La misión digital: entorno de encuentro real

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Retrato del autor del artículo con la cúpula de la basílica de San Pedro de fondo.
El autor del artículo ante la cúpula de la basílica de San Pedro, símbolo de misión y comunión eclesial.

Por Hno. Álvaro L. Falcón, FSC – hermaestro

La incursión de las redes sociales y las herramientas digitales de la comunicación no han dejado indiferente a ninguna persona, institución ni sociedad contemporánea. En la actualidad nuestra forma de estar, percibir y posicionarnos en el mundo se ve condicionada, en gran medida, por la influencia que ejercen los medios de comunicación en nosotros.

Desde la fundación de nuestro Instituto, Hermanos de las Escuelas Cristianas, a finales del siglo XVII hasta nuestros días, no solo han transcurrido tres siglos, sino que podemos afirmar categóricamente que incluso hemos superado la era contemporánea y nos adentramos en los retos y desafíos de la era de la comunicación. El teólogo jesuita Antonio Spadaro propone un término sugerente para repensar y comprender la tecnología digital, no solo como una herramienta más, sino como una nueva cosmovisión que afecta incluso a la comprensión cristiana de la historia salvífica: la «ciberteología», la cual aporta un nuevo lenguaje para el pensamiento cristiano y su desarrollo teológico.

Los últimos capítulos generales de los Hermanos han insistido en la necesidad de reflexionar y posicionarnos con coherencia en el mundo virtual, tan real y presente entre los jóvenes con los que nos relacionamos como la misma aula en la que nos adentramos cada jornada. Aunque «nada puede sustituir el diálogo humano cara a cara» (circular 466, 3.33), a la hora de potenciar y desplegar la «cultura vocacional» los equipos de pastoral deben tomar en consideración todo tipo de medios, los digitales también. De ahí que en la última Asamblea de Hermanos Jóvenes nos decidiéramos a «hacer de las redes y las telecomunicaciones una oportunidad para anunciar creativamente a Jesús y motivar a otros a servir, a unirse a esta causa de dignificar la vida de tantos seres humanos que sufren en el mundo» (II IYBA, pág 31).

Quienes estamos convencidos de que «este Instituto es de grandísima necesidad» (Regla FSC, 152) para nuestro tiempo y la vocación de hermano es especialmente significativa para afrontar los desafíos de la cultura de la indiferencia y proponer una auténtica cultura de la fraternidad (mensaje del papa Francisco a los lasalianos con motivo del 300 aniversario de la muerte de san Juan Bautista de La Salle) nos vemos instados a emplear todos los recursos a nuestro alcance que contribuyan a «la mayor gloria de Dios».

De hecho, hacer visible mi vocación, mi proceso y mi itinerario personal me ha permitido ponerme en contacto con jóvenes y hermanos de muchas regiones del mundo que me han transmitido el agradecimiento por los vídeos y esa renovada presencia de nuestra vocación. Al desplegar y potenciar la propuesta de la «cultura vocacional» que presenta el Instituto en sus últimos documentos (circular 475 y cuadernos MEL 59) como misionero digital en Instagram, TikTok y YouTube bajo el nombre de Hermaestro (Hermano y maestro) procuro responder a la propuesta del 46° Capítulo General de ser levadura en todos nuestros ambientes lasalianos, ya que la pregunta: «¿dónde está tu hermano?» (Gn 4,9) también debe formularse y responderse en la periferia, indiferencia y soledad de las redes sociales, las cuales están habitadas cada vez más por personas que buscan en ellas una palabra de aliento y esperanza que las conduzca hacia el encuentro del otro (follower) o el Otro (Dios).

Durante el primer Jubileo de los Misioneros Digitales e Influencers católicos del que pude participar en el mes de julio de este año, los diversos ponentes insistieron en la necesidad de adaptar y adecuar las propuestas que han acompañado la tradición eclesial para acercar a los jóvenes al tesoro de nuestra fe: el encuentro con Cristo. Precisamente, para alcanzar dicho objetivo, el cardenal Pietro Parolin abrió el jubileo invitando a los asistentes a superar el anonimato y la superficialidad que se puede originar en las redes sociales, para privilegiar el encuentro sincero y la comunicación real entre las personas y con el Señor.

El evento dispuso de varios momentos álgidos en los que quienes tomaban la palabra incidían en generar una «red de personas». Esta red no se debe limitar a unir y congregar misioneros digitales con los followers o la nueva feligresía virtual, sino que tiene que ofrecer, también, la salvación para quienes se acercan a la escucha de la palabra de Dios y conocen el testimonio de quienes la anuncian. Precisamente, el papa León XIV nos lanzó un reto similar al que un día el santo de Asís recibió del Señor: «reparad las redes». El pontífice nos sorprendió con su presencia en el jubileo, pero más nos agradaron sus palabras que se asociaron a las reiteradas advertencias de los ponentes que nos recordaban que «estamos en el mundo, pero no somos del mundo».

Esta nueva comunidad de misioneros digitales hemos hecho nuestro este reto con la noción de «samaritanear» el mundo digital. Esto supone ofrecer un abrazo virtual y real a «todos, todos, todos». No se trata de «inventar» sino de «reinventar» y «reutilizar» aquellos elementos que siempre han acercado a las personas a Dios y que ahora, en un nuevo ágora, exigen una correcta actualización.

Cada jornada pido a Nuestra Señora de la Estrella, patrona de La Salle, que siga iluminando nuestro caminar vocacional y nos ayude, como en otro tiempo hizo con los marineros, a que los navegantes digitales de hoy surfeemos la red para brindar un auténtico y verdadero encuentro entre la persona y Dios.

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