¿Mujer maravilla o maravillosa mujer?

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Mujer maravilla o maravillosa mujer
Mujer maravilla o maravillosa mujer

Por Inma Calzado

Hace poco veía un vídeo con el testimonio de una mujer que ha fallecido recientemente a los 46 años. Creció en una familia unida y con una situación económica privilegiada. Contaba que a pesar de tener un marido estupendo, dos hijos sanos y preciosos y, tras haber encontrado el éxito profesional con su empresa de catering, no se sentía bien por dentro. Todo era perfecto y quizá por eso empezó a sentir un miedo enfermizo a cualquier suceso que pudiera ocurrir y que le hiciera perder algo de su «vida perfecta». Miedo a que les pasara algo a sus hijos, a su negocio, miedo a volar… Se volvió muy exigente con los niños y con su marido, buscaba un escape viendo series y, a pesar de hacer varios cursos de meditación y relajación, no encontraba la paz.

Un día, tras muchas invitaciones de un amigo, accedió a ir a un retiro de fin de semana donde fue tocada por el amor absoluto de Dios. Cuenta que se quedó en ella una semilla y empezó a ir a las reuniones todas las semanas. Comenzó cada día a pedir tener más fe y aceptar la voluntad de Dios. Con esto mejoró mucho su matrimonio y la relación con los demás. Encontró la paz que buscaba en la confianza y la unión con Jesús.

Creo que hoy se nos pide mucho a las mujeres. Pero nada de lo que logremos o tengamos tendrá sentido si no estamos unidas a Jesús. Seguramente no seremos nunca la mujer maravilla, pero podremos aspirar a ser mujeres maravillosas si caminamos en la presencia de Dios, si estamos unidas a él.

Para esta unión con Jesús tenemos la inestimable ayuda de la formación que recibimos en el Movimiento de Santa María. En él se nos enseña que la esencia de lo que es la mujer le viene dado por el plan de Dios sobre ella. Una parte de ese plan de Dios está en la complementariedad entre el hombre y la mujer. Somos cada uno la ayuda adecuada para el otro. En el plan de Dios existen dos formas distintas de ser personas. Se nos pide complementariedad y no competencia. Cada uno tenemos un rol que complementa al otro, no compite, colabora con el otro.

En nuestra identidad está también nuestro propósito. Hoy se habla mucho de descubrir tu propósito en la vida para ser feliz. Pero muchas veces ese propósito se identifica con cumplir todos mis deseos y aspiraciones individuales sin acordarme de las necesidades de los demás y priorizando solo mi bienestar. Cada uno tenemos una misión que solo nosotros podemos descubrir y seguir con la ayuda de unos guías —que estén cerca de Dios— y con la asistencia del Espíritu Santo.

En el plan de Dios sobre la mujer está que esta sea fecunda, física, espiritualmente o de ambas formas. Que sea capaz de generar vida y capaz de acercar a los demás a la vida eterna. Como la samaritana podemos recibir y compartir ese agua viva que salta a la vida eterna.

Según el papa Juan Pablo II hay cinco características del genio femenino a la hora de amar: la compasión, la comprensión, la objetividad de juicio, la capacidad para educar y la empatía. ¿Por qué a la mujer moderna le cuesta aceptar este papel, estas 5 facetas del genio femenino? Porque se pretende destruir la esencia de lo que es ser mujer. El aborto es para destruir en la esencia lo que es dar vida y cuidarla. Pocas mujeres han cuestionado lo que se les ha vendido. En aras de ser libre y feliz se nos venden unos conceptos de liberación de la mujer que son proclamados como los nuevos dogmas que no deben ser cuestionados. Escuchamos incluso que existe en algunos países una «policía del pensamiento» para perseguir a los que se atrevan a cuestionar los dogmas de «liberación femenina». Sin embargo, la verdadera libertad consiste en elegir el bien mayor, elegir el bien en sí mismo. No hay un bien mayor que la voluntad de Dios. Según la cultura actual la libertad es elegir lo que te da más placer, incluso cuando ese placer te cause después desencanto y vacío.

En un mundo que promueve la promiscuidad y la variedad de parejas, el plan de Dios es no separar la afectividad de la sexualidad, y tener un amor fiel y abierto a la vida. Una persona que es amada no es utilizada. La sexualidad si no está guiada por la afectividad tratará el cuerpo como algo accesorio no como algo que es la expresión del alma. El cuerpo revela el alma de la persona. El cuerpo no es un accesorio con el que experimentar placer, sino que mi cuerpo soy yo y si lo trato como un accesorio provoco un gran daño en mi alma. Mi cuerpo es templo del Espíritu Santo.

No es casualidad que las mujeres tengan más cualidades para el cuidado de los pequeños y los débiles. Es un don precioso de Dios. Esa sensibilidad es vista hoy como una debilidad o como una carga. Se desvía esa gran capacidad de amar y de cuidar hacia los animales y vemos por la calle mujeres que tratan a sus mascotas como si fueran sus hijos.

No es una esclavitud servir a los que amas, es una realización de la gran capacidad de amar que tenemos. Hay un pasaje del evangelio en el que vemos la actitud de servicio de una mujer humilde, es el pasaje de la curación de la suegra de Pedro. Ella estaba con mucha fiebre y los suyos, que la querían, pidieron al maestro su curación. El evangelio nos cuenta que esta mujer, después de haber sido curada por Jesús, se puso rápidamente a servirlos. Cuando se encontró con Cristo, él la sanó y ella descubrió su valor, por eso siguió sirviendo a los demás y seguro que con más amor. Nosotros cuando nos encontramos de verdad con Cristo también amamos mejor a los demás porque nos hemos sentido muy amados y sanados.

A las mujeres se nos exige hoy una perfección y un montón de actividades que a veces nos abruman; nos quitan tiempo para descansar y nos hacen olvidar la prioridad que es nuestra unión con Dios. En el momento en que Dios no es el centro de mi vida alguien va a ocupar el lugar de Dios, será el trabajo, será escapar mediante cualquier desconexión, será mi bienestar personal exclusivo…

Pidamos a la mujer más realizada del mundo que nos guíe en nuestro camino. María, abierta a las promesas de Dios, profundamente creyente. María, disponible para servir a su prima Isabel percibiendo su necesidad de ayuda y de compañía. María, consuelo de los apóstoles, madre de cada uno de ellos y cercana a cada uno, aceptando la cabezonería de Pedro y la incredulidad de Tomás. María, tú eres la mujer más maravillosa del mundo, el ser humano más importante creado por Dios y, además, tengo la suerte de que eres mi madre, ayúdanos en nuestra misión de dar vida y cuidarla.

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