Para siempre, para siempre, para siempre…

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Virgen de la Clemencia, Monasterio de la Encarnación (Ávila)
Virgen de la Clemencia, Monasterio de la Encarnación (Ávila)

Párrafos inéditos del P. Tomás Morales

Homilía 5.9.1983

Se celebra hoy entre nosotros un día conmemorando a santa Teresa de Jesús, para quedar inflamados en el mismo amor con que ella quedó inundada desde que se convirtió totalmente a Dios, quizá veinte años después de su entrada en el Carmelo.

Dos veces he tenido ocasión de entrar en el interior de la Encarnación. La primera, hace ya bastantes años, y cuando las religiosas me enseñaban el monasterio por dentro me dejaron solito, qué suerte, precisamente en el sitio, ponerme de rodillas, en que Teresa de Jesús hacía misa, comulgaba. Ah, esto es lo que nos hace falta ahora a todos para poder participar en la santa misa con esa inmolación total de nuestras vidas y abrir nuestros corazones en el instante de la comunión.

Homilía 31.8.1987

Qué bella la súplica de la misa: «Enciende en nosotros el deseo de la verdadera santidad». ¿Cómo se las arregló Teresa de Ávila? A los 13 años pierde a su madre. Un dolor inmenso, un desencanto terrible. Presurosa acude a la Virgen de la Clemencia, una de las ermitas fuera de la muralla que circundan a Ávila. Y allí le pide que sea su madre.

También tú y yo estamos ya doloridos, desengañados, porque no podemos ser santos por nuestras propias fuerzas. Creemos que eso de la santidad ya no lo podemos conseguir. Refúgiate en la Virgen (…)

¿Y cómo le pagó la Virgen a santa Teresa este rasgo tan maternal? 17, 18, 20 años, tormento en su corazón terrible. Le atraen las cosas de la tierra. Quiere dejarse seducir, pero la Virgen acaba triunfando. Más todavía: otro momento crucial, 1571, 7 octubre; entra en la Encarnación con el revuelo que allí se organiza por parte de aquellas monjas relajadas, y entonces las reúne a todas en la sala capitular, y en vez de sentarse ella en su sitial, pone la Virgen de la Clemencia, precisamente.

Los que hemos tenido la suerte de entrar en la Encarnación de Ávila, nos conmovemos cuando nos enseñan el coro, y allí vemos la imagen de la Virgen de la Clemencia (con el rostro un poquito inclinado, porque, según la tradición, aquí un día cuando hacían coro nuestras monjitas ella volvió la cabeza para decirles que Jesús estaba muy contento por lo que allí hacían ellas). Y entonces: «Esta será vuestra priora» les dice. Y a los pocos meses, marzo del 72, escribe a una amiga y le dice: «Mi priora hace maravillas» (…)

«Mi Priora hará maravillas». Por tanto, tu Priora, que es la mía y la de todos, hará maravillas dentro de ti (…) Ella hará el milagro de la unidad dentro de ti, el milagro de la unidad dentro de la Milicia-Cruzada, el milagro de la unidad dentro de la Iglesia, y el milagro de la unidad que por otra parte parece que es la historia de España.

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