Quiero ser vuestro padre

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Encuentro
navideño con el Arzobispo de Madrid, Mons. Carlos Osoro

Por Andrés Jiménez
Guardaremos
para siempre en la memoria del corazón la fecha del 25 de diciembre, Natividad
del Señor, de 2016. El arzobispo de Madrid, Don Carlos Osoro, ha querido venir
a celebrar este acontecimiento entrañable en la casa central de los Cruzados de
Santa María, junto con militantes, familias y colaboradores de nuestro
movimiento.
Celebrar la
Navidad en familia, con el pastor de nuestra diócesis primigenia, ha sido un
regalo que debemos agradecer por lo que es y por lo que significa. Se han
aunado el común amor a nuestra madre la Iglesia en torno al misterio de Belén y
el inicio del año Santo de la Misericordia, dos coordenadas que dan relieve a
este acontecimiento.
Es la
primera vez que don Carlos Osoro nos visita, y lo hace en el momento en que se
reúnen como familia miembros de todo el movimiento surgido en torno al
Instituto secular de los Cruzados de Santa María en los días de la Navidad,
como es costumbre cada año.
Pasada la
media tarde y tras saludar a los presentes, el arzobispo de Madrid presidió la
Eucaristía, precedida por el rezo de las vísperas. En su homilía manifestó su
alegría por el encuentro y evocó a los presentes el Misterio de la Natividad
del Señor, la salvación que nos ha llegado a través de Cristo Niño, y que se
nos da como alimento y compañía que hemos de ofrecer con nuestra vida a todos,
como hicieron los pastores y los magos, tras contemplar al Niño, a María y a
San José.
Tras la
entrañable celebración y la adoración de la imagen del Niño —en la que se
encontraba presente también Abelardo de Armas, lo que hizo el momento aún más
emotivo—, se pasó a cenar y compartir la alegría del Nacimiento de Cristo. En
la sobremesa, además de cantar villancicos, se pudieron escuchar testimonios de
presencia evangelizadora en el mundo por parte de varios de los presentes: la
vida y la presencia que quieren hacerse cauce de la misericordia de Dios a
través de la familia, el trabajo de psicóloga y orientadora en un colegio, de
empleado de banca o de abogado, o incluso como futbolista, entre otras
intervenciones.
En sus
palabras finales, don Carlos felicitó y alentó a los presentes a vivir de
manera audaz su vocación, allí donde Dios les ha puesto.

Estamos,
dijo, en una época completamente
nueva, necesitada de quien muestre el rostro vivo del Señor en todas las
situaciones y lugares, de quien le anuncie. Sois una realidad eclesial que
quiere estar en todos los caminos donde están los hombres de hoy. Debéis ser
audaces, capaces de dar lo que habéis experimentado de la misericordia de Dios.
Quiero ser vuestro padre, con toda sinceridad, y me tenéis a vuestra
disposición. Lo que hacéis no es por vuestra cuenta, lo hacéis por mandato de
la Iglesia, desde la comunión. La calma viene cuando todos los remeros, en la
barca de la Iglesia, miran al Señor. Tenemos que dejarnos guiar por el Señor;
rezad por mí, para que yo también sea un buen guía de remeros. Seguid actuando
con la creatividad que os caracteriza, mirando al Señor en la oración y en la
escucha de su Palabra. Y, recordando a san Juan Pablo II, concluyó: No tengáis miedo.