Militia est vita hominis super terram

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Campamentos militantes juveniles
Campamentos militantes juveniles

Por Samuel García Huete

Encantado de conocerle —sí, no se sorprenda, le hablo a usted— es sorprendente que se haya detenido usted a leer este artículo. Le voy a proponer un experimento social: coja la frase que titula este artículo, sacada del libro de Job 7,1; y pregúntele a un joven (hágalo en castellano, milicia es la vida del hombre sobre la tierra, los jóvenes de hoy no saben latín) si conoce esa cita y lo que quiere decir. Me va a decir que le dirán que no, que no tienen ni papa. Pero yo le propongo un experimento social añadido, pásese un sábado por la tarde, sobre las 19,00 h por la calle Écija nº 4 en Madrid y pregunte lo mismo a uno de esos jóvenes que verá por allí. Lo más probable, no se engañe, es que «les suene» la frase pero no sepan de qué. Sin embargo —si usted es perspicaz y profundiza— verá que esos jóvenes de la Milicia de Santa María sí que viven esa frase en sus vidas. Y si lo hacen, es porque quieren seguir el carisma de un buen jesuita del siglo pasado llamado Tomás Morales, al que le dedicamos este número.

Le decía que quieren seguir su carisma y lo hacen de formas muy concretas en su vida. Sí, no se sorprenda; lo que este jesuita nacido en 1908 propuso sigue siendo muy actual en 2017: era un «profeta de nuestro tiempo». Y para muestra lo que nos escribe uno de esos jóvenes militantes sobre cómo concretar ese carisma en medio del mundo. Tiene la palabra Javier Cascón, universitario y militante:

En una vida tan marcada por compromisos y horarios, hay que tener cuidado con el reloj. En la Milicia de Santa María la puntualidad es uno de los valores que cruzados y educadores intentan que cuidemos.

A lo largo de mis años de formación los educadores nos han destacado los siguientes beneficios de cuidar este aspecto: se aprovecha el tiempo, ayuda a organizarse mejor, se aprende a dedicar el tiempo justo a cada actividad… Además de que se consigue que nadie pierda su tiempo esperándote y es una forma de respetar al otro.

Mi experiencia al vivir la puntualidad ha sido muy variada. En ocasiones algún amigo se ha sorprendido de que llegara a la hora porque muy pocos de sus amigos lo hacían. Otras veces un amigo, tras llegar hora y media más tarde de lo que habíamos acordado, ha comentado que no le parecía mucho retraso.

Puede que estos sucesos que estamos acostumbrados a experimentar no nos parezcan especialmente preocupantes; sin embargo, mirando con profundidad y pensando en todos los beneficios que perdemos al no ser puntuales conviene, al menos, que nos replanteemos el tema.

Jornadas de militantes 2016
Jornadas de militantes 2016

¡La puntualidad! Cuántos valores humanos enseñó a cultivar este gran jesuita, ¡cuántos caracteres jóvenes troquelados a base de exigencia amorosa! Valores humanos y divinos que eran una riqueza en sí mismos, pero que animaba también a compartir con los demás. El apostolado laical, el joven dando testimonio en su ambiente, es también otro de los aspectos que caracterizan su estrategia educadora. Ahora es Jorge Ayuso, universitario y militante, quien nos cuenta:

Este año he comenzado la carrera de Magisterio por Educación Física en la Universidad Rey Juan Carlos en Fuenlabrada. Unos días antes de empezar las clases, un amigo militante y yo, fuimos a ver el campus para conocerlo. En esa vuelta dimos a parar con la capilla del campus, uno de los sitios más importantes de la universidad, y así ya supe dónde estaba.

Los primeros días de clase llegaron, y con ellos conocí gente nueva. El primer día entablé confianza con un chico de Toledo que quiso conocer el campus. Le enseñé las instalaciones deportivas, la biblioteca, la cafetería, secretaría y, por supuesto, la capilla.

Se sorprendió de que hubiese capilla en una universidad y le expliqué que generalmente todos los campus la tenían. Le animé a entrar y se negó al principio, pero luego le entró la curiosidad de cómo sería y entramos. Desde ese momento ya sabe cómo soy y que las universidades tienen capillas. Un pequeño detalle que abre un mundo distinto.

¡Capillas universitarias! El amor a Dios de los militantes no conoce fronteras, no desaprovecha ocasiones, porque el apostolado es como el desbordarse de la contemplación, del amor, una necesidad de hacer partícipes a los demás de lo que se vive (P. Morales).

Pero si algo le desborda a un militante de Santa María, y es parte fundamental de lo enseñado por el P. Morales, es el amor a su Señora, a la Virgen María. Podríamos pasarnos años, siglos, hablando de su belleza sin par y su cariño maternal (les remito al artículo «Sábado Santo, al caer de la tarde» del número 303). Pero nos han limitado a 900 palabras para contarle a usted apenas dos pinceladas de cómo vivimos nosotros, los militantes de Santa María, fundados por el P. Tomás Morales, ese enorme y creciente carisma que este buen jesuita y gran padre espiritual nos dejó. Por eso terminamos dando la palabra a Fernando Ruiz, militante y universitario, que nos cuenta cómo vive él el amor a su Madre:

Durante todos estos años que llevo como militante, la imagen de la Virgen siempre ha sido un ejemplo a seguir como mi madre del Cielo. Sin embargo, recuerdo lo duro que se me hacía a veces rezar el Rosario todos los días y celebrar algunas fiestas de María. Esto era debido en gran parte a que no entendía lo que suponía Ella en mi vida y lo que me había estado cuidando desde que nací, preocupándose por mí aun cuando ignoraba que estaba ahí.

Yo notaba que algo no entendía, y que me dificultaba llevar a mi vida el estilo de Nuestra Madre del Cielo, hasta que un día de campamento, en Gredos Alto, el padre Rafael me entregó un papel sucio —y algo roto— que contenía los nombres de los miembros de la escuadra a la que había pertenecido el año anterior en el campamento, y que había aguantado todo el año bajo el manto de la Virgen. Observé que aún se podían leer nuestros nombres y sentí que ella los había guardado en su corazón, que ella me había protegido todo el año, y que, aunque yo me olvidase de Ella, no dejaría de amarme como a su Hijo. Desde aquella Desde aquella imagen, en el circo de Gredos, me había cuidado todo el año y me había hecho ver que su estilo de vida no eran los grandes acontecimientos, sino el trabajo del día a día del que casi nadie se da cuenta. Igual que Ella, virgencita del Pilar, escondida en la grieta de la roca, apenas un punto. Simplemente es y está.

Por cierto, que si nos llamamos Milicia de Santa María es precisamente por esa frase de Job; y por eso les «suena de algo» a estos jóvenes en los que el carisma de este hombre de Dios, el P. Morales, sigue tremendamente vivo y profundamente actual.