Proyecto: Puedo y quiero

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Proyecto: Puedo y quiero
Proyecto: Puedo y quiero

Por María Mercedes Lucas

Deseo compartir con vosotros una de las experiencias más gratificantes que he vivido estos últimos días, ejerciendo mi labor docente.

ABRIL 2019

Justo la semana antes de vacaciones de Semana Santa, todo mi centro escolar (instituto público) estaba sumido en el trabajo de realizar y exponer los PROYECTOS que profesores, alumnos o departamentos habían ideado para este tiempo.

El objetivo consistía en desarrollar algunos aspectos trasversales de la educación de forma creativa sin vernos encorsetados por la dinámica ordinaria del sistema educativo. Se trataba de desarrollar las capacidades y los deseos de alumnos y profesores aunándolos en proyectos comunes donde los carismas similares pudiesen trabajar en equipo y desarrollar sus talentos.

El proyecto que desarrollé se llamaba: QUIERO Y PUEDO y la pretensión del mismo consistía en unir a los alumnos que sentían la necesidad de actuar, promoviendo la creación de un mundo más justo y aliviando el sufrimiento humano.

En mi fuero interno llegué a desconfiar de que esta idea les pudiese resultar atractiva y que los alumnos no tuviesen interés por matricularse en él. ¡Qué error tan grande! Resultó ser uno de los primeros que se cerró, pues los interesados fueron muchos y se inscribieron rápido, llegando a quedarse alumnos fuera (teniendo que apuntarse a otros proyectos).

Teníamos que desarrollarlo en cinco días y este fue el itinerario que nosotros seguimos:

Día 1: Visitamos la asociación Neri. Esta asociación se dedica a ofrecer desayunos todos los días del año, a personas que viven en la calle o con escasos recursos económicos. Ofrece servicio de duchas y lavandería (a los mismos). Imparte clases de español para inmigrantes, ofrece servicio de ropero, peluquería y tiene un piso de acogida en el que, recién llegadas a nuestro país, pueden vivir durante un periodo limitado.

Los alumnos (y profesoras acompañantes) conocieron a Pepita, la fundadora, que con 92 años está al pie del cañón ejerciendo una labor encomiable a pesar de su edad. Ella les habló de la necesidad de aliviar el sufrimiento humano y de la verdadera solidaridad. También conocieron a otros voluntarios, y pudieron ver a los usuarios que frecuentaban el local; así también tuvimos contacto con la realidad del rechazo que la sociedad siente ante este tipo de locales (personalizado en los vecinos de la zona con los que hablamos).

Tras esto nos dirigimos a la sede de la asociación RED MADRE en Murcia. La voluntaria que nos acogió, después de enseñarnos el local, la ropita y utensilios que tenían para donar a los bebés, nos explicó cómo su labor consiste en ayudar a mujeres que se plantean el aborto —ya que es la única solución que les han ofrecido para afrontar un embarazo no deseado— y les proporcionan la ayuda que demandan en el caso de continuar con el mismo.

Las dos asociaciones nos ayudaron a comprobar que cuando se opta por la vida humana y una vida digna, los esfuerzos y el trabajo, a pesar de contar con pocos recursos, obtienen resultados que reconfortan la vida de miles de personas, tanto de las que reciben como de las que dan.

Día 2: Nos quedamos en el instituto y nos dividimos en tres grupos. Mientras un grupo realizaba manualidades para el panel de la exposición del proyecto, otro trabajaba en la pared donde se iba a plasmar el trabajo y, un tercero, se encargaba de ofrecer productos que nos habían donado anteriormente en un mercadillo intentando conseguir donativos para ofrecer a Neri.

Día 3: Salimos de nuevo para conocer otras asociaciones, en este caso la comunidad terapéutica de LAS FLOTAS. Visitamos la casa donde personas con diversas dependencias aprenden a vivir, comunitaria y libremente, luchando contra ellas en un entorno de esfuerzo y disciplina; aprenden a compartir, a comunicarse y la necesidad de afecto y cariño para reforzar la autoestima. Llegan a crear un ambiente familiar donde la persona se siente motivada para comenzar una nueva vida superando los errores del pasado, y se capacita para ello.

A través de un juego, con el que disfrutaron mucho, demostraron a los chicos la «potencialidad» a la adicción que todos tenemos.

Seguidamente, visitamos la asociación CABALY donde sus propietarias nos informaron que recogen animales —caballos sobre todo—, que han sido desahuciados por diversas causas, los cuidan a la vez que realizan terapias con ellos. También atienden a niños con diversos problemas (autismo, por ejemplo).

Los chicos pudieron cepillar y alimentar a los caballos y les resultó muy agradable hacerlo.

Día 4: Seguimos trabajando en el centro escolar pues, al día siguiente, los padres venían a recoger las notas de sus hijos y teníamos que exponer nuestro trabajo a todo el que nos visitara ese día (vinieron representantes políticos y de colegios, padres y familiares de alumnos), así como al resto de alumnos y profesores.

Día 5: ¡Exposición! ¡Fue todo un éxito! Yo misma quedé muy sorprendida de cómo algunos chicos expusieron lo que habían visto, vivido y aprendido esos días. Se lo explicaron a todo el que mínimamente les escuchaba y yo sentí que ¡todo el esfuerzo había merecido la pena!

Nuestro proyecto estuvo abierto a todos los alumnos del centro, sin límite de edad ni curso, por lo que trabajamos con alumnos de todos los niveles lo que resultó una experiencia muy enriquecedora para ellos y para nosotras mismas (las profesoras).

Resultó ser una experiencia muy gratificante y esperanzadora. El trabajo fue intenso, pero en lo más íntimo de nuestro ser, sentimos que el AMOR sigue moviendo el mundo en cada uno de nuestros poros por más que, en algunos momentos, sintamos que un estado catatónico y apático se ha apoderado de nuestras vidas.

¡Hay esperanza, Cristo vive y se nota!