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title: "Multitud de estrellas invisiblemente radiantes"
description: "En el seno mismo del mundo, trabajando, sufriendo y amando a través de él, se van encendiendo multitud de estrellas invisiblemente radiantes. Eres una de ellas si vives en plenitud tu vida..."
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date: 2019-02-01
modified: 2019-07-30
author: "P. Tomás Morales"
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categories: ["Testigos y maestros"]
tags: ["Revista nº 314"]
type: post
lang: es
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# Multitud de estrellas invisiblemente radiantes

En el seno mismo
del mundo, trabajando, sufriendo y amando a través de él, se van encendiendo
multitud de estrellas invisiblemente radiantes. Eres una de ellas si vives en
plenitud tu vida cristiana en el mundo. Fermento siempre presente, pero
invisible, como el agua, el aire, el perfume. Fecundan siempre y embalsaman,
pero pasan inadvertidos.

El titanismo del
esfuerzo humano es el gran ídolo de nuestro tiempo. Una radiante constelación
de bautizados, entregados a la contemplación en la entraña del mundo, cambiará
su faz. Reemplazará al humanismo ateo en ruinas, a punto de desplomarse. Lo
sustituirá por el humanismo cristiano, único capaz de engrandecer al hombre al
divinizarlo, de impulsar el auténtico progreso de la humanidad. Tu vida-fermento
es bien sencilla. No pide nada, sino caridad y humildad.

## *Vida oculta*

Es
la propia del fermento desapareciendo en la masa, pero sin perder su poder
reactivo. El laico que vive su bautismo no se pregunta si su fe está o no
adaptada al mundo moderno, si es o no eficaz para transformarlo. Prefiere
vivirla con sencillez en todo momento, en cualquier circunstancia.

Medita con frecuencia la
parábola del fermento y te persuadirás de que la vitalidad del Cristianismo en
cada época no depende tanto como se cree de todo lo que se discute, de todo lo
que sucede o deja de suceder en el escenario del mundo. Bajo las agitaciones de
la política, los movimientos de opiniones, corrientes de ideas y controversias,
lejos de las reuniones y de las plazas públicas, escapando a las auscultaciones
y a las encuestas —muchas veces prefabricadas—, una vida se mantiene oculta, se
transmite, se renueva. Una vida de la que apenas es posible percibir ni juzgar
desde fuera. El Reino de Dios brilla en el secreto. Aquí y allá, repentinas
iluminaciones lo revelan. Se forman focos de luz, se extienden, se juntan entre
sí. Son otros tantos signos anunciadores.

Una multitud de santos
pequeños, ocultos en la aparente vulgaridad de una vida monótona, conducidos
por la Virgen, transformará el mundo. Esa multitud que ya apunta confundirá a
los engreídos que creen poder cambiarlo ideando organigramas o planificaciones
humanas y olvidando la virtud reactiva del fermento evangélico.

Así es el
laico-fermento. Se hunde en la soledad de la masa sin perder su energía
reactiva. En un mínimo de volumen, el comprimido encierra el máximo dinamismo
curativo. Eso es el fermento. Un comprimido que trabaja sin ruido, silencioso,
con suavidad exquisita, sin estridencias violentas. ¡Qué bien ejemplariza el
fermento lo que debe ser tu apostolado cristiano!

El fermento, presente íntimamente, influye en todas las partículas. Se esconde misteriosamente al desaparecer perdido en la masa. Nadie lo ve, pasa inadvertido, pero actúa con eficacia desconcertante, y él mismo es el primer sorprendido.

Trabaja y sufre en paciencia, silencioso, en la noche. Mejor, deja que Dios trabaje y sufra en él. Se encierra en el momento presente, en el «hermoso día de hoy» (Dante). Ama, sufre y sonríe siempre, acordándose de santa Teresita. Así se adueña de la masa, la transforma. No reposa hasta que, exultante de gozo, la ve fermentar para Cristo.
