Recomendaciones para la Cuaresma

39
1975 Jornadas en Zamora
1975 Jornadas en Zamora

Presentamos hoy una carta circular dirigida por el P. Morales a los Cruzados de Santa María con motivo de la Cuaresma de 1965. Ha aparecido recientemente en un fichero que tenía en su habitación Abelardo de Armas. Es, por lo tanto, totalmente desconocida.

Se trata de una cuartilla sin membrete, escrita a máquina por las dos caras, que comienza directamente, sin dirigirse a ningún destinatario concreto, aunque sabemos que son los Cruzados de Santa María. No tiene firma, pero termina con la ciudad y fecha, de su puño y letra reconocibles, a pluma y con tinta azul, indicando simplemente «Madrid Miércoles Ceniza 1965», que ese año coincidió con el 2 de marzo. El texto está lleno de incorrecciones y erratas, más de las esperadas, fruto de la rapidez con que escribía sus cartas y de la importancia que concedía al contenido frente a la forma.

Destacan en la carta las dos características omnipresentes en su predicación: el espíritu apostólico y la Virgen.

* * *

En un año mariano (nota 1) la única ilusión para un cruzado de la Virgen durante la Cuaresma, es vivirla en intimidad con María, acompañando a Jesús en estos cuarenta días en lucha contra sus enemigos, que son los nuestros y los de nuestros hermanos, a quienes tenemos que conquistar para la Vida Divina, preparándolos para resucitar con nosotros y con Él en el gran día de la Pascua.

La Virgen viviría paso a paso la Cuaresma de Jesús. Él le habría contado muchas veces en Nazaret los pormenores de su penitencia en esta vida solitaria contra el enemigo. María los tiene muy presentes durante estos días, y está íntimamente asociada a ellos y participa en su vida austera llena de amor hacia nosotros. No sé por qué me imagino que se acercaría al Monte de la Cuarentena, y de lejos le seguiría. Quizá se hizo una cabaña al pie, y desde ella trataba de imitarle (nota 2). Y no me parece nada improbable que en varias ocasiones le visitase, alentándole y consolándole con su presencia.

La Virgen, modelo siempre de las almas en cualquier instante del Año Litúrgico, ahora lo es más. El cruzado, en lucha contra sus tres enemigos para morir a sí mismo y renacer para Dios. Y lucha con tres armas, las mismas que la Iglesia pone en nuestras manos en estos días: oración, penitencia, limosna. Pero no limosna de solo dinero, sino de dar todo lo que se tiene: inteligencia, corazón, actividad, sin guardarnos nada para nosotros mismos, sino entregándolo todo a Cristo en nuestros hermanos. Oración, que es interiorizarse renunciando vida sentidos para acrecentar vida de fe que nos haga comprender al fin que la vida no es más que una Cuaresma prolongada esperando el gran domingo. Si queréis, un Sábado Santo en que Jesús muerto se prepara para resucitar. Fue en el primer Cursillo de Comillas, cuando el Sábado Santo apareció entoldado de nubes, pero conforme fue avanzando, claros de cielo azul anunciaban un día esplendoroso para el Domingo Resurrección, como así fue. Cuando a las siete [y] media salíamos albergue Rovacías para asistir a la Resurrección del Señor en el Máximo (nota 3), el cielo ya estaba completamente despejado presagiando el gran día.

Penitencia, para seguir la consigna que la Virgen repite 16 veces con su presentación en Lourdes estos días de las Apariciones, hasta que el día 25 nos diga que es la Inmaculada Concepción. Limosna, darse y olvidarse para que la Cruzada sea santa, y se susciten nuevos llamamientos para la tarea que nos encomienda la Iglesia, tan necesitada de verdadera reforma, mucho más íntima que lo que cacarea la publicidad barata y superficial de publicaciones frívolas (nota 4).

Un consejo para acabar: por la noche cuando preparéis con particular interés en estos días vuestra oración del día siguiente, no olvidéis de abrir Misal y saborear Misa, admirando lo que es el corazón paternal y misericordioso de Dios perdonando y olvidando crímenes y delitos, dándonos fuerza para vivir la vida divina y vivirla con más abundancia, para ser santos como nos pide la regla 1ª de la Cruzada, que en tiempo de Cuaresma tiene más actualidad que nunca, para hacer fecunda nuestra Campaña de Resurrección que tantas almas traerá a Cristo y a la Cruzada de su Madre.

Madrid, Miércoles Ceniza 1965


Nota 1.

Se refiere a que la vida del Cruzado tiene que ser siempre mariana, ya que los dos únicos años marianos del siglo XX han sido el 1953-1954, convocado por Pío XII para conmemorar el centenario de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción (1854); y 1987-1988 (6-6-1987 / 15-8-1988), convocado por Juan Pablo II para prepararse para la llegada del nuevo milenio y para conmemorar el sexto centenario del bautismo de Lituania.

Nota 2.

«Inmitarle» en el original. El P. Morales solía pronunciar y escribir erróneamente «inmitar». No sabemos de dónde pudo sacar está pronunciación enfática, ya que tanto en latín (imitari) como en italiano (imitare), lenguas que él conocía, se pronuncian y escriben con una sola m.

Nota 3.

Tomás Morales evoca aquí recuerdos de 1956, año del primer Cursillo. La experiencia le impresionó porque la contó muchas veces a lo largo de su vida. Rovacías era una finca aislada, situada en un altozano cara al mar Cantábrico, a unos dos kilómetros de Comillas, donde los militantes del Hogar del Empleado hacían un Cursillo de siete meses, que se iniciaba con una tanda de ejercicios de mes. El sábado santo, y como fin de la tercera semana de ejercicios, en la que habían meditado en la Pasión, iban a celebrar la Pascua de Resurrección al Colegio Máximo, situado junto a la Universidad de Comillas, donde residían los futuros jesuitas.

Nota 4.

Eran esos momentos en que se estaban desarrollando las sesiones del Concilio, en que aún no se habían editado los documentos oficiales del Concilio Vaticano II, pero se iban publicando opiniones en una línea aperturista sin estar en consonancia con el Magisterio de la Iglesia.