Poner a un niño en medio

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Atardece en Cafarnaum.
Jesús y los suyos regresan de un viaje por Galilea. Acaban de entrar en casa.
El Maestro se acerca a algunos de ellos y les pregunta: ¿De qué discutíais
por el camino?
Ellos callan, pues habían estado discutiendo quién era el
más importante. Entonces se sienta, llama a los Doce, acerca a un niño, lo pone en medio y les dice: Si no
os convertís y os hacéis como niños no entraréis en el Reino
Atardece también hoy
aquí. Y Jesús nos sigue preguntando a los suyos: ¿De qué discutís? Y hoy como
ayer no nos queda más remedio que callar… porque muchas veces seguimos, erre
que erre, discutiendo quién es más importante, quien tiene más razón, o
prestigio, o… Y ante nuestro silencio Jesús vuelve a poner hoy a un niño en medio y nos dice:
¡Convertíos, volved a ser como niños!
Este número de Estar
quiere dirigir nuestra atención al “valor de ser niño”. Nos coloca a un niño en medio y nos
propone, en primer lugar, ser como niños. ¿Cómo serlo? Confiando en Dios como
Padre, recibiendo todo como un don, estando abiertos a todo y a todos con
sencillez y alegría… Todo un programa de vida, en estos días previos a la
Navidad.
En segundo lugar, ante
ese niño, Jesús nos dice: Quien acoge a un niño como éste me acoge a Mí…
¿Qué significa acoger a un niño? Significa cuidar a cada niño, respetarlo,
protegerlo, educarlo… Y más en nuestro mundo en el que los pequeños parecen no
contar ni decidir, condenados a ser infantes (etimológicamente, los sin voz).
Más aún ¡cuántas veces son considerados un estorbo, que hay que quitar de en medio incluso
antes de nacer, o abandonar, o convertir en víctimas de cualquier forma de
violencia…! Dediquemos tiempo, atención, afecto a nuestros niños en estos días.
Seremos nosotros los primeros beneficiados…
Y, por último, Jesús
ahora en Navidad también nos pone a un niño en medio… ¡Él mismo! La Navidad es
Jesús Niño que
viene a acampar en medio
de nosotros, que se cuela en medio de nuestras calles, de nuestras casas y
ojalá también en medio de nuestros corazones.
Te propongo que leas cada una de estas páginas como una
invitación a poner a ese niño en medio de tu vida en
estas tres direcciones: hacerte como niño, cuidar a los niños, y sobre todo,
acoger al Niño por excelencia. Y para ello, ¿qué mejor que acudir a la Madre?
Si, como los pastores en Belén, encuentras a María y a José, descubrirás al
Niño, y volverás dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que has oído y
visto…