---
title: "Memorias de un pan"
description: "—¿Cómo se hace el pan, mamá? —Preguntó una vez Jesús cuando tenía ocho años. —Mira, hijo, así. Y María mezcló un trocito de masa con levadura en tres medidas de harina y agua… Y..."
url: https://revistaestar.es/memorias-de-un-pan/
date: 2020-08-01
modified: 2022-01-31
author: "José Luis Acebes"
image: https://revistaestar.es/wp-content/uploads/2020/08/Rupnik-pan.jpg
categories: ["Editorial"]
tags: ["Revista nº 323"]
type: post
lang: es
---

# Memorias de un pan

—*¿Cómo se hace el pan, mamá?* —Preguntó una vez Jesús cuando tenía ocho años.

—*Mira, hijo, así*.

Y María mezcló un trocito de masa con levadura en tres medidas de harina y agua… Y luego amasó la mezcla despacio. Donde antes había tres elementos ya solo había uno…

—*¿Dónde está la levadura, mamá?*

—*No se la ve, pero está ahí. Dentro de poco lo notarás…*

El niño tenía los ojos fijos en las manos de su madre, blancas y húmedas, con masa pegada entre sus dedos…

—*¿Quieres amasar tú también?*

—*¡Claro que sí, mamá!* (¡A María le encantaba que Jesús la llamara «mamá»!).

María dividió la masa en dos: una pequeña para el niño, y la grande para ella. Jesús imitaba a su madre… Amasaba despacio, despacio, despacio, como acariciando la masa. Después metieron las dos masas en el horno: los panes crecían, se elevaban, se ahuecaban, se volvían tiernos… Y se iban dorando, adquiriendo el color propio de las espigas del campo… Cuando sacaron los panes del horno tenían cuerpo, estaban crujientes, habían adquirido una textura que invitaba a comerlos. ¡Y qué olor! La casa se llenó del aroma del pan. Jesús estaba deseando probar aquel milagro maravilloso del pan…

Y llegó la hora. José, María y el niño se sentaron en torno a la mesa. El pan ocupaba el centro. Jesús miraba cómo su padre tomaba el pan grande como acariciándolo, con veneración y gratitud, lo bendijo, lo partió, y se lo dio: un trozo para María, otro para el niño, otro para él… Y al terminar la comida no sobró ningún pedazo…

Desde aquel día Jesús toma el pan como acariciándolo, como se lo enseñó su padre, como vio hacer a su madre… Y cuando lo parte, lo rompe despacio, despacio, para que ningún pedacito se pierda…** ¡Memorias de un pan!**

*** * * **

Han pasado los años. Jesús ha dejado Nazaret, y enseña a los hombres cómo es Dios. Escuchémoslo: *El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina…* (Aquí el Maestro se queda unos segundos en silencio… Cierra los ojos y recuerda cómo su madre trabajaba el pan) *hasta que todo fermenta*. A sus oyentes se les hacía la boca agua, y el pensamiento pan…

Poco más tarde les dice: *El pan nuestro de cada día dánosle hoy*. Y mientras hablaba, tenía su memoria en aquel pan amasado, centro de la mesa.

Y un día gritará: *¡Yo soy el pan de vida! El que viene a mí no tendrá hambre…* Y en la cima de la última cena sus discípulos verán cómo Jesús toma el pan y, después de pronunciar la bendición, lo parte, se lo da y les dice: *¡Tomad, comed: esto es mi cuerpo! ¡Haced esto en memoria mía!* Pan amasado, partido, comido. **¡Memorias de un pan!**

*** * * **

Y ahora somos nosotros **memorias de ese pan**. Somos masa madre: levadura y masa, todo-en-uno, sin separación posible… Levadura escondida en la masa del mundo para fermentarla y ofrecer así *el pan nuestro de cada día*. Mejor aún: al comer el pan eucarístico nos «panificamos», nos hacemos pan: mezclamos nuestra harina con la levadura de Cristo y nos convertimos en pan de vida: con Cristo, en Él, como Él… Y dejándonos comer, otros muchos, al probar este Pan sabroso, formarán nueva masa madre, se volverán a «panificar». ¿Acaso nuestra vocación como Instituto Secular no es **ser memorias de un Pan**?
