Pulso a la educación. Entusiasmar educando

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Entusiasmar educando
Entusiasmar educando

Llevamos en España treinta años, al menos, que la enseñanza-educación se ha convertido en un campo de batalla que hace muy difícil la labor docente a los profesores. Hay muchos motivos para el desencanto, pero también para el entusiasmo.

¿Cuántas leyes de educación llevamos ya en estos últimos años? La respuesta es siete. Lo más normal es que tanto lío en las leyes que rigen la educación de un país haga estragos en el proceso educativo. No se acaba de implantar una ley cuando ya se impone otra nueva. Es más, hubo una ley, la LOCE, que ni llegó a implantarse.

Se ha politizado la enseñanza-educación y, como todo lo que se politiza se adultera, también la educación se ha adulterado. Se utiliza la enseñanza para resucitar o innovar las batallas ideológicas que tanto daño hacen a la educación española.

Se han hecho leyes a espaldas de los profesionales e ignorando a los padres, primeros responsables de la educación de los niños y jóvenes. Si a esto sumamos el ambiente generalizado de degradación de costumbres que impera en nuestra sociedad, y la influencia deseducadora de los medios de comunicación en general —con sus correspondientes honrosas excepciones, por supuesto— el panorama educativo no parece ilusionante.

La educación es superior a una ideología que querría solamente reducir todo a la administración: la educación no se reduce a la administración, aunque esta sea importante. La educación es, en primer lugar, la prolongación de la paternidad y la maternidad. Y aquí sí encontramos puntos de luz: personas, grupos, instituciones que aportan sus granitos de arena para conseguir que la educación esté el servicio de la persona y no de otros intereses.

San Juan Pablo II, dijo en la UNESCO el 2 junio de 1980: La primera y especial tarea de la cultura en general, y también de toda cultura, es la educación. La educación consiste, en efecto, en que el hombre llegue a ser cada vez más hombre, que pueda «ser» más y no solo que pueda «tener» más, y que, en consecuencia, a través de todo lo que «tiene», todo lo que «posee», sepa «ser» más plenamente hombre.

Si recurrimos a la historia, veremos que la Iglesia, por ejemplo, es rica en personas e instituciones entusiasmadas con la verdadera educación. Lo podemos comprobar en algunos de nuestros artículos. Sí, la situación está como está, por eso hay que tomarle el pulso a la educación, para volver a coger conciencia de que, sentar las bases de la calidad de un pueblo, es algo entusiasmante.

Sí, la situación está como está, por eso hay que tomarle el pulso a la educación, para volver a coger conciencia de que, sentar las bases de la calidad de un pueblo, es algo entusiasmante.