Plan 75

Tengo familia, pero estoy completamente sola

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Por Jesús Jaraíz Maldonado.

Japón, 2002
105 minutos
Director: Chie Hayakawa

En una reciente entrevista, Juan Manuel de Prada defendía la figura del profeta de calamidades. Como tal podríamos considerar al escritor Aldous Huxley cuando escribió en 1931 su novela distópica Un mundo feliz. En esa sociedad futura sus habitantes asumen con naturalidad que a los 65 años debe terminar de manera programada e inexorable su vida, apagándose dulcemente gracias a una dosis extra de soma.

Hoy, algunos se empeñan en adelantar ese futuro. En 2013 el ministro de Finanzas de Japón generó un agrio debate al animar a los ancianos a «que se den prisa y se mueran» para aliviar así los gastos del Estado.

Nueve años después el director japonés Chie Hayakawa retoma el debate nacional y actúa como un nuevo profeta de calamidades con Plan 75.

Ante el alarmante envejecimiento de su población y los costes económicos que suponen su cuidado, el Gobierno de Japón impulsa el Plan 75. En él establece un programa de propaganda institucional, estímulo económico y acompañamiento personal para animar a los ancianos que lleguen a esa edad a poner fin a su existencia. El plan alcanza tal éxito que se plantean bajar la edad de los candidatos a los 65.

Tres protagonistas afrontan desde distintas posiciones el programa de eutanasia asistida. Por una parte, Hiromu, joven funcionario y eficiente reclutador de ancianos. Lo mismo entrevista y acompaña a los candidatos al Plan que elige para el parque bancos que sean seguros para los niños e insufribles para los indigentes.

Por su parte, María, inmigrante cristiana filipina, busca el trabajo más rentable para así enviar dinero a su familia.

Y, en tercer lugar, Michi. Cuando recibe la jubilación hace una breve plegaria —«Gracias por todo»—, pero experimenta cómo su mundo se tambalea. A pesar de su edad necesita trabajar para subsistir; sufre la soledad: «Tengo familia, pero estoy completamente sola». Y siente necesidad de atención y cariño: «Muchas gracias por cuidarme hasta el final».

Actualmente Japón es el país más anciano del mundo, pero España alcanzará en 15 años un puesto similar. Por eso, Plan 75 nos anima a reflexionar. Sus problemas son ya los nuestros (la disolución de la familia, el envejecimiento de la población, el individualismo y el capitalismo, en el que la persona vale en la medida en la que produce) conducen a la soledad, la tristeza y el suicidio. De hecho, Japón ya dispone de un Ministerio de la Soledad para combatir el suicidio.

Todos esos síntomas de un mundo feliz ya están entre nosotros y la propaganda institucional va calando progresivamente. A propósito del reciente fallecimiento de un escritor a los 70 años, un lector comentaba sin pudor en la prensa: «Hay que entender que es imposible tirar más de la cuerda con la gente viviendo más de 70 años. Lo normal y hasta deseable debería ser que la gente se fuera a los 70 años. Es una vida ya vivida y dejas hueco a los que vienen detrás. 70 años debería ser una edad máxima de vida (…). Poco a poco harán que la esperanza de vida vuelva al límite del que nunca debió pasar, 70 años».

Ante ese mundo feliz que nos viene, serán necesarios valientes profetas de calamidades porque «cuando uno renuncia a ser profeta de calamidades, renuncia a ser profeta de esperanza, porque las calamidades que estamos padeciendo anticipan claramente el tiempo parusíaco, nos están hablando claramente del final de los tiempos» (J. M. de Prada).

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