿Qué impulsa a la Virgen a caminar? ¡El amor! La caridad se hace servicio: se acerca, es expansivo, contrae el «espacio-tiempo». El amor suprime las distancias, es la distancia más corta entre dos personas. María se olvida de sí misma, y sale al encuentro, urgida por la necesidad de Isabel. Nos enseña a estar atentos a los demás, a «complicarnos la vida» valientemente en favor de los necesitados, poniendo en juego la creatividad de la caridad. ¿No vemos plasmado esto mismo en los artículos de este número?

3. De prisa. El movimiento se demuestra… corriendo (decíamos en el número de diciembre). María no se lo piensa dos veces, no espera a que se den circunstancias oportunas para iniciar el viaje, no atiende a los «prudentes» de este mundo que le aconsejan abortar la marcha. Como digo a mis alumnos, si esperamos a que las condiciones sean las más favorables para emprender algo costoso (estudiar, por ejemplo), nunca nos moveremos de nuestro sitio.

4. A la montaña. Los caminos de montaña no son llanos ni cómodos, sino pedregosos y fatigantes. ¡Cuánto nos enseña la montaña! Es nuestra mejor escuela, en la que aprendemos el arte de darnos a los demás —dejando para ellos lo mejor—, sin quejarnos y venciendo la pereza. Así vivió santa María de la Montaña su «veraneo» de tres meses, la primera «Campaña de la Visitación». Y así pretendemos vivir la nuestra en los Campamentos, en las actividades del verano y en la vida cotidiana.

Santa María de la Montaña: enséñanos a levantarnos y a ponernos en movimiento, en camino, de prisa, como Tú. Virgen de Gredos: condúcenos a la montaña, para que aprendamos en tu escuela del amor. Y ven con nosotros a caminar, santa María del Camino, ven.