Misión «inter gentes», misión «en todas las direcciones»

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Misión «inter gentes». Foto: Luis Ángel Espinosa, LC
Misión «inter gentes». Foto: Luis Ángel Espinosa, LC

Por Luis Ángel Plaza Lázaro, Director General del IEME (Instituto Español de Misiones Extranjeras)

Es bueno recordar siempre que hablamos de la misión, que todos los seguidores de Jesús, que nos reconocemos como cristianos, nos hacemos misioneros a partir del Bautismo. Como nos dice el documento de Aparecida, de América Latina, todos los bautizados somos discípulos-misioneros; los dos elementos son inseparables. No es posible ser discípulos de Jesús sin ser misioneros y todo misionero es discípulo de Jesús.

El papa Francisco afirma que ser misioneros no es algo opcional, sino que es una obligación de todos los seguidores de Jesús; el ser misionero es un elemento esencial a todo bautizado. No se puede ser seguidor de Jesús y no ser misionero, anunciador de él.

Aunque todos somos misioneros de Jesús, las formas de serlo son diferentes. Todo está en función de los diferentes dones o carismas que Dios nos ha dado. Unos son misioneros rezando por la misión, otros ayudando económicamente a proyectos misioneros, otros reflexionando sobre la misión, otros saliendo a otras tierras y culturas diferentes, otros yendo al encuentro de hermanos distantes…Todos unidos por la única misión.

Sabemos que los lugares donde se realiza la misión también son diferentes. Hay un tipo de misión que se realiza entre las personas próximas a nosotros, pero que se encuentran alejados de la fe, apartados de la Iglesia o distantes, y que desconocen el proyecto de Jesús; toda la Iglesia se siente llamada a salir al encuentro de estas personas. Pero hay otro tipo de misión que tiene lugar lejos de donde vivimos, en otras tierras, en otras culturas; son lugares donde no fue anunciado Jesús, donde es desconocido su proyecto; como se puede ver estos se encuentran fuera de nuestras fronteras, también geográficas. Esta misión la llamamos misión ad gentes.

Si bien es verdad todo esto, la realidad es que hoy vivimos en un mundo sin fronteras, donde los medios de comunicación que tenemos nos han aproximado a todos; vivimos en un mundo donde existe un gran movimiento de las personas; hay mucha gente que sale de sus tierras y va para otros lugares. Esto ha hecho que la realidad haya cambiado mucho, por este fuerte flujo de personas a nivel mundial. Hoy percibimos que entre nosotros hoy hay una gran variedad o pluralidad; en una realidad donde antes todo era más homogéneo en cuestión de religiones, de razas y de culturas. Cada día percibimos que cerca de nosotros hay mucha gente de otras religiones, de otras culturas; mucha gente que no conoce a Jesús y que nunca vivió un proceso de fe en él en su vida. Podemos decir que ahora cerca de nosotros también existe una misión ad gentes; que esta misión no está solo fuera de nuestras fronteras geográficas.

Esta nueva realidad que se está dando en este mundo interrelacionado y sin fronteras, ha llevado a que muchos intenten explicar, con diferentes términos, cómo sería la misión hoy. Se habla de misión inter gentes, misión «en todas las direcciones», misión «en diálogo», misión «de ida y vuelta», misión «holística». Son nombres diferentes que manifiestan un intento de explicar cómo debería ser entendida hoy la misión.

Independientemente de todo esto, lo que sí podemos decir es que realmente hoy existe una misión «ad gentes», «ad intra», es decir, una misión en lugares no cristianos, en otras culturas, en otras religiones, pero que están próximos a nosotros, dentro de nuestra área geográfica. Y existe otra misión «ad gentes», «ad extra», es decir, fuera de nuestra cultura, fuera de nuestra religión y fuera también de nuestra área geográfica, en tierras distantes de nosotros. Esta misión «ad gentes», «ad extra» es la que antes se llamaba simplemente misión «ad gentes».

La misión «ad gentes», «ad extra» continúa siendo necesaria y esencial en la Iglesia. Esta misión nos muestra el sentido universal que tiene el anuncio de Jesús para la humanidad; él vino para todas las gentes, para todos los pueblos. Todas las iglesias locales deben de tener este sentido universal, o lo que es lo mismo, católico. Jesús envió a sus discípulos en misión hasta los confines de la tierra y esta llamada continúa siendo actual para todas las iglesias locales del mundo.

No obstante hoy, en este mundo sin fronteras, debemos ver cuál debe ser la forma de poner en práctica esta misión. La tarea es la misma, pero la forma de realizarla debe cambiar para nosotros, pues ha cambiado mucho la realidad del mundo actual en que vivimos.

La misión de los misioneros para la misión «ad gentes», «ad extra», es una misión específica, que necesita también de una vocación especifica. Es una vocación que supone el salir a otras tierras, a otras culturas; nos lleva, por tanto, a dejar nuestra cultura, a dejar nuestra tierra, a dejar nuestra familia y a nuestra gente próxima.

Ninguna iglesia particular debería olvidar nunca esta misión; al contrario, podemos decir que una iglesia particular que no tenga ningún miembro en esta misión específica debería estar preocupada, pues algo está fallando en ella. En realidad podríamos afirmar claramente que esta es una misión obligatoria para toda iglesia local, pues nace del mandato de Jesús.

Aunque la misión «ad gentes», «ad extra» es una misión de todos, no todos deben salir de su tierra. Solo algunos que tienen esa llamada de Dios salen a otras tierras y a otras culturas; salen no en nombre propio, sino en nombre de todos, enviados por la iglesia local; no obstante, todos se implicaran y serán misioneros «ad gentes», «ad extra» de otras formas, como decíamos más arriba: rezando por la misión, ayudando con nuestros bienes a esta misión, apoyando a los que salen, reflexionando teológicamente sobre ella…

La tarea de la misión «ad gentes», «ad extra» no solo es una tarea de todas las iglesias locales, es también una tarea de toda la iglesia local. Todos deben estar implicados en esta misión: el obispo, como primer responsable (el concilio Vaticano II nos dice que el obispo es responsable de su iglesia local y corresponsable de toda la Iglesia universal, junto con todos los demás obispos); todos los sacerdotes de la diócesis son responsables también de esta misión. Y todos los laicos.

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